CAPÍTULO 2 #2
—¡Cómo pudo elegir ese vestido tan horripilante!
—Déjala, es su boda —responde Candy, mirando igual de horrorizada el vestido.
Babydoll ha dejado de prestar atención al programa, ahora está centrada en su celular.
Miro la pantalla de mi propio celular con una sonrisa discreta.
Emma
¿Qué te gustaría?
1:11 p.m.
Colin
Sorpréndeme, dulzura.
1:12 p.m.
Emma
Muy bien. Lo intentaré.
1:14 p.m.
Justo en ese momento, recibo la llamada de Foxy. Me disculpo con las chicas y me marcho a mi dormitorio.
—Lovely, querida… ¡Buenas noticias! El señor Larson te quiere esta noche para que le hagas compañía y bailes para él. Así que… me preguntaba si habías pensado en mi oferta…
—Foxy, ¿estás segura de esto?
—Por supuesto, querida. Colin Larson es un hombre muy respetado y prestigioso. No te hará daño, te lo aseguro.
—Pero, Foxy…
Ella me interrumpe de inmediato.
—Es un hombre solitario. Quiere compañía y distracción y confió en mí para eso.
Lo dice como si fueran grandes amigos y como si ella le estuviera haciendo un favor.
—Te prometo que todo saldrá bien, querida.
—De acuerdo.
—¿En serio? —pregunta sorprendida—. ¿De verdad lo harás?
—Sí.
—¡Excelente! Y no te preocupes, ganarás una gran suma de dinero con esto.
—Lo dices como si fuera una prostituta.
No pude evitar decirlo.
—Oh, Dios, ¡no! Solo lo acompañarás y bailarás para él. No habrá nada de sexo, te lo prometo.
Sonrío con burla. Ella puede prometerlo, pero yo no.
—Muy bien. ¿Qué debo hacer? —le pregunto.
—Ponte un vestido corto, pero elegante. El señor Larson quiere que lo acompañes a cenar. Ponte también alguna lencería sensual para que después puedas bailar para él en su casa.
—Bien. ¿A qué hora debo estar lista?
—Boris te recogerá a las ocho en punto de la noche para llevarte al restaurante. Después de eso, el señor Larson te llevará a su casa para que lo acompañes y bailes para él, y cuando él lo decida, su propio chofer te llevará a tu casa.
—¿Boris no me traerá de regreso? —le pregunto sorprendida.
—Boris tiene esta noche muy ajetreada. Tengo varias bailarinas reservadas para shows en distintas zonas de la ciudad y necesito a la mayoría de choferes disponibles; Boris es uno de ellos.
Por suerte, el señor Larson se ofreció a regresarte sana y salva a casa.
Confío en él, así que no debes preocuparte por nada.
—De acuerdo. ¿Algo más que deba saber o hacer?
—Nada en particular. Solo mantenlo contento para seguir obteniendo grandes cantidades de dinero.
—Como digas, Foxy. Hasta luego.
Ella se despide y yo finalizo la llamada. No sé si esto que estoy haciendo esté bien o mal, pero ya no hay marcha atrás.
Boris abre la puerta hacia los asientos traseros del auto y yo le acaricio un brazo con cariño.
—Gracias, Boris.
Él sonríe mientras me ayuda a subir y cierra la puerta.
Boris es un atractivo guardaespaldas y chofer de treinta y ocho años. Es alto, fornido y muy guapo. Su cabello es castaño claro y muy corto, sus ojos son verdes, mantiene una barba de días y sus facciones son muy fuertes.
—¿Cómo va la noche, bombón? —le pregunto.
Él arranca el auto y suspira mientras comienza a conducir.
—¿Qué puedo decirte, muñeca? Foxy me tiene agotado.
—Sí, hoy que me llamó me contó lo de los shows. ¿Cuántos son?
—Como cinco y en distintas zonas de la ciudad. Esta noche quedaré rendido, te lo aseguro.
Me acerco a él desde atrás y le doy un apretón a su fuerte hombro.
—Lo siento mucho.
Él acaricia mi mano con suavidad y se encoge de hombros, restándole importancia.
—Trabajo es trabajo.
—¿Qué tal si vienes mañana a desayunar con las chicas y conmigo? Sabes que nos fascinan tus historias de cuando eras militar. Todo un superhéroe.
Él suelta una risita y asiente.
—Muchas gracias por la invitación, Lovely. Ahí estaré.
Continuamos charlando durante todo el viaje hasta que finalmente nos detenemos frente a un elegante restaurante francés llamado Passion Rouge.
Observo el restaurante desde la ventana del auto. Es un lugar pequeño, discreto y el color rojo está presente en toda la fachada.
Boris se baja del auto, abre mi puerta y me ofrece su mano para que me baje.
Acepto su mano, me bajo del auto y me observo a través de la ventana del vehículo, asegurándome de que mi maquillaje no se haya corrido. Hago un poco de volumen en mi cabello con las manos, permitiendo que este caiga suelto y en bonitas ondas medio definidas.
Bajo la mirada hasta mi vestido de tirantes delgados en color dorado. El escote en uve es un poco pronunciado y mi espalda queda totalmente al descubierto.
Sé que Foxy me pidió que utilizara lencería sexy para bailar, pero estoy segura de que a Colin le gustará mucho más verme bailar con este vestido que deja a la vista mis tonificadas piernas.
Boris me alcanza mi bolsa de mano en color rojo, que hace juego con mis zapatos de tacón en el mismo tono, y me toma de los brazos.
—¿Estarás bien? Esto no debería ser parte de tu trabajo.
Yo respiro profundamente y asiento.
—Estaré bien, lo prometo.
—Llámame si me necesitas. Vendré de inmediato.
Asiento con la cabeza mientras él sube al auto y se marcha.
Yo respiro profundo una vez más y entro al restaurante hasta acercarme a la muchacha de las reservaciones.
—Bonne nuit —saluda ella en un perfecto francés—. ¿Tiene reservación?
—Eh… Larson.
Sin mirar las reservaciones en su computadora, la bonita y elegante muchacha pelirroja me sonríe cordialmente y me conduce a una alejada mesa.
El lugar está decorado de forma elegante en tonos rojos, con mesas separadas, luces tenues y una musiquita de fondo muy tranquila.
En cuanto llegamos a la mesa, Colin, vestido con un elegante traje azul marino, se pone de pie y me sonríe.
—Emma.
Se acerca a mí, coloca una mano sobre mi espalda desnuda y me besa en la mejilla.
—Hola, Colin.
Lo saludo acariciando su pecho.
La muchacha que me guio hasta aquí se marcha, dándonos unos minutos a solas.
—Te ves…
Se queda en silencio mientras me observa de pies a cabeza.
—¿Te sorprendí?
Él sonríe y asiente.
—Más de lo que te imaginas.
Acerca su rostro al mío y me acaricia la espalda.
—Me muero de ganas por arrancarte ese vestido —susurra contra mi oído.
Yo suelto un jadeo mientras él se aparta y corre una silla para que me siente.
—Por favor.
Su galantería me hace sonreír mientras me siento. Él se sienta frente a mí y de inmediato se acerca un mesero.
—Bonne nuit. ¿Les gustaría ver la carta de vinos?
—No —responde Colin—. Traiga una botella de su mejor vino blanco.
El mesero asiente y se marcha mientras Colin me observa de nuevo.
—¿Cómo has estado, Emma?
Yo coloco mis brazos cruzados sobre la mesa para permitirle ver un poco más de mi escote.
Su mirada desciende hasta mis pechos y yo sonrío mientras lo observo llevarse una mano al mentón.
—He estado muy bien, Colin.
Él asiente con la cabeza.
—Sí, ya me doy cuenta.
—¿Y tú? ¿Cómo has estado?
—Con ganas de cogerte duro —responde mientras me mira a los ojos.
Me pongo recta hasta chocar mi espalda con el respaldar de la silla. Su intensidad me deja sin aliento e incluso con miedo. ¿Y si no soy capaz de complacerlo como quiere?
El mesero regresa y sirve una poca cantidad de vino en las copas. Ambos degustamos el vino y Colin me mira expectante.
—¿Te gusta?
Asiento con la cabeza.
—Deje la botella —le dice al mesero.
Éste llena las copas y deja la botella.
—¿Desean ordenar?
Colin asiente mientras ambos hojeamos el menú.
—¿Qué te gustaría? —me pregunta.
—No lo sé, no me decido.
—Entonces yo pediré por los dos —propone.
Yo lo miro y arqueo una ceja.
—Bien, pero yo elegiré el postre —le digo.
Colin sonríe.
—Pensaba que tú serías el postre.
Observo al mesero, quien baja la mirada al suelo mientras sonríe. Regreso la mirada a Colin y lo reprendo con la mirada. Él ríe suavemente.
—De entrada, una ensalada savoyarde y de plato fuerte, pollo a la vasca.
El mesero asiente.
—¿Qué quieres de postre, Emma?
Su pregunta suena desafiante. Seguramente quiere que diga que lo quiero a él, pero no le daré ese gusto. Yo miro al mesero y le sonrío coqueta.
—Crème brûlée estará bien.
El mesero me mira embobado mientras asiente, toma los menús y se marcha.
—¿Te gusta provocarme? —me pregunta Colin, observando con enojo la espalda del mesero.
—Soy una mujer soltera e independiente, puedo hacer lo que quiera.
Colin me mira mientras bebe de su copa.
—No juegues con fuego, Emma. Te quemarás.
Yo tomo mi copa, bebo un poco de vino y saboreo mis labios con la lengua, asegurándome de que Colin no pierda uno solo de mis movimientos.
—Eso no sería tan malo, ¿no lo crees?
Colin está por decir algo cuando el mesero se acerca de nuevo con la ensalada.
—Muchas gracias —le digo al mesero mientras le acaricio el brazo.
El mesero suelta un jadeo mirando mi escote. Colin carraspea y el mesero se marcha luego de una torpe reverencia.
—Eres imposible —murmura él sin poder evitar sonreír.
Yo le guiño un ojo y comenzamos a comer.
—¿Tienes familia? —le pregunto.
Él asiente.
—Mis padres, una rebelde e insoportable hermana menor y mi abuela paterna.
—¿Qué pasa con tu hermana? —le pregunto con burla.
—Bueno… hace poco cumplió diecisiete años. Es una niña insoportable. Le gusta hacernos la vida imposible y llevarnos la contraria.
—Tal vez quiera un poco de atención. A lo mejor, se siente sola.
Colin se encoge de hombros.
—Bueno, esa no es la forma de llamar mi atención.
—¿Y cuál es la forma de llamar tu atención? Me interesa.
—Tú ya tienes toda mi atención, dulzura.
Ambos sonreímos.
—¿Te llevas bien con tu familia?
Se encoge de hombros.