CAPÍTULO 2
Colin coloca sus manos en mi cintura y me pega contra su cuerpo con brusquedad, permitiéndome sentir el delicioso calor que emana de su piel.
—Colin… —susurro—. ¿Por qué?
—Emma, debes saber que siempre obtengo lo que quiero.
—Pero, Foxy…
—Shhh…
Me calla colocando un dedo sobre mis labios.
—Déjame convencerte de detener esto —le suplico.
Él sonríe.
—Déjame convencerte de continuar con esto.
Sonrío sin poder evitarlo mientras él se aparta de mí, me toma de la mano y me guía al sofá para que me siente a su lado.
—Así que compraste mi primer baile de esta noche.
Él bebe su whisky y sonríe.
—Compré todos tus bailes del mes. No estaré en todos, pero no bailarás para nadie más.
Lo miro sorprendida.
—¿Por qué hiciste eso?
Hay enojo en mi pregunta.
—Te quiero solo para mí.
Su respuesta me deja sin palabras por un par de segundos hasta que finalmente reacciono y me levanto preocupada.
—Esto era lo que Foxy quería. Ahora va a intentar sacarte todo el dinero que quiera.
Colin sonríe, me toma de la mano y hala de mí para que me siente sobre sus piernas.
—Ella puede intentar todo lo que quiera, pero soy yo quien decide.
—Pero…
Me silencia acariciando mi espalda.
—No te preocupes —susurra contra mi cuello—. Yo me ocupo de ella.
Colin deposita un suave beso en mi hombro, provocando que me estremezca.
—Tú solo debes pensar en nosotros, en lo que deseamos… en nuestro placer.
—Ni siquiera nos conocemos —murmuro sin convicción.
Se me están acabando las excusas.
—Solo tienes que decir que sí, Emma —susurra contra mi oído—. Déjame demostrarte lo bueno que sería esto.
Me aparto unos centímetros, observándolo detenidamente. Es tan guapo… su cabello, el cual luce un corte muy de moda, es de un tono castaño oscuro; sus cejas son pobladas y definidas, mantiene una barba de días que lo hace lucir muy sexy y su sonrisa muestra unos dientes perfectos.
—¿Por qué yo? —le pregunto con curiosidad—. Hay muchas chicas en el Venus. ¡Hay muchas chicas allá afuera! ¿Por qué yo?
—¿Aceptarías mantener algo casual conmigo a pesar de que soy tu cliente?
Yo medito su pregunta por unos segundos y finalmente asiento.
—Sí, yo… sí.
—¿Has hecho esto con otros clientes?
—No, por supuesto que no.
—Bien, entonces responde tú, ¿por qué? ¿Por qué conmigo sí y con otros no?
Lo miro a los ojos mientras llevo una mano a su pecho, acariciándolo superficialmente.
—Porque, cuando te vi, me sentí completamente atrapada en tu mirada. Sentí que podría decirle que sí a cualquier cosa que me pidieras. Quise… quise ser tuya, pertenecerte y que hicieras conmigo lo que quisieras.
Me mira con deseo.
—Parece que sentimos exactamente lo mismo.
—¿De verdad? —le pregunto dudosa.
Él eleva un poco sus caderas contra mis piernas, dejándome sentir la dureza bajo sus pantalones.
—Que no te quede duda.
Yo suelto un jadeo de sorpresa al sentirlo duro.
—Colin… —susurro contra sus labios.
—Dijiste que dirías que sí a cualquier cosa que te pidiera —repite—. Di que sí a esto. Será algo casual, sin ataduras y podremos terminarlo cuando queramos.
Dios santo… siento que no me queda nada más que decir que…
—Sí… sí.
Entonces Colin me atrae hacia él y me besa. Su barba de días me hace cosquillas en el mentón mientras él introduce su lengua en mi boca, convirtiendo aquel beso en pura pasión y deseo.
Colin me levanta con gran facilidad y me da vuelta para que quede sentada a horcajadas sobre sus piernas y entonces me vuelve a besar.
Yo correspondo cada beso y cada caricia con la misma intensidad mientras mis caderas comienzan a moverse involuntariamente, creando fricción entre mi clítoris y el duro pene de Colin.
—Necesito más de ti, Emma —murmura luego de halar suavemente mi labio inferior.
—También yo, Colin…
Ya he aceptado hacer esto, así que no tiene sentido ocultar lo que deseo.
Coloco las manos sobre su fuerte y musculoso pecho y comienzo a desabotonar lentamente su costosa camisa.
Justo antes de llegar al inicio de sus pantalones, una voz nos interrumpe.
—Lovely, quedan cinco minutos —dice Darling a través del parlante que cuelga en una de las paredes del salón privado.
Colin toma mis manos mientras ambos respiramos con dificultad y me mira.
—Eres la mujer más hermosa y ardiente que he conocido, Emma.
—Lo mismo digo de ti, Colin.
Él sonríe, me besa y luego me ayuda a ponerme de pie.
—Podrías quedarte…
La verdad, no quiero que se vaya.
—Después de todo, compraste todos mis bailes privados. Tengo que tomar descansos entre cada baile para comer algo e hidratarme, pero regresaría pronto.
Él me mira de pies a cabeza con deseos de devorarme. Me encantaría que lo hiciera.
—Ni siquiera pude bailar para ti —le recuerdo.
—Me encantaría quedarme, pero tengo algunas cosas que hacer.
Acaricia mi mejilla con suavidad y sonríe.
—Después bailarás para mí.
Se termina su whisky de un trago, se arregla la camisa y luego saca su celular.
—Agrega tu número a mi celular —me pide.
Yo tomo su celular con manos temblorosas y agrego mi número de contacto poniéndome de nombre “Emma”. Le devuelvo el celular y él asiente.
—Siempre me comunicaré primero contigo, para saber si estás de acuerdo con los planes que haré. Si te parece bien, entonces llamaré a tu jefa y le diré lo que quiero.
—Bien. Pero luego no digas que no te advertí de Foxy. Ella es como una sanguijuela cuando se trata de dinero.
Colin me toma del cuello con suavidad y me besa una última vez.
—Todo está bajo control —murmura, antes de marcharse del salón privado, dejándome con mil dudas, temores y mucha, mucha excitación.
Colin no se apareció en el Venus la noche siguiente, ni la siguiente, ni la siguiente. Ni siquiera vino la noche que me tocó bailar en la tarima. ¿Se había arrepentido?
Él había pagado por todos mis bailes del mes, por lo que tenía que quedarme todas las noches a esperar a que viniera, pero no lo había hecho.
También había pedido mi número, pero nunca me llamó ni me escribió, y a mí nunca se me ocurrió pedir su número. Di por hecho que me contactaría enseguida, pero no lo hizo y ahora me encuentro esperando a que aparezca o a que se comunique conmigo.
Es ridículo. Ni siquiera lo conozco, pero no puedo dejar de pensar en él, en sus besos, sus caricias y sus ardientes palabras.
Una semana después, mientras duermo plácidamente en mi cama, mi celular comienza a sonar. Abro los ojos con enojo y lo tomo.
En la pantalla aparece un número desconocido, así que contesto sin mucho interés.
—¿Hola?
Mi voz suena ronca por haber estado durmiendo.
—Tu voz suena muy sexy en las mañanas.
Me levanto hasta quedar sentada en la cama al escuchar la voz de Colin. Aparto el cabello de mi rostro y me quedo en silencio.
—Emma, háblame.
—Desapareciste por una semana.
Me reprendo a mí misma por decirle eso. No sé cuántas veces me he recordado que ni siquiera nos conocemos, pero aquí estoy, reprochándole no haber sabido de él como si fuéramos una pareja.
—¿Has contado los días?
Parece complacido.
—Claro, es la misma cantidad de días que he tenido que quedarme en el Venus hasta que cierren porque tú pagaste por todos mis bailes del mes y debo esperar hasta que llegues.
—Lo siento, dulzura.
Mi piel se eriza al escucharlo llamarme así.
—Pondré un horario fijo y, si no llego, podrás irte.
—¿Por qué no me habías llamado antes?
Quiero saber si ya se arrepintió de esto que ni siquiera ha comenzado.
—Tuve que salir del país por trabajo.
Nos quedamos en silencio por un par de segundos y luego yo carraspeo.
—Entonces… ¿para qué me llamaste?
—Quería escuchar tu dulce y sexy voz.
No puedo evitar reír suavemente.
—Emma, ¿me extrañaste?
Su voz sale en un murmullo. Yo suspiro suavemente mientras cierro las piernas con fuerza al sentir una punzada de excitación.
—Sería mejor demostrártelo que decírtelo, pero sí, te extrañé.
—Demuéstramelo entonces. Esta noche.
—De acuerdo.
Trato de sonar tranquila y relajada, pero en realidad estoy muy nerviosa.
—Hoy no bailo en la tarima. No creo que Foxy se oponga.
—Llamaré a tu jefa y después te enviaré un mensaje para confirmarte. Ella te dará los detalles.
Él está dando por hecho que Foxy aceptará, pero supongo que sí lo hará, puesto que ella hace cualquier cosa por dinero.
—Está bien. Esperaré tu mensaje.
—Nos vemos, dulzura.
Termina la llamada y yo dejo el celular en mi mesita de noche antes de acostarme boca arriba en la cama.
Una enorme sonrisa se va formando poco a poco en mi rostro hasta convertirse en una risa.
Cubro mi rostro con las sábanas para ahogar la risa mientras cierro los ojos y dejo que el recuerdo de los besos, las caricias y las palabras de Colin me invadan y me llenen de excitación.
—Me volverá loca —aseguro antes de darme vuelta en la cama para tratar de dormir un poco más.
Más tarde ese día, me encuentro sentada en el sofá con Sugar y Candy viendo un programa de futuras novias que van a tiendas en busca de su vestido de novia perfecto.
—¡Qué espanto de vestido! —exclama Sugar—. ¡Parece un pavo real!
—Creo que esa es la idea —murmura Candy.
—¿Verse como un pavo real? —pregunto confundida.
—Claro —asiente ella—. Hay que ser el centro de atención.
—Yo no me pondría ese vestido, ni siquiera si me pagaran por usarlo —dice Babydoll, luego de salir de la cocina con una paleta de chocolate.
Se sienta a nuestro lado y de inmediato Sugar le da un mordisco a su paleta.
—Sí sabes que hay más paletas en el refrigerador, ¿verdad? —le pregunta Babydoll.
—Claro —asiente Sugar—. Pero siempre tiene un sabor distinto lo prohibido.
Todas nos reímos mientras continuamos viendo el programa de las novias.
Justo en ese momento, recibo un mensaje.
Desconocido
Todo listo para esta noche.
1:02 p.m.
Mi corazón se acelera al leer el mensaje. Es Colin. Observo a las chicas, ellas siguen con su atención puesta en el programa, por lo que decido contestarle.
Emma
Foxy no me ha llamado.
1:04 p.m.
En lo que espero a que me responda, guardo su número con el nombre “Colin”.
Colin
Lo hará. No te preocupes.
1:07 p.m.
Aún no he respondido cuando me envía otro mensaje.
Colin
Ponte algo sexy para mí.
1:08 p.m.
—¡Ay, por Dios!
El grito de Sugar me sorprende.