CAPÍTULO 1 #2
Mis labios se abren involuntariamente y suelto un jadeo. Él regresa su mirada a mis ojos mientras yo me sujeto con fuerza de él.
¿Cómo una simple mirada puede debilitar mis piernas de esta forma?
Cuando a lo lejos veo a Big Daddy, uno de los gorilas del Venus, acercarse, lo detengo con un movimiento de mano. Él me mira inseguro y yo, con la poca fuerza que me queda, me aparto del apuesto hombre. Big Daddy asiente y regresa a la entrada del Venus a supervisar todo.
El apuesto caballero no se dio cuenta de que Big Daddy estuvo a punto de venir a separarnos; su mirada sigue fija en mí.
—¿Cómo te llamas? —le pregunto.
Mira mis labios por unos segundos y luego regresa su mirada a mis ojos.
—Colin Larson.
Su voz es grave y masculina. Dios… mi panty se ha humedecido con tan solo escuchar su voz.
—¿Y tú?
Yo sonrío.
—Soy Lovely.
Él niega con la cabeza.
—Tu nombre real.
Sonrío de nuevo mientras niego con la cabeza.
—No puedo decírtelo.
El apuesto Colin sonríe de forma seductora.
—Estoy seguro de que me lo dirás.
Acaricio su pecho suavemente con una mano.
—Tal vez… —le digo antes de apartarme y reanudar mi camino al camerino.
En cuanto llego, cierro la puerta y me dejo caer en un sofá mientras respiro profundamente.
—¿Por qué le dije eso? No puedo decirle mi nombre real. Aunque quisiera no podría… estaría rompiendo las normativas del Venus, mi trabajo estaría en riesgo y…
Me detengo de pronto al darme cuenta de que, aun sabiendo todo el riesgo que correría, no me importaría con tal de escucharlo pronunciar mi nombre real.
—Dios… ¿Qué me pasa?
Una semana después, mientras subo a la tarima para hacer uno de mis bailes, encuentro la ardiente mirada de Colin Larson sobre mí, quemándome, devorándome y deseándome.
Me sujeto de la barra con fuerza mientras comienzo a bailar y realizar mis trucos. Mi mirada se mantiene fija en la suya, seduciéndolo, provocándolo…
Cuando la canción termina, él sonríe de forma sexy, enviando una descarga de excitación por todo mi cuerpo.
—Lovely —llama Darling a través del altavoz.
Yo, terminando de maquillarme frente al espejo del camerino, observo el altavoz con desconcierto.
—Foxy quiere verte.
Sugar, Candy y Babydoll, quienes también están terminando de prepararse, me miran.
—¿Para qué querrá verte? —pregunta Candy con intriga—. No te has metido en problemas, ¿o sí? Con gusto te ayudo a inventar algo.
Yo sonrío.
—Gracias, Candy. Pero no me he metido en problemas, te lo aseguro.
—Será mejor que vayas —dice Babydoll—. Ya sabes cómo se pone, así que no la hagas esperar.
Asiento con la cabeza mientras me acerco a la puerta.
—Lovely —me llama Sugar.
La miro y espero a que hable.
—Buena suerte y que no se te olvide contarnos el chisme.
Sonrío y asiento antes de salir del camerino y subir las escaleras a la segunda planta, donde se encuentran los salones para bailes privados y la oficina de Foxy, quien rara vez sale de ahí.
En cuanto llego a la puerta de su oficina, toco suavemente.
—Adelante.
Abro la puerta encontrándome con la verde mirada de Foxy. Ella es una mujer de cuarenta años, su cabello es de color platino y su físico es espectacular.
Me observa con su mirada calculadora mientras fuma un cigarro a través de una boquilla.
—Buenas noches, Foxy.
Ella asiente y me indica con la mano que me siente. Lo hago y espero a que hable.
—Hace ya varias noches que nos visita un cliente muy importante —comienza ella.
Yo me acomodo en el asiento mientras la escucho hablar.
—No le ha interesado nada, ¿sabes? Bailes privados, estar cerca de la tarima para ver a las bailarinas en la barra, compañía mientras bebe sus tragos… nada.
Asiento con la cabeza sin saber qué tiene eso que ver conmigo.
—Tal parece que él, en realidad, sí está interesado en algo… bueno, mejor dicho, en alguien.
Me señala.
—¿En mí? —pregunto sorprendida—. ¿Quién?
Foxy sonríe.
—Bueno, tú debes de saber quién. Según Big Daddy, chocaste con él hace algunas noches y el encuentro fue algo… intenso.
Al darme cuenta de que habla de Colin Larson, decido hacerme la desinteresada. Foxy no puede enterarse de que me siento atraída por él.
—Oh… ya lo había olvidado. Puede que a Big Daddy le pareciera intenso, pero no lo fue. Solo chocamos y él me sujetó para no caerme. Eso fue todo.
—¿Te dijo su nombre?
Niego con la cabeza mientras trato de no entrar en pánico. Foxy sonríe.
—Bueno, no importa. Yo sé quién es. Lo reconocí de inmediato en cuanto lo vi en las cámaras de seguridad.
—¿De verdad?
Cierro las manos en puños mientras mi corazón se acelera.
—Su nombre es Colin Larson, de Larson Enterprises.
Bueno, su nombre lo sé, pero de las empresas no tengo idea, así que mi cara de desconcierto es real.
—Larson es un apellido muy reconocido en todo el país. La primera empresa Larson la creó el abuelo de Colin. Después, siguió su padre creando un par más. Hace poco, Colin tomó el mando de las empresas y ha creado unas cuantas más.
Asiento con sorpresa.
—Tienen de todo: marketing, publicidad, software… y la lista sigue. Los Larson han creado un imperio y son considerados como una de las familias con más dinero y poder.
—Vaya… eso es sorprendente.
Foxy asiente.
—Y lo mejor de todo, mi querida Lovely, es que él está interesado en ti.
—¿Cómo sabes eso?
—Bueno, después de reconocerlo en las cámaras de seguridad y de que Big Daddy me contara lo de su encuentro, comencé a observarlo las siguientes noches. Después de que chocaron, él solo viene cuando te toca bailar en la barra.
Trago con fuerza…
—No lo había notado —miento.
Foxy sonríe.
—Se sienta en la zona VIP porque tiene una mejor vista de ti a pesar de estar más lejos de la tarima, toma su trago mientras te observa y, cuando terminas de bailar, se va.
—Qué… observadora…
Foxy sonríe de nuevo y asiente.
—Tienes que conquistarlo, Lovely.
—¿Qué? —le pregunto sorprendida.
—Sí, es un hombre multimillonario. Si lo conquistas y haces que pague por tus bailes privados, ganaremos muchísimo dinero. A él le sobra, así que no importa si nos aprovechamos un poco de él.
—Pero, Foxy…
Ella me detiene.
—Solo imagínalo, Lovely. Ganarías muchísimo más dinero. Yo podría ser un poco más flexible y permitirte acompañarlo, visitarlo y hacer tus bailes donde él lo desee.
La miro sin poder creer lo que dice.
—¿Estás hablando en serio?
Ella asiente. Yo niego con la cabeza mientras me pongo de pie.
—Lo siento, Foxy. No puedo hacerlo. No sería honesto. Mi abuela se revolcaría en la tumba si yo hiciera algo así.
Foxy se molesta, pero finalmente asiente.
—No te obligaré a hacerlo, Lovely. Pero piénsalo, ¿sí?
No respondo nada. Solo suspiro mientras me marcho de su oficina.
Dos días después, estoy sentada frente al espejo del camerino terminando de poner un gel hidratante con escarcha en mi cuerpo.
Unos suaves golpes suenan en la puerta, por lo que me levanto confundida a abrir. Nadie suele tocar la puerta, simplemente entran.
En cuanto abro, me quedo sin aliento al encontrar a Colin Larson frente a mí.
Al igual que todas las noches que ha venido, viste un elegante y costoso traje a la medida. Él sonríe de forma sexy mientras me ofrece un pequeño ramo de rosas en tonos rojos y rosados. Yo tomo el ramo y él entra al camerino cerrando la puerta detrás de él.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo te dejaron pasar?
Él observa el lugar con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón.
—Estaba dispuesto a sobornar a cualquiera, pero simplemente me dejaron pasar.
Pongo el ramo de rosas sobre el tocador mientras recuerdo todo lo que Foxy me dijo. A pesar de que le dije que no lo conquistaría para robarle su dinero, ella igual está tratando de acercarlo a mí.
—Gracias por las flores, pero creo que lo mejor es que ya no vengas más al Venus.
Él me mira a los ojos sin ninguna expresión en su rostro.
—¿Por qué no?
—Mi jefa, Foxy, te reconoció. Me dijo quién eras y además dijo que tú parecías interesado en mí. Me pidió que te conquistara para…
—¿Para? —pregunta con seriedad.
Cuando estoy por hablar, me detiene.
—Déjame adivinar, para robarme dinero.
Él se sienta en el sofá, con una sonrisa irónica. Yo me acerco y me arrodillo frente a él.
—Le dije que no lo haría.
Me mira.
—¿Por qué no?
—Porque no tengo la necesidad y tampoco fui educada para robarle a nadie.
Él sonríe mientras toma mi mano. Mi piel se eriza de inmediato.
—Sabía que eras diferente a las demás. Te interesas por mí, no por mi dinero.
Me pongo de mil colores.
—Nunca dije que estuviera interesada en ti.
Él mueve su dedo índice contra la palma de mi mano y yo me estremezco.
—Tú no lo has dicho, pero tu cuerpo sí.