Lovely CAPÍTULO 1
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Lovely

Lovely

Por Ariangeles Ediciones

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CAPÍTULO 1

El despertador suena a las diez en punto de la mañana. Abro mis ojos a la fuerza y salgo de la cama antes de arrepentirme y regresar a las suaves sábanas a dormir un par de horas más.

Bostezo mientras arreglo la cama y luego abro las cortinas, dejando que la luz del día ilumine mi habitación.

Miro horrorizada el desorden a mi alrededor sin poder creer que sea mi dormitorio y me obligo a hacer una nota mental de limpiar este desastre cuando regrese del ensayo.

Entro a mi vestidor, busco un conjunto de ropa deportiva y me dirijo al cuarto de baño para lavar mi cara, cepillar mis dientes y cambiarme.

En cuanto salgo de mi dormitorio, me encuentro con mis tres compañeras de casa y de trabajo sentadas a la mesa concentradas en sus celulares mientras beben un licuado verde.

—Buenos días —las saludo.

—Buenos días —responden al mismo tiempo.

Babydoll señala con la barbilla el licuado que me espera frente a una silla vacía.

—Aquí está tu licuado.

Ella, con veintiséis años, es la mayor de todas. Es una chica seria, fuerte, centrada y muy trabajadora.

Le agradezco antes de sentarme junto a ellas y tomar mi licuado.

Llevo algunos años viviendo aquí con ellas y ahora todas somos como hermanas. Nos cuidamos y apoyamos en todo.

—¿No podríamos pasar los ensayos para la tarde? —pregunta Sugar con un bostezo.

Con veintitrés años, ella es la menor. Es segura de sí misma, divertida y muy extrovertida.

Candy, con veinticuatro años, alegre, bondadosa y causante de muchos problemas, asiente soltando un largo suspiro.

—Apoyo a Sugar. De no ser por nuestro único día libre, trabajamos todas las noches, salimos muy tarde del Venus y aun así debemos levantarnos muy temprano para ensayar. Vamos a subir a la tarima con ojos de mapache por falta de dormir.

Sonrío y asiento con la cabeza, pues estoy de acuerdo con ellas.

Yo, con veinticinco años, soy una chica tranquila, a veces un poco solitaria, pero muy amorosa con todos aquellos que se ganan mi confianza.

—Deberíamos hablar con Foxy y pedirle que nos ponga los horarios de ensayo a una hora más adecuada —les digo.

Babydoll asiente.

—Hablemos con ella en la próxima reunión. Nosotras cuatro somos la principal fuente de ingresos del Venus, no podrá decirnos que no.

Asentimos y, luego de acabarnos el licuado, nos vamos al Venus a ensayar por algunas horas nuestras rutinas grupales e individuales.

Cuando finalmente regresamos a casa, arreglo mi habitación y me desplomo en la cama con cansancio mientras me permito dormir un par de horas.

Ya tarde en la noche, me miro en el espejo del camerino que comparto con Candy, Sugar y Babydoll.

El Venus Pole Dance es un lugar enorme, con salones privados para bailes, una gran estancia para ensayar, camerinos divididos en grupos de chicas, una gran tarima con barras para pole dance, una larga barra de bar con sillas y taburetes altos, y elegantes mesas con asientos de terciopelo en el segundo piso para clientes VIP.

Todo el lugar está decorado con figuras y luces en tonos neón.

—Lovely, sales en cinco minutos —dice Darling a través del altavoz.

Ella es la encargada de decidir qué bailarina o qué grupo de bailarinas saldrá primero a la tarima, cuando se ha acabado el tiempo en los salones privados y demás.

Me aseguro de que mi castaña melena larga esté perfectamente recogida en una coleta alta y desciendo mis ojos color gris a través del espejo mientras observo mi atuendo. Este consiste en un top de tirantes gruesos, un short muy corto y alto hasta el ombligo, y unos zapatos de stripper.

Cuando Darling dice que ya es hora de presentarme, salgo del camerino y espero cerca de las escaleras de la tarima a que la bailarina termine su baile y se marche.

—¡Bueno, bueno! —exclama Cowboy desde la tarima.

Él es un apuesto hombre de treinta años que viste cada noche con tan solo unos pantalones, botas y un sombrero de vaquero. Cowboy es el presentador y animador del Venus Pole Dance. Todos lo aman.

—Creo haber escuchado algo como… Love…

Los clientes silban, aplauden y gritan emocionados.

Yo no puedo evitar sonreír mientras observo a Cowboy animando a los clientes. Él me mira desde la tarima y sonríe de forma sexy mientras me guiña un ojo.

—¡Ya no los haré esperar más! —le dice al público—. Lovely, ¡sube aquí!

Subo las escaleras mientras todos gritan y aplauden encantados. Yo sonrío mientras me acerco a Cowboy, quien me rodea la cintura con un brazo y observa a mujeres y hombres mientras arquea una ceja.

—Todos han de estar envidiándome en este momento —murmura él a través del micrófono—. Tengo en mis brazos a una de las cuatro joyas del Venus Pole Dance.

Sonrío mirando a Cowboy. Fue él quien nos nombró así a Sugar, Babydoll, Candy y a mí luego de que nosotras hiciéramos nuestro primer baile como grupo y enseguida todos nuestros bailes privados del mes se reservaran.

—Lovely, cariño, belleza, diosa majestuosa…

El público se ríe y vitorea a Cowboy. Yo lo miro, esperando a que hable.

—¿Le dirías algunas palabras a tu público?

Me ofrece el micrófono mientras hace una exagerada reverencia.

Tomo el micrófono y humedezco mis labios con mi lengua antes de acercarlo a mis labios.

El lugar se queda en silencio a la espera de que yo diga algo. Recorro el lugar con la mirada, observando a todos los que están sentados a la barra del bar y a los que están en la zona VIP.

Mi mirada se queda clavada en un par de ojos color verde. Observo al apuesto hombre sentado en una mesa en la zona VIP. Él me mira con intensidad, provocando que mi piel se erice.

Aparto la mirada tratando de ocultar lo que esos ojos verdes me han provocado y observo a todos los demás.

—Es un placer bailar para ustedes esta noche —digo al micrófono, antes de devolvérselo a Cowboy y posicionarme cerca de la barra principal.

Todos aplauden emocionados y excitados tanto por mi voz como por el baile que estoy por realizar.

Me permito observar al apuesto caballero una vez más. Él bebe whisky de su vaso sin apartar su mirada de mí. Es ardiente. Me pregunto si ha mirado a todas las chicas de la misma manera.

—¡Con ustedes, Lovely!

El lugar se queda en silencio mientras una sensual y lenta canción comienza a sonar.

Me sujeto de la barra con una mano y comienzo a menear mis caderas de un lado hacia otro. Camino alrededor de la barra sin soltarla, me inclino hacia atrás y comienzo a girar.

El público grita encantado mientras yo subo por la barra realizando cada uno de mis trucos sin dejar de girar.

De pronto, bajo de la barra, me coloco detrás de ella y muevo mis caderas. Mis ojos se clavan en la mirada del atractivo hombre. Él me mira de una manera tan intensa que me hace estremecer.

Sin soltar la barra, me inclino hacia atrás, mostrándole a todos mi flexibilidad cuando bajo casi hasta el suelo y vuelvo a subir sin ninguna dificultad.

Doy un giro y quedo delante de la barra. Me recuesto en ella y subo un brazo mientras me deslizo hacia abajo con las piernas abiertas. El atractivo hombre observa con deleite cada uno de mis movimientos.

Yo lo miro, lo incito, lo provoco… su mirada se oscurece mientras yo regreso a mi posición en la barra justo cuando la canción termina.

Dos días después, camino cerca de la barra del bar mientras una chica hace su baile en la tarima.

Esta noche no tengo que bailar en la tarima, pero sí tengo un par de bailes privados, así que mientras espero a que sea la hora de realizarlos, camino por el lugar observando a todos.

En mi interior, sé lo que estoy haciendo. Trato de encontrar al dueño de la profunda mirada verde.

Después de aquella noche, no regresó más. Solo han pasado dos días, pero tal vez no le gustó el Venus o… tal vez no le gusté yo, lo que no debería importarme. No puedo tener nada personal con los clientes.

—¡Lovely! —me llama Sugar cerca de la barra—. Ven a probar estos tragos que Loverboy ha creado.

Me acerco a la barra y Loverboy me ofrece un trago. Lo pruebo y asiento ante el sabor dulce de la bebida.

—¡Es deliciosa!

Él, conocido por ser uno de los mejores bármanes de la ciudad, sonríe orgulloso por su exitosa bebida.

—Me honras, querida Lovely.

Sonrío ante la caballerosidad de Loverboy y luego miro a Sugar.

—¿Hoy no bailas en la tarima?

Sugar niega con la cabeza mientras frunce el ceño.

—Darling cambió completamente los días y horarios de mis bailes, así que estoy hecha bolas. Llegué temprano porque pensé que hoy bailaba en la tarima. Pero no, hoy solo tengo tres bailes privados.

Guarda silencio unos segundos, se encoge de hombros y finalmente suspira.

—Prefiero bailar en la tarima, pero no me molesta ganar una buena cantidad de dinero solo por hacer tres bailes de media hora cada uno.

Yo sonrío ante su resignación mientras le palmeo suavemente la espalda.

—No te preocupes, a mí también me cambió los horarios.

Ambas nos miramos y luego nos echamos a reír.

—Acéptalo, Lovely. A veces, Darling es un dolor en el culo. Nos mueve a su antojo solo porque es la sobrina lejana de Foxy. Pero somos nosotras las que generamos dinero.

Loverboy carraspea mientras arquea una ceja.

—Y tus increíbles bebidas, por supuesto.

Él sonríe ante las palabras de Sugar y luego se aleja a atender a los clientes.

—Foxy es una mujer muy ocupada —le digo a Sugar—. Darling solo quiere que el negocio de su tía lejana no se vaya al diablo. No es tan mala.

Sugar me mira con enojo.

—Pero sí, es un dolor en el culo —le digo.

Ella se ríe sin poder evitarlo.

—Mi primer baile privado está por comenzar, así que iré al camerino a arreglarme un poco.

Sugar asiente con la cabeza mientras continúa degustando las bebidas de Loverboy.

Camino entre la multitud abriéndome paso hacia el camerino cuando choco con fuerza contra el pecho de un hombre. Me tambaleo y estoy a punto de caerme cuando el mismo hombre me sujeta con fuerza de la cintura y me pega contra su pecho.

Levanto el rostro encontrándome con la profunda mirada verde del hombre del otro día. Él me mira a los ojos por largos segundos y luego desciende con la mirada hasta mis labios.