Capítulo treinta y seis #2
Veo cómo los doce empiezan a moverse al unísono, combinando su magia como un mismo círculo.
Noto cómo se activa su magia, y actúo sin ni siquiera pensarlo.
No lanzo un hechizo… hago lo que sé que inmovilizará más rápido a las doce figuras.
Corro hacia Jonathan, que es el que tengo más cerca.
Se gira justo cuando me lanzo contra él y lo derribo.
Le sujeto con una mano la cara y con la otra la muñeca de la varita.
Empujo mi magia dentro de él, hacia las doce figuras asesinas, y lanzo un hechizo protector, usando la magia del círculo desvinculado para reforzar la mía y la de Nightly, y formar un escudo mágico alrededor de Jules y su madre.
Veo la cúpula que los rodea, y cuando siento que es sólida, desvío mi atención.
Canalizo mi magia a través de Jonathan y la dirijo por el vínculo que lo une al resto de brujas y brujos de magia maligna, anclando a cada uno al lugar donde se encuentra.
Luego suelto y observo cómo las doce figuras sucumben a la maldición de mi magia, y caen al suelo en distintos estados de desmayo, debilidad y malestar.
Veo a Geoffrey retroceder e internarse en el pequeño bosque que rodea el crómlech.
Aún no forma parte del círculo, y con Demelza a salvo tras la cúpula protectora, no me cabe duda de que está huyendo.
Me detengo un momento… y entonces vomito.
Noto la cabeza a punto de estallar y me invade el agotamiento.
Parece que mi magia rechaza por completo la magia maligna; nunca me había alegrado tanto de encontrarme tan mal.
Me obligo a incorporarme y, tambaleándome, avanzo como puedo hacia Nightly.
La cúpula de protección se mantiene firme y me impide llegar hasta él.
Lo veo desatar a su madre del poste: ella se desmorona hacia delante y cae en los brazos de su hijo, que la sujeta con fuerza.
Percibo la magia de la barrera y trato de desactivarla, pero justo cuando empiezo a lograrlo, Demelza Nightly grita mi nombre y alza su varita: lanza algo contra mí.
Su hechizo impacta en la cúpula… en el instante en que alguien me agarra por detrás.
Geoffrey Knott lanza un lazo de magia que me deja los brazos pegados al pecho y maniatada.
Me empuja contra el borde de la cúpula protectora.
Noto lo sólida y fría que es cuando mi cara se estrella contra ella.
Se coloca a mi espalda y me rodea el cuello con sus dedos enguantados.
El impacto es brutal, el dolor insoportable.
Intento movilizar una mano para soltarme, pero no puedo.
—Brujita estúpida —escupe al oído mientras grito—. Lo sé todo sobre ti, sobre tus poderes. Russo y Platz han estado compartiéndolo todo con el Círculo de los Misterios para que pudiéramos ayudarles a entenderte… y creo que yo ya lo he hecho.
Nightly golpea desde dentro de la cúpula; noto cómo tira de mi magia mientras lanza un hechizo tras otro contra la barrera.
—Jonathan confiaba en que, con el tiempo, lograría convencerte para que te unieras a nosotros —susurra Geoffrey con tono meloso—.
Tal vez incluso quisieras formar tu propio círculo de trece.
Tu magia es espectacular, y con ella podríamos terminar lo que empezaron los valientes seres mágicos de la Gran Guerra de la Brujería.
Ellos sabían cómo debía ser el mundo: con las brujas y brujos en el lugar que les corresponde, dominando todo con su magia.
Me aprieta con más fuerza la garganta. Los pulmones me arden y noto cómo mi magia lucha para salir a flote.
—Wycherley, no tienes ni idea de lo extraordinario que es tu poder.
Te van a utilizar. El Real Consejo Mágico, la Corona…
todos usarán tu magia contra nosotros y contra quienes luchamos por el dominio de la magia.
«Por el reino, pero no por la magia», así hemos vivido durante demasiado tiempo.
Lo siento, pero ha llegado el momento de que sea la magia quien gane.
No aparto los ojos de Jules. Sigue intentando derribar la cúpula.
Siento que el aire se me escapa de los pulmones.
«Te quiero», intento decir, y envío ese pensamiento a través del vínculo que se apaga entre nosotros.
El único nudo de magia que nos une está a punto de soltarse, de romper la conexión y devolverle su magia antes de que yo muera.
Dentro de la cúpula, Jules grita y desata nuestra magia.
Siento cómo la barrera se derrumba justo cuando el mundo se apaga, y lo último que veo es a Nightly corriendo hacia mí…
y a su madre, detrás de él, lanzando un hechizo que sobrevuela su hombro.
Siento cómo el conjuro retumba a mi alrededor justo en el momento en que caigo al suelo.
La tierra está tibia y blanda, cubierta de verde hierba nueva.
A mi alrededor florecen campanillas blancas y lirios morados, mientras aspiro con dificultad una bocanada de aire.
Nightly me toma en sus brazos, me aprieta contra él y aparta con cuidado el pelo de mi cara.
—Respira, Aurelia… sólo respira —me pide.
Levanto la mirada y veo a Demelza de pie detrás de él, mirándolo con horror. Giro la cabeza y descubro a Geoffrey, tendido junto a mí en el suelo. Muerto.
—¿Qué he hecho? —grita Demelza. Se deja caer sobre él, le agarra los hombros y lo sacude, intentando que reaccione.
—Lo que tenías que hacer —responde una voz familiar.
Veo a mi madre y a Frances irrumpir en el claro, seguidas por un círculo de brujas y brujos vestidos de negro.
—Está muerto —afirma Demelza—. Nell, yo no… no tenía idea de que él… Confiaba en él… Y él… iba a matarla y yo… no podía permitirlo.
—Ve… ve con tu madre —le pido a Nightly, con la voz ronca.
Mi madre baja de su escoba y me recoge en brazos. Me examina, me abraza fuerte.
Veo que Nightly hace lo mismo con Demelza. Ella llora, lo abraza, le da las gracias… y luego me mira como nunca lo ha hecho antes. Me deja desconcertada.
Frances nos abraza a mi madre y a mí, y nos aprieta con fuerza mientras observamos cómo se llevan al círculo de desvinculados. Se inclina hacia mí y me susurra al oído:
—¡Ese hechizo con el que has detenido el tiempo en la Academia ha sido impresionante! Hasta ahora, sólo los conocía por las leyendas.
Noto por la voz que me está sonriendo.
—Tienes mucho que contarnos —dice mi madre al separarse un poco—, pero eso puede esperar. Voy a hacer que alguien os lleve a ti y a Nightly al palacio mientras ponemos un poco de orden aquí.
Me da un último abrazo, y me besa la coronilla, antes de irse con Frances a ayudar al resto de los miembros del Círculo de la Justicia a reunir a los seres mágicos malignos y escoltarlos bien lejos.
Yo me quedo al margen de todo, tratando de asimilar lo que acaba de suceder.
Me arde la garganta y las piernas aún me tiemblan un poco.
Me siento bajo un cerezo cubierto de flores de primavera y respiro su fragancia dulce, con la espalda apoyada en el tronco.
Un par de seres mágicos pasa por delante de mí, escoltando a Kit Thorne.
—Aurelia, yo no quería. Mi padre… me obligó a hacerlo. Díselo. Diles que soy inocente. No quiero arder en la hoguera.
Se lanza hacia mí, me agarra del brazo y me transmite su magia con desesperación; es una magia densa y opresiva, y de forma instintiva mi varita de pulsera aparece en mis manos.
Le lanzo un hechizo de congelación. Se queda paralizado, pero sus ojos siguen clavados en mí.
Me giro a la vez que lo apartan y se lo llevan.
Tengo náuseas, y no sólo por la magia que hemos hecho, sino también por la idea de que Kit, Jonathan y todo el círculo de desvinculados ardan en la hoguera por traición mágica.
Sé que esta noche Nightly y yo hemos salvado a su madre, pero también sé que hemos perdido.
El método para conservar la magia sin vínculo es abominable, y yo jamás lo usaría.
Y no sólo eso: la advertencia de Heston cobra todo su sentido ahora.
Esta noche he visto la magia maligna en acción…
y me ha dejado temblando hasta los huesos.