Capítulo treinta y cinco #3
—Hemos comprobado que la magia de Wycherley se mantiene fuerte cuando está conectada a la persona con la que realiza el hechizo. Pero en cuanto se rompe esa conexión, la maldición se activa, casi como si castigara a quien ha compartido su magia con ella.
Pienso en Heston y en la maldición que lanzó sobre Mathilde por amar a otro. Y ahora creo que empiezo a entender el verdadero propósito de aquella maldición.
Platz prosigue:
—Sin embargo, creemos que si Wycherley y Nightly forjan un vínculo —uno temporal, cabe decir, un sencillo nudo de magia—, la maldición no actuará. Nightly no sufrirá ningún efecto secundario, porque el vínculo no se habrá roto.
—Pero ¿y si actúa? —cuestiona Carmen Torres.
—Entonces cancelaremos su permiso para conservar la magia.
Mi madre pasa la mirada por la fila de miembros del consejo; todos asienten.
—Muy bien —accede—. Veremos si de verdad funciona.
Russo y Platz se acercan a Nightly y a mí.
—¿Sabéis lo que está a punto de pasar?
Asentimos los dos.
—Wycherley, ésta es tu última oportunidad de conservar tu magia. Nightly, ésta es la única oportunidad que tendrás de quedarte con Aurelia. Así que os aconsejo a los dos que lo deis todo en este pequeño acto de magia —nos recomienda Russo.
—Wycherley, Nightly, levantad las manos en las que lleváis la varita, por favor —ordena Platz.
Obedezco, y veo cómo el cordel de vinculación que rodea mi varita de pulsera empieza a desenredarse.
Se alarga, fino como un hilo, hasta que apenas puedo distinguir su brillo.
El de Nightly hace lo mismo. Platz toma ambos extremos de los cordeles y los ata en un único nudo.
En cuanto lo aprieta, los dos soltamos una exclamación.
Siento la magia de Nightly fluyendo hacia mí, y ni siquiera nos estamos tocando.
Cierro los ojos, abrumada por el placer de esa sensación: su magia me cala hasta los huesos. Cuánto la había echado de menos. Me llena por completo. Sé que, si lo miro ahora, no podré resistirme a tocarlo.
—Wycherley, ve a colocarte junto a la entrada sur; Nightly, tú posiciónate en la norte.
Y cuando estéis en vuestros puestos, unid vuestra magia y haced que esas rosas vuelvan a florecer.
Echo de menos verlas alegrando la Academia…
y, además, me sentía mucho más seguro cuando protegían esa puerta —dice Platz.
Camino hacia la entrada sur de la Academia y, antes de llegar, me giro para mirar a Nightly.
Se aparta el cabello del rostro, con la varita en la mano, y toma su posición.
En perfecta sincronía, ejecutamos la secuencia del primer hechizo que lanzamos juntos.
Se me escapa una sonrisa cuando noto cómo nuestras magias se entrelazan aún más; al ver que las rosas vuelven a brotar, más grandes, más brillantes, más fuertes que antes.
Cuando la puerta queda cubierta de flores, retiro mi magia.
Nightly se mantiene en pie. No se desmaya, no tiene arcadas, no se lleva las manos a la cabeza ni al estómago.
En lugar de eso, me sonríe. Y en ese instante, daría lo que fuera por que estuviéramos a solas.
—¿Lo veis? —exclama Russo, con voz triunfal—.
Una vez vinculada, la magia de Wycherley no provoca efectos negativos, ya sea sobre una sola figura mágica, un círculo entero o todo un batallón.
Potenciará la magia de cualquiera con quien se vincule, sin causar daño alguno.
Solicitamos que se le permita buscar una pareja mágica adecuada.
—¿Pareja adecuada? ¿Y yo qué? —se lamenta Nightly.
—¿No ibas a vincularte con Crenshaw? Además, no creo que tu madre apruebe ninguna otra unión —responde Russo.
Pienso en Demelza Nightly, y entonces me acuerdo de que Geoffrey Knott estaba con Kit Thorne y Jonathan… y siento de nuevo esa punzada de miedo, como si la magia intentara advertirme.
«Si va a haber otro asesinato, ocurrirá hoy o mañana, marcando el sabbat». La voz de Demelza Nightly resuena en mi cabeza, y de pronto me viene a la mente la historia del brujo sin vínculo… no la de Heston, sino la versión del libro de cuentos mágicos que había en el hechizorio de mi padre.
Una angustia sorda me invade cuando las últimas piezas del rompecabezas encajan de golpe en mi cabeza.
Empujo mi magia de vuelta a través del vínculo invisible, hacia Nightly.
Él responde, sabiendo que ha llegado el momento de usar la runa Golowhe.
Con las varitas en la mano, nos movemos al unísono, ignorando los gritos del consejo.
Como no interrumpimos nuestro hechizo, Russo lanza un hechizo de atadura, pero ya es tarde.
Nuestro conjuro se ha completado, Kosoleth se ha integrado en la secuencia, y el mundo se ha detenido a nuestro alrededor.
Corro hacia él, y él hacia mí, y frente al rosal nuestros cuerpos se encuentran. Lo abrazo tan fuerte que siento que ya no somos dos. Sus labios buscan los míos, y mis manos se enredan en su pelo mientras le entrego todo lo que soy: toda mi magia, todo mi amor, todo de mí.
—No vuelvas a alejarte de mí —le susurro.
—Tus deseos son órdenes —murmura él, sin apartarse de mis labios.