Los Wycherley (Los Wycherley 1) Capítulo treinta y cinco
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Capítulo treinta y cinco

Treinta y cinco

E sa noche duermo intranquila. Afuera ruge un viento feroz, que aúlla alrededor de la casa y hace vibrar los cristales de las ventanas. Sueño que estoy de pie ante la puerta de la llama negra. Las rosas han desaparecido. La puerta está abierta. Oigo las voces susurrantes que me llaman:

—Entra, pequeña bruja, prometemos no arrancarte la magia. Prometemos no matarte.

Mienten, pero aun así cruzo la puerta hacia el bosque y echo a correr en dirección al crómlech. Cuando llego, Nightly está de pie en el umbral.

—Lo siento, Aurelia —murmura con una voz similar a la de los seres del bosque, y me cierra la puerta en las narices.

Golpeo la madera con los puños, luego lanzo contra la puerta un hechizo tras otro, porque se me acerca por la espalda la criatura de humo, con garras y astas, dispuesta a reclamar mi magia. Dispuesta a reclamarme a mí.

Despierto con un grito, y aunque sé que sólo ha sido una pesadilla, no consigo volver a dormirme. El sueño sigue tan presente que parece real, y fuera el viento sopla con más fuerza.

Me siento junto a la ventana y descorro las cortinas de un tirón. El cielo está cuajado de estrellas, y los misterios del mundo revolotean al compás del viento.

Alargo la mano hacia el grimorio de mi padre y luego cojo un montón de hojas en blanco.

Al rozar con la mano la cartera de documentos, el recuerdo de aquella rosa que Nightly y yo creamos juntos con nuestra magia me atraviesa el pecho como una espina. Abro enseguida el grimorio de mi padre y me sumerjo en la investigación.

Mi padre y Jonathan investigaban los antiguos crómlechs y las energías de las líneas ley para el Círculo de la Curiosidad cuando se toparon con las runas Golowhe, igual que nos pasó a Nightly y a mí.

Pensar que ambos descubrimos la misma magia perdida me parece algo especial, y casi puedo oírlo decir: «Las casualidades no existen; es la magia dándote un empujón para que sigas adelante». Y eso hago.

Miro la única rosa que queda en el jarrón y parpadeo, intentando averiguar cuánto tiempo llevo aquí sentada.

El pequeño capullo perfecto reluce a la luz del sol de media mañana, que entra sesgada por la ventana.

Es la víspera de Ostara; mañana será mi último día como bruja, como parte de la comunidad mágica, antes de que me expulsen y me prohíban realizar hasta el más sencillo de los hechizos.

Oigo que llaman a la puerta y me asomo por la ventana…

para ver a la última persona que me esperaba.

Demelza Nightly se sujeta la capa con fuerza, intentando mantenerla bajo control mientras el viento se la enreda con furia.

Me pongo la bata a toda prisa y salgo de puntillas.

No necesito bajar las escaleras para oír la conversación que tiene lugar en el vestíbulo.

—… sabes que no hay nada que yo pueda hacer al respecto. El Círculo de la Sabiduría tiene jurisdicción en este caso; Su Majestad les ha confiado la gestión del asunto —la voz de mi madre suena firme y tajante.

Oigo a Demelza gruñir.

—Está bien. En cuanto al otro asunto, he autorizado a dos batallones de brujas de mi círculo para que se sumen a vuestros planes de patrullar los principales enclaves mágicos.

Tiene sentido pensar que, si va a producirse otro asesinato, será hoy o mañana, coincidiendo con el sabbat.

Sin duda habréis recibido la misma información que nos ha llegado a nosotros sobre la protesta que está organizando El Nuevo Amanecer.

Como ya hicieron en Mabon, creemos que se valdrán del caos para pasar desapercibidos, elegir a un ser mágico y asesinarlo.

—¿Alguna idea de dónde? ¿O de quién podría ser el objetivo? —pregunta mi madre—. Preferiría que uniéramos nuestras fuerzas, si es posible.

—Como en los demás casos, sospecho que actuarán aprovechando la ocasión.

Hay demasiadas variables, pero suelen dejar los cuerpos en lugares de interés mágico, así que aconsejaría que quienes patrullen estén especialmente alerta en sitios como el palacio de Carlton, la Academia… tal vez incluso en antiguos crómlechs.

—¿Antiguos crómlechs? —interviene Frances.

—Sí, se ha descubierto que cinco de los once asesinatos ocurrieron en lugares donde antiguamente hubo un crómlech, antes de que fueran destruidos durante los tiempos de la quema.

Aquí —oigo el susurro de unos papeles—. Aquí tengo una lista con todos los emplazamientos conocidos y los dos crómlechs activos que hay en Londres.

No hace falta que os recuerde el nivel de confidencialidad de esta información.

Ambos lugares siguen en uso constante por parte de la comunidad mágica…

así que os corresponde decidir cómo desplegar los recursos.

—¿Y qué hay de mi teoría? —pregunta Frances.

—No le vemos ninguna base. ¿Qué ganaría un ser mágico matando a otro? No, estos asesinatos son obra de El Nuevo Amanecer. Apostaría mi magia a que es así.

—Te agradezco que nos hayas informado, Demelza. Y enhorabuena por vuestro reciente anuncio —añade mi madre.

Me quedo paralizada. Oírla felicitar con tanta naturalidad la unión de Nightly y Crenshaw me duele más de lo que querría reconocer.

—Sí, una pareja mágica de lo más adecuada. Sebastian Crenshaw proviene de una familia respetable y su magia es fuerte y pura. Estoy segura de que a Jules le irá muy bien con él.

Noto la autocomplacencia en la voz de Demelza mientras me desacredita —a mí, a mi magia y a mi valía— sin siquiera pronunciar mi nombre.

Vuelvo a mi habitación. Dos crómlechs activos en Londres. Paso las hojas de mis notas. Después de descubrir el de Neoards, Nightly y yo nos lanzamos a investigarlos a fondo.

Mis ojos recorren mi letra familiar: «En el apogeo de la magia de los crómlechs hubo más de mil en el reino, cada uno situado sobre una línea ley de magia salvaje.

Tras los tiempos de la quema, y antes del estallido de la Gran Guerra de la Brujería, su número descendió a apenas un puñado.

Muchos se han perdido, y hoy sólo unos pocos siguen canalizando la magia salvaje sobre la que fueron construidos».

En mis notas no hay ninguna mención a crómlechs activos en Londres, y estoy segura de que lo habría recordado si aparecieran en el material original.

Entonces me acuerdo de los mapas que hay al final del grimorio de mi padre.

Ayer eché un vistazo a algunos, pero ahora los examino con detenimiento, uno por uno.

En cada uno están marcadas las líneas ley: algunos mapas muestran zonas geográficas pequeñas, otros pueblos, condados…

incluso regiones enteras del país. Luego despliego uno de Londres y lo extiendo con cuidado.

Paso el dedo por la línea dorada dibujada en el mapa.

Un leve escalofrío me recorre al darme cuenta de que en ella están señalados varios antiguos crómlechs ya perdidos y olvidados; mi padre ya iba un paso por delante.

La línea empieza en los Jardines de la Temporada, y casi me doy una bofetada por no haberlo pensado antes.

La isla en el centro del lago está fuera de los límites, y todo el mundo cree que en ella hay un crómlech que da su magia a los jardines.

Sigo la línea con el dedo y voy descubriendo varias cruces a lo largo del trazado; junto a ellas, con la letra de mi padre, se lee: «antiguo crómlech».

Uno de los puntos es el callejón que hay detrás de la librería de Mason.

Más adelante, veo que nuestra casa también está sobre esa línea ley.

Es antigua, aunque posterior a la destrucción de los crómlechs, así que podría haberse construido justo encima de uno.

La línea termina en un punto sin marcar del sureste de la ciudad mágica, donde hay un signo de interrogación y, al lado, la letra desordenada de mi padre: «¿La Academia?».

Recuerdo que mamá me contó una vez que la ubicación exacta del interior de la Academia era un secreto que sólo conoce el Real Consejo Mágico… y, por lo que parece, también Demelza Nightly, a juzgar por lo que ha soltado antes.

Copio el mapa en una hoja nueva y empiezo a completarlo.

Marco los lugares donde asesinaron a las once víctimas, escribo sus nombres al lado y dibujo las runas perdidas que se encontraron en cada caso.

Todas fueron asesinadas en puntos situados sobre la línea ley; los únicos lugares en los que no se ha cometido ningún asesinato son la Academia y los Jardines de la Temporada.

Empiezo a anotar todos mis pensamientos desordenados: seres mágicos asesinados, líneas ley, magia antigua, runas perdidas y brujas y brujos sin vínculo pero que tienen magia.

Todo está aquí... pero no consigo ver las conexiones.

Nunca he necesitado tanto a Nightly. Necesito hablar con él, intercambiar ideas, contrastar nuestras intuiciones.

Nuestras mentes, al igual que nuestras magias, funcionan mejor juntas.

Llaman a la puerta y doy un respingo.

—Un momento —digo, mientras doblo el mapa de mi padre y lo dejo en su sitio. Luego cruzo la habitación y abro la puerta.

—Perdona, pero el carruaje ya está aquí —avisa Jackson.

—Ahora me pongo la capa y bajo —respondo, y cierro la puerta. Meto el mapa que acabo de trazar en la cartera de documentos y me la guardo en el bolsillo interior de la capa.

Entonces oigo unos golpecitos en la ventana y me vuelvo, pensando que será el viento. Pero no: es Ankoth, impaciente por salir. Me acerco.

—¿Segura? Menudo vendaval hay ahí fuera.

La escoba golpea el cristal de nuevo, y abro la ventana. Ankoth se lanza al viento con decisión, pero sé que volverá.

Jackson sigue esperando cuando abro la puerta. La sigo escaleras abajo y salimos de casa, encogiéndonos contra el viento mientras nos dirigimos al carruaje.