Capítulo treinta y cuatro
Treinta y cuatro
N o lloro, aunque tengo unas ganas terribles. Vaughn me observa, esperando a que me desmorone.
—En realidad, es un alivio —confieso, y la voz sólo me tiembla un poco—. Yo misma le pedí que buscara pareja... alguien con quien no acabara necesitando un sanador tras cada hechizo.
Doblo el periódico y se lo tiendo a Vaughn.
Recuerdo lo que le escribí a Nightly en Imbolc y, pese a aquellas palabras, sé que nunca podré estar con él.
No si ha forjado un vínculo con Sebastian.
Tendré que verlos lanzar hechizos juntos cuando yo ya no tenga magia.
Y siempre estaré pensando en cómo era, en lo que sentía cuando estábamos juntos.
Ya no habrá más magia. Ni más besos. Nunca más.
—Voy a lanzarles un hechizo a los dos —escupe Vaughn.
Desde que vi dentro de la mente de Demelza Nightly, supe que haría todo lo posible porque Jules encontrara pareja. No quise pensar en ello, ni plantearme con quién sería; apartaba la idea cada vez que se me ocurría... pero ¿Crenshaw? Nunca habría imaginado que fuera él.
—No vas a lanzar ningún hechizo a nadie —le recrimino a Vaughn, muy seria—. Esto es algo bueno para ellos. ¿Que ojalá hubiera sido con cualquier otro que no fuera Sebastian? Por supuesto. ¿Pero depende de mí? Pues no. Y más te vale decirle a Constance que no se le ocurra batirse en duelo.
Esbozo una pequeña sonrisa.
—Siempre sospeché que Crenshaw era una comadreja, pero Nightly... —Vaughn niega con la cabeza—. Casi me hizo creer que era de los buenos. Pensé que le importabas. Pero al final, es un Nightly. Nunca debería haber confiado en él.
—Jules es de los buenos. Desde el principio me dejó claro que no iba a forjar un vínculo conmigo; que eran sus padres los que se encargaban de buscarle pareja mágica.
Seamos sinceros: aunque el consejo no lo hubiera prohibido, Demelza Nightly jamás habría permitido que uniera su magia a la de una Wycherley, maldita o no.
Nunca tuve intención ni expectativas respecto a su magia —miento, aunque casi todas mis intenciones y expectativas tenían que ver con la forma en que los labios de Nightly se posaban sobre los míos…
y con ese dolor sordo que sentía cada vez que lo tenía cerca.
Recojo los libros y me dirijo a la puerta.
—Y ahora, si me disculpas, voy a mi cuarto. Quiero estar sola.
—No deberías derramar ni una lágrima por Nightly, Aurelia. Es tan indigno de ti como lo es Crenshaw —suelta Vaughn, sin emoción.
—Vaughn, aunque me parezca bien que Nightly se vincule, estoy triste. Tan triste que se me rompe el corazón. Así que voy a llorar, como lo hice cuando sufrí el desengaño de mi magia maldita. Pero con el tiempo me repondré, igual que entonces.
Me doy la vuelta, dejo a Vaughn en el salón y me dirijo a mi habitación. A cada paso, siento que el corazón se me desgarra un poco más. Y entonces lo sé: esta vez no voy a reponerme como antes. Porque ahora hay una herida en mi corazón… que, por mucho tiempo que pase, no va a cicatrizar jamás.
Dejo los libros junto al jarrón con las rosas marchitas, en mi cuarto.
Empiezo a sacarlas una a una y las coloco sobre el tocador.
Entonces veo que, entre todas las flores muertas, hay un único capullo vivo, aún sin abrir.
Pienso en arrancarlo y dejarlo sobre las rosas mustias, pero al final lo dejo donde está, solo en el jarrón, como un eco de lo que fue.
Me siento completamente vacía al hundirme en el sillón junto a la ventana, desde donde contemplo la plaza Hemlock. Ankoth ha regresado y me da un pequeño empujón antes de acurrucarse en mi regazo.
Todo parece exactamente igual que esta mañana. Una explosión de narcisos llena los jardines del centro de la plaza. Las primeras hojas del aliso lucen un verde intenso, y la vida brota en el mundo… justo cuando siento que se apaga dentro de mí.
Me seco las lágrimas y saco papel y pluma.
No sé si Nightly ha recibido alguna de mis cartas desde que nos prohibieron vernos, pero siento que le debo un último mensaje.
No para contarle cuánto me ha dolido ni lo decepcionada que estoy, sino para decirle que estoy orgullosa de haber formado parte de su magia, y que le deseo que llegue a lo más alto.
Dejar lo nuestro ha sido lo mejor para los dos… y lo más difícil.
«Si de verdad la hubiera amado, sólo habría deseado su felicidad».
Me quedo mirando la hoja en blanco hasta que los ojos se me empañan por el llanto, y al final no la lleno de palabras, sino de lágrimas.
Oigo los gritos de Constance y me asomo a la ventana. Abajo, al pie de las escaleras de la casa de Sebastian, Vaughn la sujeta mientras él se queda plantado en el umbral.
No necesito oír con claridad lo que le está gritando; lo sé de sobra. Y Crenshaw tiene una expresión tan satisfecha que por un instante me planteo lanzarle yo misma un hechizo.
Jackson aparece junto a Vaughn, y entre los dos consiguen apartarla.
Constance alza la vista hacia mi ventana, y yo apoyo la mano en el cristal justo cuando nuestras miradas se cruzan.
Espero que sepa cuánto la echo de menos.
La soledad desde Imbolc ha sido devastadora, pero con Ostara a sólo dos días, sé que pronto llegará el final.
Cuando pase el sabbat, y con él acabe la temporada, podré hacer lo que quiera…
siempre que no tenga nada que ver con la magia.
Tenía pensado quedarme sentada junto a la ventana hasta el anochecer, dejándome consumir por la desesperación. Pero no ha pasado ni una hora cuando un carruaje llega para llevarme a la Academia.
Lo primero que veo al llegar es el rosal: también está muerto. Donde antes era verde y rojo, ahora es gris y marrón.
Russo y Platz lo observan en silencio.
—¿Le ha pasado algo a tu magia? —pregunta Russo, alarmado.
—Yo le he pasado a mi magia —respondo, y él parpadea, desconcertado.
—¿Qué has hecho?
—La he recuperado —contesto, lo cual no deja de ser verdad.
—¿Cómo? ¿Por qué?
Miro hacia la puerta de la llama negra. Sigue ahí, con las runas ardiendo en mi fuego oscuro, y las rosas que habían mantenido alejados a todos, ahora marchitas y muertas. Me invade una leve inquietud al darme cuenta de que ya no están ahí para protegerme de lo que hay al otro lado.
—Porque he sufrido un desengaño. —Noto un nudo en la garganta.
—¿Podrías concretar un poco más? —pregunta Platz.
—No, no creo que pueda —no quiero hablar con él de asuntos del corazón. Se acerca a Emery y Jackson, y, por supuesto, ellos le cuentan todo.
Cuando Platz regresa, su expresión es más amable que nunca.
—Lo siento, Wycherley. Sé que tú y Nightly habíais forjado una… amistad más allá de la magia que realizabais juntos. Y es, sin duda, la más impresionante y duradera que he presenciado entre dos brujos de esta edad.
—Hasta ahora —respondo. Vuelvo a mirar las rosas y siento cómo la pérdida de Jules Nightly amenaza con apoderarse de mí. No pienso consentirlo. No aquí.
—Wycherley, ¿puedo hacerte una pregunta personal? —interviene Russo.
—Sí, claro. Aunque puede que decida no contestar.
—En el ritual de Samhain, ¿te cayó encima algún orbe de magia ajena?
Asiento.
—Sí, uno.
—¿El de Jules Nightly?
—Sí, el de Jules Nightly —confirmo.
—Interesante —prosigue Platz—. Cuando estábamos reclutando candidatos para estos experimentos con tu magia, preguntamos a todos los debutantes de la sociedad mágica si en Samhain habían recibido un orbe negro.
Una abrumadora mayoría admitió que sí y, después de hacer magia contigo, todos afirmaron reconocer tu magia.
Todo parece indicar, Wycherley, que tu magia es compatible con la de casi todos ellos…
pero sólo hay una persona cuya magia encaja perfectamente con la tuya.
—Eso no puede ser cierto. Mi magia afecta a Nightly como a cualquiera.
—Ah, los efectos secundarios. Tenemos algunas teorías al respecto que empezaremos a estudiar mañana. Debo admitir que no pensábamos llamarte tan pronto, pero el estado de tus rosas nos ha preocupado.
Y así, me ponen a trabajar. Los desafortunados brujos y brujas de la Academia Mágica desfilan ante mí, uno tras otro.
Intento no involucrarme emocionalmente con ellos; durante la primera semana con Platz y Russo aprendí a mantener cierta distancia.
Aun así, resulta difícil ver el miedo con el que la mayoría se acerca y, luego, el dolor y la náusea que mi magia les deja.
Al caer la noche, llega un círculo de doce seres mágicos vestidos de rojo, y sé que la noche será larga.