Los Wycherley (Los Wycherley 1) Capítulo treinta
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Capítulo treinta

Treinta

-H as estado inconsciente durante seis horas, Aurelia —me informa Vaughn, una vez que las personas sanadoras han conseguido detener la hemorragia y que los seres mágicos del Círculo de la Curiosidad han dejado de interrogarme.

Les he contado todo lo que me ha pasado desde el momento en que entré en la Academia.

No he dicho qué runas eran exactamente, aunque las reconocí.

Me limité a comentar que eran extrañas, y le he lanzado una mirada elocuente a Nightly.

Ahora sólo quedamos los cuatro, sentados en una sala apartada del palacio, tan lujosa que choca con la crudeza del bosque al otro lado de la puerta de la llamarada negra.

—¿Seis horas...? Pero a mí me han parecido seis minutos —balbuceo y miro desconcertada de Vaughn a Constance.

Nightly no para de dar vueltas. Sé que lo hace porque está preocupado, porque intenta comprender qué es lo que ha pasado.

El resto de debutantes ha cruzado sus puertas para enfrentarse a una prueba de fuego hecha a medida de su magia y su esencia.

La de Constance consistía en atravesar su propia casa mientras cada miembro de su familia trataba de detenerla o desviarla, haciéndola sentir culpable y avergonzada por querer marcharse.

Le cuesta contarlo, y lo entiendo: decepcionar a los suyos es, para ella, una de las peores cosas que le podría pasar.

Lleva un fino cordel rojo enroscado alrededor de su muñeca y de su varita de pulsera. Ese hilo es la recompensa que le aparece a cada persona por haber superado la prueba, y cuando bajo la vista, veo que yo también llevo uno.

Todas las personas que han pasado la prueba —también Constance— han salido por la misma puerta por la que habían entrado.

La que he atravesado yo era una puerta normal…

hasta que la he abierto con mi magia. En el salón del palacio de Carlton, todo el mundo ha oído los golpes, el estruendo que ha provocado mi magia al intentar abrir la puerta del crómlech.

—Sabía que eras tú. En cuanto oí los golpes, lo supe —asegura Nightly, con las manos sobre el pecho.

Recuerdo lo que han dicho Russo y Platz sobre el vínculo que tengo con ellos y me pregunto si Nightly es capaz de sentir lo mismo.

Se abre la puerta y mi madre y Frances vienen corriendo hacia mí.

Me abrazan y luego me examinan con atención.

Me olvido de que estaba enfadada con ellas y me aferro a su cuerpo con fuerza.

Tengo las heridas curadas, la ropa remendada y el pelo casi otra vez como antes.

Pero la magia aún se agita, inquieta, en mi interior.

—Mamá… —la voz se me quiebra.

—Aurelia, no hay tiempo para que nos lo cuentes todo, aunque ya nos han contado casi todo quienes están aquí.

La miro con desconcierto.

—Han venido también la madre de Nightly y su pareja mágica —añade.

Por el rabillo del ojo veo que Nightly se queda paralizado.

Frances me aprieta el brazo con suavidad.

—Han venido en calidad oficial, como investigadores del Círculo de los Misterios. Necesitan hablar contigo a solas. —Su expresión es seria—. Cuando lo hagan, es importante que les cuentes toda la verdad. Si no, lo sabrán.

Hay algo en su voz que me provoca un escalofrío. Estoy segura de que la rivalidad entre mi madre, Frances y Demelza va más allá de la maldición de Heston Nightly.

—Estaremos justo al otro lado de la puerta. Si en algún momento te sientes incómoda, llámanos.

—Me quedo con ella —propone Nightly—. Al menos hasta que mi madre insista en que me vaya.

Mi madre lo mira, con una expresión mucho más suave de lo que habría imaginado. Asiente.

—Vaughn, encárgate de que Constance llegue bien a casa. Ya han salido los carruajes y el resto de debutantes se ha marchado.

Constance me abraza con fuerza.

—Mañana a primera hora me paso por tu casa —me susurra.

Vaughn me estrecha contra sí y yo le devuelvo el gesto. Los cuatro salen de la sala y, en cuanto lo hacen, Nightly se acerca a mí y entrelaza sus dedos con los míos.

—Wycherley, me prometiste que me avisarías si ibas a hacer algo peligroso —me reprocha, y la preocupación que desprende me cala de lleno cuando lo miro. No puedo hablar. No puedo decirle que, al abrir aquella puerta, pensaba en él, en estar con él, en llegar hasta él.

—Ya hemos roto la norma de no usar magia… así que creo que también podemos saltarnos la de no besarnos —añade.

El corazón se me acelera, y le enredo las manos en el pelo para atraer sus labios a los míos. Lo beso como si fuera aire.

—No sigas buscando maneras de separarte de mí —susurra y se separa apenas lo justo para alisarme el pelo.

Siento que algo se me encoge por dentro. Yo no me quiero separar de él… pero tampoco puedo tenerlo por completo, ni él a mí.

Suelto a Nightly y me giro de golpe al oír que se abre la puerta.

Igual que en el baile de los Prior-Okore, meses atrás, Demelza domina el ambiente con su sola presencia.

No puedo apartar los ojos de ella cuando avanza hacia nosotros, con una capa azul tan oscura que parece negra, que se abre al andar y deja ver un vestido negro precioso, cubierto de cristales azules que centellean.

Me examina de arriba abajo, sin disimulo.

Sólo cuando se detiene delante de nosotros aparto la vista hacia su pareja mágica, Geoffrey Knott…

y me llevo una sorpresa. Porque ya lo había visto antes.

Era la tercera figura que vi saliendo de la librería de Mason con Kit Thorne y Jonathan.

La cabeza me empieza a ir a mil. ¿Acaso el Círculo de los Misterios tiene algo que ver con que Jonathan y Kit conserven su magia?

¿Lo sabe Demelza? ¿Se lo ha ocultado a su propia hija?

Las dudas se me agolpan y se me revuelve el estómago sólo de pensar en Evelyn.

—Wycherley —saluda Demelza, con sequedad—. Márchate, Jules. Hay un carruaje esperándote.

—No voy a dejar sola a Aurelia —se resiste él con firmeza.

—Y tanto que lo vas a hacer —replica ella con el rostro imperturbable—. Tenemos que hablar con ella, nada más. Espérate fuera si queréis volver juntos a casa.

Geoffrey señala la puerta, reforzando el gesto para que Nightly se retire

Lo miro.

—Tranquilo, no pasa nada. Tu madre va a tratarme bien, y, además, necesitan saber lo que ha pasado. Es importante para la magia… y para el reino.

Sé que ésas son las dos cosas que Demelza valora por encima de todo, incluso por encima de sus hijos o de su felicidad.

Nightly asiente no muy convencido y me susurra:

—No olvides que has prometido que me avisarás si haces algo peligroso. Estoy aquí mismo, al otro lado de la puerta.

Se me escapa una sonrisa triste al verlo marcharse. Justo antes de salir, se vuelve y nuestras miradas se encuentran. Luego cierra la puerta con un clic suave.

El ambiente cambia de golpe. El silencio se vuelve denso. Demelza me indica que me siente, y ellos dos se quedan de pie frente a mí.

—Hemos oído que has tenido una noche movida, Wycherley.

De hecho, has dejado fuera de combate a todo un círculo al conjurar esa puerta de llamarada negra…

una que, por cierto, no parece poder eliminarse.

Y, por si fuera poco, el rosal que tanto os gusta a ti y a Jules se ha vuelto bastante protector con respecto a esa puerta negra.

Cuando he ido a verlo antes con un destacamento de élite, las rosas han crecido sobre ella y han empezado a lanzarnos espinas.

Procuro mantener el rostro impasible mientras visualizo la escena.

—Cuéntanos qué ha pasado cuando has cruzado ese umbral —ordena Geoffrey y se sienta frente a mí. Demelza toma asiento a un lado y me agarra de la muñeca. No me resisto cuando deja fluir su magia en mí, pero yo no le devuelvo la mía.

La voz de Geoffrey es suave como el satén, y al instante me siento a salvo; me dan ganas de contárselo todo, pero mi varita de pulsera se agita, advirtiéndome que no baje la guardia.

—Supongo que ya os lo han contado todo los demás.

—Nos lo han contado, sí —responde Geoffrey—, pero queremos oírlo de ti. Y puede que te hagamos algunas preguntas para ayudarte a recordar detalles que tal vez hayas pasado por alto… cosas que, en su momento, no parecían importantes.

Así que vuelvo a contar la historia, y mientras lo hago, Geoffrey no deja de hacerme preguntas:

—¿A qué olía?

—¿Cuántas voces distintas te han susurrado?

—¿De qué tipo de piedra estaba hecho el crómlech?

Hablo con la máxima sinceridad, y durante todo ese tiempo Demelza guarda silencio.

Pero no se esfuerza en disimular lo que está haciendo.

Puedo sentir cómo su magia hurga en mi mente, en mi propia magia.

Nunca había sentido algo así, aunque lo he leído.

Es una habilidad rarísima y muy específica, pero ella no la domina.

Noto cada intento de invasión como si me lanzara pensamientos ajenos, intentando llevar mi atención en una dirección concreta.

Pero es fácil despistarla, y sólo le dejo ver lo que yo quiero que vea.

Lleno mi mente de imágenes de Jules, y noto cómo se inquieta, cómo insiste más.

Cuando he acabado de responder a todas las preguntas, contraataco.

Envío mi magia a través del vínculo invisible que Demelza ha trazado hasta mi mente, y de pronto lo veo claro: todo lo que ocupa la parte frontal de sus pensamientos.

Es fácil deslizarme en ellos, y en una fracción de segundo lo absorbo todo.

Veo a Cora en el suelo, muerta, la runa marcada en la muñeca donde lleva la varita. La escena está en mi mente con un detalle vívido y cruel. Pobre Cora. Era tan joven...

Demelza tiene a todas las brujas y brujos muertos conectados entre sí en su pensamiento, así que veo a otra víctima, y otra más, y otra… noto que me voy insensibilizando ante el horror de cada muerte. Voy asimilando los detalles, analizándolos desde fuera, como si no fueran reales…

…hasta que aparece mi padre.

Todo lo que sentí aquella mañana al encontrarlo me golpea de lleno, y amenaza con arrastrarme… y con arrastrar también a Demelza fuera de mi control. Pero no quiero que me vea así. Me aparto de esos recuerdos y me meto en los suyos, en lo que piensa sobre Nightly y Evelyn.

Nightly está discutiendo con su madre, que insiste en que Evelyn debe marcharse.

—Su magia está prácticamente extinguida. Ya no es una bruja de verdad, ya no es una auténtica Nightly —espeta Demelza.

Y después se encara con Jules:

—Para preservar el buen nombre de esta familia, debes forjar un vínculo, tal y como está establecido...

Justo entonces, Demelza me expulsa con violencia de su mente. Por fin ha conseguido librarse de mi intrusión. Doy un respingo al volver en mí, desorientada por lo que acabo de ver, y ella se desploma en la silla.

Geoffrey se pone en pie. Creo que va a socorrerla, pero en lugar de eso se dobla por la mitad y vomita.

—¡Ayuda! ¡Necesitamos ayuda! —grito.

—¿Qué le has hecho? —sisea Geoffrey desde el suelo, y entonces se abre la puerta e irrumpe mi madre, seguida de Frances y Jules.

—Demelza ha conectado con mi magia —le explico—. Y esto es lo que ocurre. Igual que ha pasado con el círculo que quedó afectado cuando Russo y Platz se vincularon conmigo a través de magia terciaria, ahora que Demelza ha usado magia secundaria, tú también has quedado conectado a mí.

—Tiene razón —asegura Nightly desde la puerta, mirándome con complicidad—. Se pasará. Sentirás que se te parte la cabeza y que el estómago da vueltas como en una tormenta en alta mar… pero pasará.

Con cuidado, Nightly ayuda a su madre a incorporarse. Cuando Demelza empieza a recuperar el sentido, lo aparta de un manotazo y se endereza en la silla, cierra los ojos y se lleva una mano al puente de la nariz.

Geoffrey sigue en el suelo, mirándome atónito.

—Nunca había sentido una magia tan poderosa como la tuya —murmura, aún sin aliento.

Demelza ya se ha recompuesto del todo cuando escupe entre dientes:

—Os lo advertí. Os dije que algo así acabaría pasando.

Mi madre y Frances se tensan al instante, y yo siento que también debería hacerlo.

—Hay una razón por la que jamás se ha permitido a ninguna Wycherley maldita participar en la temporada, entrar en los sabbats ni encontrar pareja —suelta Demelza—.

Aurelia ha dejado fuera de combate a todo un círculo de seres mágicos de alto nivel, acaba de herirnos a Geoffrey y a mí con su maldición y ha abierto una puerta hacia quién sabe qué tipo de magia. Es peligrosa.

—No, no lo soy —me defiendo, al mismo tiempo que Nightly se lamenta—: De verdad, madre —y Frances añade—: La peligrosa aquí no es Aurelia.

Mi madre da un paso al frente.

—Demelza, sostengo lo mismo que dije ante el Real Consejo Mágico antes de Mabon.

La magia de Aurelia está maldita; sabemos que nunca llegará a ser la bruja que podría haber sido.

Dentro de unos tres años, su magia la abandonará.

Como madre, comprenderás que desee que mi hija viva todo lo posible antes de que llegue el momento en que eso ocurra.

—Y ese momento es ahora. Si fuera hija de cualquier otra persona, jamás se le habría concedido esta oportunidad: no habría sido presentada en la alta sociedad mágica, ni habría vivido su año como debutante, ni se le habría permitido desarrollar una magia tan peligrosa —brama Demelza.

Nightly niega con la cabeza y me estrecha la mano.

—Madre, Aurelia no es peligrosa. Es extraordinaria.

—No seas necio, Jules. Sin duda te ha hechizado, valiéndose de su maldición para engañarte.

—Cuidado, Demelza. Estás rozando la acusación de malevolencia contra mi hija —la voz de mi madre suena gélida. Demelza se mantiene en pie, aunque con un leve temblor.

—Aurelia Wycherley, voy a pedir al Consejo y a la Corona que te retiren el estatus de debutante, que anulen todos los privilegios que eso implica y que te aparten de la sociedad mágica en cuanto sea posible. Después de lo que ha pasado hoy, estoy segura de que verán que es lo correcto.

—Madre… —empieza Jules, pero Demelza Nightly levanta una mano y lanza un hechizo contra su hijo. Nightly se queda inmóvil, congelado. La expresión de su cara es una mezcla de vergüenza, furia y miedo. Me lanzo hacia él, pero Demelza me corta:

—No volverás a acercarte a mi hijo. Tu magia, Wycherley, debería apagarse sin más, sin pruebas ni formación, igual que la de todas las demás brujas malditas de tu familia.

Demelza suelta a Jules que da un par de pasos trastabillando, con la respiración entrecortada.

Tengo que hacer un esfuerzo por no lanzarle un maleficio a Demelza Nightly cuando se encamina hacia la puerta, con Geoffrey justo detrás, y le hace un gesto a Jules para que la siga.

Mi madre me agarra del brazo y me detiene.

—No dejaré que te haga esto. Conseguiré que cambie de opinión —me asegura Nightly. Y luego sale tras ella.

Ya sé que no lo logrará, incluso antes de que mi madre diga que ella y Frances prepararán mi defensa ante el consejo… pero que debo estar lista para lo peor.