Capítulo veintiséis
Veintiséis
M e arropo con la capa; el viento helado me muerde las mejillas. Camino al mismo ritmo que Nightly, que ha adaptado el paso para ir a mi lado.
Más de una vez, le veo mover los dedos, como si fuera a buscar mi mano, pero enseguida recuerda su promesa y se contiene.
Las calles están más tranquilas de lo habitual, y el viento corta como una cuchilla. Me ciño aún más la capa, con las manos resguardadas en su interior, lejos de las suyas. Al llegar a Seven Dials, las tiendas se ven casi desiertas en comparación con el bullicio previo a Yule.
Guío a Nightly hacia la librería de Mason.
—Ahí. Ahí fue donde vi a Jonathan. Salía de Los Libros Mágicos, con Kit y otra persona.
—Kit Thorne —murmura Nightly, con ese tono reservado para quienes le provocan un rechazo especial: Kit, Sebastian... incluso Vaughn, al principio—. No me gusta nada que tanto él como su padre hayan perdido a sus parejas mágicas. A lo mejor su familia también está maldita.
Otra casualidad que tampoco se me ha pasado por alto.
—Después de que Kit y la otra figura fueran por ahí —señalo en la dirección por la que acabamos de venir—, Jonathan siguió calle abajo y luego giró por el callejón.
—¿Hacia la puerta?
Sigo el mismo recorrido que hice la noche de Yule, hasta que nos detenemos frente a la puerta con la runa Omlesa encima. Nightly saca el grimorio y abre la página de las runas Golowhe.
—Ahí está. Justo como dijiste: Omlesa, la runa de la expansión —frunce el ceño—. ¿Y fue aquí donde hizo magia?
Asiento, y él se pone las manos en la cintura y alza la mirada hacia la runa.
—Sabemos que estas runas están conectadas a una magia antigua y profunda. El hecho de que estén aquí, en el lugar donde Jonathan hizo magia sin tener vínculo… ¿Crees que la runa le dio acceso a algún tipo de poder? ¿Que no tenía magia propia, pero la tomó prestada de la runa?
—La magia se queda almacenada en cualquier objeto creado con ella, y todas las runas contienen su propia magia. Tal vez sea eso lo que hizo, pero ¿no haría falta, al menos, una chispa de magia propia para activarla?
Nightly se encoge de hombros.
—Tal vez la magia antigua no funcione así. Quizá Jonathan esté ayudando a su hijo a recuperar su magia después del asesinato de Cora.
—Podría ser… pero yo los vi la víspera de Yule, y Cora no murió hasta el día siguiente, en Yule.
Nightly va de un lado a otro sin quitarle ojo a la puerta. Luego se pone a examinar el callejón y la pared que la rodea.
—¿Qué buscas? —le pregunto, al ver cómo se planta frente al muro, cambiando el peso de un pie al otro.
—Creo que por aquí hay un resquicio de magia. Cuesta distinguirlo. ¿Tú qué ves, Wycherley?
Me anima a echar un vistazo. Me coloco justo delante de él, dándole la espalda. Él baja la cabeza hasta situarla junto a la mía. Luego, con las manos apoyadas en mis hombros, me mueve un poco.
—Ahí. ¿Lo ves?
Asiento. Hay un leve hilo de magia que sube por la puerta. Lo sigo con la mirada hacia abajo y me doy cuenta de que se extiende por el suelo hasta perderse en el edificio del otro lado del callejón.
—¡Eh, vosotros dos! ¿Qué hacéis?
Damos un respingo al oír a una bruja refunfuñar desde la entrada del callejón. Lleva un delantal sobre el vestido, y está delante de una cafetería con la puerta abierta de par en par. Supongo que desde el ventanal tiene buenas vistas del callejón.
—Disculpe, señora —digo—. Estábamos mirando la runa tan extraña que hay en el dintel de esta puerta. ¿Sabe qué significa o adónde lleva?
—Lleva a un almacén en el sótano de la librería, pero se inunda a menudo, así que Mason no lo usa. —La bruja se nos acerca con cierta cautela—. ¿Una runa extraña, dices? No me sorprende… En este callejón pasan cosas muy raras.
—¿Ah, sí? ¿Como qué? —pregunta Nightly.
—Llamaradas umbrías flotando por ahí —contesta ella, en voz baja—. A veces veo entrar gente por esa puerta… pero no los veo salir. Mason dice que es por la línea ley * que pasa justo por aquí.
Pienso en la corriente de magia que acabo de ver. Tiene que ser la línea ley.
—Pero yo creo que tiene que ver con ese brujo asesinado —añade la mujer.
—¿Qué brujo asesinado? —pregunto.
—Durante el último Beltane. Mataron a un brujo… Ay, ¿cómo se llamaba?
—El último Beltane… Miles Bracken —recito, recordando lo que he averiguado.
—¡Ése! Lo asesinaron justo aquí. Seguro que fueron los de El Nuevo Amanecer, estoy convencida. El negocio fue fatal durante meses. Aunque esa marca que decís… no recuerdo haberla visto nunca —señala la puerta—. Pero como ya os he dicho antes: en este callejón pasan cosas muy raras.
Acompañamos a la bruja de vuelta a su cafetería, al otro lado de la calle, y pedimos té y pastel. Nightly y yo nos sentamos en un rincón, junto a la ventana, con buena vista de la calle. Hablamos en voz baja.
—Necesitamos más información sobre los seres mágicos fallecidos.
Sobre todos y cada uno de ellos. Información que no haya salido en la prensa, que el Círculo de la Justicia haya ocultado.
No me hace gracia, pero Emery y Jackson suelen visitar a mamá y a Frances en casa, les traen informes que nunca se llevan de vuelta.
¿No crees que tú también podrías enterarte de algo?
Como tu madre está en el Círculo del Misterio… quizá sepa algo.
—Lo intentaré —responde Nightly, y pone mala cara al dejar la taza en el plato.
—¿Cómo van las cosas en casa? Con tu madre, con Evelyn…
—Mi madre se muestra más flexible desde que Evelyn empezó a trabajar en el Círculo de la Justicia, pero está furiosa porque fueron tu madre y Frances quienes le consiguieron el puesto. Y ahora, como dice ella, sus dos hijos están… ¿cómo era? «fraternizando con los Wycherley».
La imita tan bien que suelto una carcajada, pero algo al fondo del callejón me llama la atención.
—Nightly —le toco el brazo, y él sigue mi mirada.
—¿No es ése Kit Thorne? —pregunta. Asiento—. He estado pendiente del callejón todo el rato, y no lo vi entrar.
Nightly hace ademán de levantarse.
Lo detengo.
—Déjame a mí hablar con Kit. Tú sólo lo espantarías. Y de los dos, seguro que yo le caigo mejor.
—No lo dudo —resopla—. Está bien, pero no le quitaré el ojo de encima.
Da un sorbito a su té mientras yo me levanto y echo a andar a buen paso hacia Kit. Me giro un momento: Nightly se ha cambiado de sitio para no perderse detalle.
—¡Kit! ¡Kit Thorne! —lo llamo con delicadeza. Me recuerdo a mí misma que en teoría no sé que Cora ha muerto. No ha salido en los periódicos, ni siquiera en los obituarios. Llevo dos semanas leyéndome la prensa de cabo a rabo.
Él se vuelve y me sonríe. No era la reacción que esperaba.
—¡Aurelia! ¿Cómo estás? ¿Qué tal Yule? ¿Funcionó tu hechizo de ilusión?
Enseguida me pongo en guardia: aquí hay algo que no encaja. Sé que cada ser mágico vive el duelo a su manera, pero aun así…
—Perfectamente, gracias. Yo… yo no te he visto últimamente por la Academia y quería darte las gracias por las clases extra que me diste.
Y también contarte que he estado replanteándome mi opinión sobre Jules Nightly.
Como dijiste, tiene la arrogancia y el orgullo de los Nightly. Y sospecho que su hermana era igual.
—Oh, sí, igualita —añade con naturalidad.
Miro a mi alrededor, como si buscara a alguien, y luego lo tanteo:
—¿Y Cora?
—Está pasando la temporada de Yule con su familia.
De pronto pienso en todas las mentiras que me ha soltado mi madre, en las que habrán tejido esas figuras de negro.
Quizá Kit no sabe que Cora está muerta, quizá Emery y Jackson todavía no se lo han dicho.
Pero recuerdo que fue él mismo quien informó de la ruptura del vínculo.
Debería haberlo sabido en cuanto sucedió.
En el mismo instante en que su magia desapareció.
O al menos… así es como debería haber sido.
—¿Tiene una familia muy extensa? —pregunto.
Esboza una sonrisita triste.
—Pues la verdad es que no. No tiene hermanos, y sus padres murieron hace años, al servicio mágico de la Corona. Le queda un tío; es bastante mayor, vive en un pueblecito de las Highlands. No se ven mucho, queda bastante lejos.
—Por supuesto —suelto, con la cabeza a mil por hora. Estoy convencida de que no hay error: Cora está muerta. Pero Kit se comporta como si nada hubiera pasado.
Entonces levanta la mano para abrocharse la capa y, al hacerlo, se le desliza por el brazo su varita de pulsera. En la parte interior de la muñeca lleva la misma runa que tengo yo en la mía: Gwrians, creación. Grabada en su piel. La misma runa que apareció en el asesinato de Cora.
Mi varita de pulsera se desliza sola hasta mi mano y se me ocurre una idea absurda… pero que me va a servir para confirmar lo que necesito saber, sin margen de error. Y si me he equivocado con Kit… bueno, confío lo suficiente en Nightly como para saber que no seguirá sentado en la cafetería.
El tiempo lo es todo. Miro a mi alrededor y veo un coche de caballos que se acerca por la calle.
—Cuando le escribas a Cora, dale las gracias de mi parte —le pido con una sonrisa. Y sin apartar la mirada de Kit, bajo del bordillo y me planto en medio de la calzada, justo delan- te del carruaje que viene de frente.
En ese instante, mi varita se enciende: sabe que estoy en peligro.
Pero le ordeno que se quede quieta, que no libere magia para protegerme, aunque el miedo me golpea con toda su fuerza cuando aparto la vista de Kit y veo los caballos desbocados, a punto de atropellarme.
Cierro los ojos… y de pronto estoy en el aire, volando de vuelta hacia la acera.
Hacia Kit Thorne, que ha recurrido a su magia para sacarme del peligro.
El carruaje pasa rugiendo a mi lado. El cochero me suelta una sarta de improperios, y Kit me abraza con las manos todavía temblorosas.
—¡No… yo no debería haber hecho eso! —se aparta bruscamente de mí y echa a correr.
Yo me quedo allí, jadeando, con el corazón desbocado y los nervios a flor de piel.
—¡Wycherley! —Nightly me da la vuelta con brusquedad. Me acaricia la cara, me inspecciona como si no pudiera creerse que estoy ilesa.
—Conserva su magia —mascullo, con la voz temblorosa y la respiración entrecortada—. Kit Thorne aún tiene magia. ¿Cómo es posible?
Nightly jadea, con los ojos desorbitados, horrorizado. Me rodea con los brazos y hunde su rostro en mi pelo.
—Creía que no llegaba a tiempo… Si Kit no hubiera… ¿¡En qué estabas pensando, Aurelia!?
Me aparta un poco, sujetándome por los hombros. Trago saliva. No sólo empiezo a darme cuenta de lo imprudente que ha sido todo… sino también de lo que siente Nightly por mí.
Le acaricio la mejilla. Él cierra los ojos y se aferra a mi mano.
—Lo siento muchísimo. Actué sin pensar. Pero estaba segura de que Kit tenía magia, y si no… sabía que tú estabas ahí.
Nightly niega con la cabeza y se aparta un poco.
—Pero no fui lo bastante rápido. Prométeme, Wycherley, que no vas a hacer nunca más una locura así. Que nunca me pondrás en la situación de quedarme sin ti.
—Te lo prometo —le aseguro.
Y si no fuera por todas las miradas que nos observan, la norma de no besarse habría pasado a la historia.
* Una línea ley es una corriente subterránea de magia antigua que fluye bajo ciertos lugares, y que puede influir en hechizos, fenómenos paranormales o portales mágicos, como en este caso con la puerta y la runa. ( N. de la T. )