Capítulo veintidós #2
—Sólo un Nightly y una Wycherley habrían podido despertarme.
Sois herederos del cuadrante perdido... y de todo lo que halléis en él.
Pero también recae sobre vosotros la responsabilidad de protegerlo.
Y de protegeros el uno al otro. Yo formé parte de una pareja así, y me avergüenza cómo terminó todo.
Mathilde y yo unimos nuestras magias. Yo le entregué también mi corazón...
pero ella amaba a otro, y nunca fui capaz de perdonarla. Ojalá lo hubiera hecho.
—Ya… —suelto, y deshago mi hechizo de ilusión. Mi cabello dorado se vuelve blanco y mis ojos adquieren su tono ahumado.
Heston se alza sobre mí, imponente.
—Tus ojos... —murmura—. La maldición. ¿La llevas tú? ¿La maldición que lancé a la bruja que amaba? He tenido mucho tiempo para pensar... y ahora sé que, si de verdad la hubiera amado, sólo habría deseado su felicidad. Pero no comprendo por qué llevas tú ahora esa carga.
—Siempre hay una mujer Wycherley que la lleva —le explico—. Y a usted le debemos que no se nos permita forjar vínculos. Nuestra magia es... incompatible. Ésa es la maldición que le dejó usted a Mathilde, a mí y a todas sus descendientes.
Heston me mira, desconcertado, sin apartar los ojos de los míos.
—No —musita, con la voz rota—. No era ésa la maldición que yo pretendía imponer. El dolor de saber que ella no me amaba como yo a ella me resultó insoportable, pero jamás quise que la maldición se extendiera más allá de su vida.
»En mi arrogancia y necedad, pacté con una fuerza mágica que nunca debería haber invocado. No conocía el poder de las runas antiguas, ni de la vieja magia a la que recurrí, y ahora parece que soy responsable de los pesares de muchas más Wycherley además de mi dulce Mathilde. Perdóname.
Y le creo. Creo en el dolor sincero de este vestigio de Heston Nightly que sólo ansiaba el amor de su adorada Mathilde.
—Dijiste que en el cuadrante perdido hay secretos. ¿Uno de ellos es el remedio para el vínculo mágico? —pregunta Nightly a su antepasado.
Heston se vuelve hacia él, y cruje su cabeza de piedra.
—Algunos creen que el secreto del vínculo es encontrar a un ser mágico con el que compartir toda una vida en armonía.
Otros buscan algo distinto: conservar su magia sin necesidad de emparejarse.
Sé que es esto último lo que anheláis...
pero no puedo daros una respuesta directa sin adentrarme en los dominios de la magia maligna, y debo advertiros contra ello, desde mi propia experiencia catastrófica.
Su mirada se vuelve más dura, como una advertencia.
—Puedo ofreceros dos cosas. Ambas os aguardan en la tumba.
Ambas tendréis que reclamarlas por vosotros mismos.
Y ambas, estoy seguro, os serán de ayuda.
Pero al aceptarlas, asumiréis también la responsabilidad de custodiar esos dones...
y el cuadrante perdido. Os lo pregunto por última vez: ¿asumís esa responsabilidad?
«¿Cómo no hacerlo?», pienso.
Giro la cabeza hacia Nightly y veo que también ha deshecho su hechizo de ilusión: ya no lleva las plumas negras; luce su melena habitual.
Permanecemos de pie, codo con codo, con las manos unidas y la magia fluyendo entre nosotros, dos seres distintos, pero juntos. Jules asiente en silencio.
—Aceptamos —le digo a Heston.
—Debéis hacerlo juntos: una Wycherley y un Nightly. Es la única manera de que funcione —advierte Heston.
—Aceptamos —secunda Nightly.
—Muy bien. Pinchaos un dedo, colocad las manos ensangrentadas sobre la puerta, y enviad juntos vuestra magia a la piedra.
—¿Me permites? —Jules eleva despacio la mano hacia mi pelo y saca de él un alfiler dorado.
Extiendo el dedo índice de la mano libre y él presiona suavemente el alfiler contra mi piel. Una diminuta gota de sangre brota en la yema.
La observo y me viene a la mente Mabon, la ceremonia de debutantes, cuando Nightly y yo aún éramos enemigos. Y, sin embargo, aquí estamos ahora: unidos, al borde de algo mucho más grande de lo que ninguno de los dos había imaginado.
Ya no se trata sólo de encontrar una forma de forjar vínculos mágicos, sino también de asumir la defensa de este lugar.
La responsabilidad pesa sobre mis hombros, pero ¿cómo dar la espalda ahora?
Yo necesito esto, Evelyn lo necesita... y muchas otras brujas también lo necesitarán.
Aun así, siento aprensión... y también algo de miedo.
Tomo el alfiler de su mano y él me ofrece su dedo.
—Sólo hace falta una gota —indica Heston.
Miro a Nightly y, juntos, extendemos las manos y las posamos sobre la piedra, dejando que nuestra magia fluya.
El escudo se ilumina, los cerrojos ceden con estrépito y la piedra cruje al girar hacia dentro, como si fuera una puerta.
—Éste es ahora vuestro santuario —resuena la voz de Heston—. La magia despertará poco a poco en su interior. De ahora en adelante, la tumba se abrirá a vuestro mandato, pues también os pertenece: la entrada al cuadrante perdido y a todos los antiguos secretos que guarda.
Lanzo una mirada a Nightly; él traga saliva con fuerza y, cuando me mira, sé que siente la misma desazón que yo, como si estuviéramos a punto de adentrarnos en aguas demasiado profundas.
—Juntos deberéis aumentar vuestro número, formar un círculo completo y fijar la magia de forma definitiva...
o todo se perderá, y con ello cualquier esperanza.
He sentido durante más de un siglo cómo cambiaban las mareas de la magia.
El vínculo ha intentado mantenerla viva, pero llegará el día en que también desaparezca... y con ella los seres mágicos.
»Temo que ese día no sólo se acerca a gran velocidad, sino que ese final es algo provocado.
La magia tal como la conocemos se está corrompiendo con malignidad, y será tarea vuestra impedir que desaparezca.
Es un destino pesado, sin duda. Vinisteis buscando un modo de preservar vuestra magia, y ahora tenéis que hallar la forma de salvarla para todo el mundo mágico.
Benditos seáis, jóvenes brujos. Sangre de mi sangre, sangre de mi amor.
Heston Nightly se recuesta de nuevo sobre su tumba de piedra, y es como si nunca se hubiera levantado.