Los Wycherley (Los Wycherley 1) Capítulo veintidós
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Capítulo veintidós

Veintidós

A guardo bajo la sombra de la torre del reloj. Aquí, las plumas de mi vestido parecen casi tan negras como las del disfraz de cuervo de Nightly.

Cuando se marchó, he seguido bailando: primero con Vaughn, que ha venido a interesarse por lo ocurrido con Crenshaw; luego con Constance, que también me lo ha preguntado.

Tras insistir en que bailaran juntos —y avisarles de que iba a buscar a Nightly—, me han dejado sola y me he escabullido del salón.

Sabía exactamente adónde ir. He atravesado los pasillos y las escaleras con rapidez y sigilo, y después he cruzado los jardines hasta alcanzar la torre del reloj.

La noche está fría y siento cómo el viento agita las plumas de mi vestido. Al otro lado del jardín, las vidrieras altas y estrechas del salón de la escuela mágica resplandecen desde dentro. Sigo con la mirada una sombra que se acerca, y en ese instante suena una campana que marca las once y cuarto.

—Llegas tarde.

Nightly mira hacia el reloj de la torre.

—Perdón, tenía que librarme de una pareja de baile indeseada.

—¿Ah, sí? —no logro ocultar la curiosidad en mi voz—. ¿Alguien a quien conozca?

—Ni siquiera la conocía yo —dice Nightly, sin interés. Lleva mi capa colgada del brazo y, sin más, me la echa sobre los hombros y me la abrocha. No tengo ni idea de cómo la ha conseguido.

—Nightly, necesito contarte algo... —pensaba hablarle de Jonathan y la librería, pero en ese momento me atrae hacia él de un tirón y me empuja más al fondo de las sombras.

Quedo con la espalda contra la pared de la torre del reloj y el corazón desbocado por tenerlo tan cerca.

Alzo la mirada, pero su atención está puesta en un brujo disfrazado de gato.

—¿Tu pareja de baile indeseada? —pregunto, y noto una punzada de celos.

—Efectivamente —responde, mirándome con tal intensidad que todo lo que puedo pensar es en lo fácil que sería ponerme de puntillas y besarlo en los labios. Pasa un rato hasta que sacude ligeramente la cabeza y vuelve a mirar al brujo disfrazado de gato, que se aleja hacia el salón de baile.

—Vamos, antes de que regrese —me apremia Nightly, tendiéndome un ala.

Le tomo la mano, y todo en lo que puedo pensar es en la oportunidad perdida de saber al fin cómo sabrían sus labios.

He lanzado un sencillo hechizo de levitación sobre mis zapatos y doy los primeros pasos en el sendero de gravilla. Al oír el crujido del primer paso de Nightly, le extiendo también a él el hechizo.

—Wycherley, se te da bien moverte a escondidas —afirma, mirándose las botas.

Sonrío.

—Es una habilidad que encaja de maravilla con la falsificación, el soborno y el allanamiento.

Avanzamos hacia la tumba que, si la leyenda es cierta, protege la entrada al cuadrante perdido de Neoards.

—¿De verdad vamos a hacerlo? —pregunto con un nudo en la garganta.

—Es para lo que hemos venido, ¿no? Las respuestas están ahí dentro, estoy seguro. Esta tumba nos llevará a descubrir cómo conservar tu magia. Y la de Evelyn también.

Me mira con una seriedad que provoca una punzada de dolor en todo mi cuerpo.

—Y la de cualquier otro ser mágico —añado, consciente de la magnitud de lo que estamos a punto de acometer.

Él dirige la mirada hacia la imponente tumba, situada en el centro del patio triangular. Tantas ventanas dan hacia aquí que cualquiera podría vernos.

La varita de pulsera serpentea hasta mi mano, con la punta de cristal brillando, mientras nos acercamos a la tumba y la rodeamos.

La efigie de piedra de Heston reposa en lo alto, por encima de mi cabeza.

Tengo que ponerme de puntillas para poder verla.

En la base de la tumba, los elementos no han tenido piedad, y las marcas que esperaba encontrar como un conjunto completo de runas Golowhe ahora no son más que rasguños dispersos sobre la piedra.

Sin embargo, al pie de la tumba hay un blasón tan alto como yo, y en el centro, tenue pero suficientemente visible para identificarla, aparece una de esas mismas runas negras y resplandecientes que llevamos tiempo buscando.

—Aquí —digo y produzco una llamarada umbría que ilumina un leve destello—. ¿Lo ves? —señalo hacia él—. Ahí está otra vez.

Muevo la llama, y entonces se percibe con claridad un surco concéntrico que vibra sobre la superficie del gran escudo.

Nightly pasa la mano por la piedra.

—Está caliente —murmura—. Parece un hechizo protector…

Me toma la mano y, con cuidado, me quita el guante. Luego acerca mi palma al muro. La ondulación se intensifica, y noto que la vibración me recorre los dedos, mi magia se agita, impaciente.

—Un Nightly y una Wycherley crearon este lugar; un Nightly y una Wycherley desentrañarán sus secretos —añade Jules. Se quita sus propios guantes negros y me tiende la mano.

Vacilo.

—¿Quieres hacer magia secundaria conmigo? Sabes lo que pasará.

—Lo sé, y estoy dispuesto a correr el riesgo —afirma con serenidad.

Sigo dudando. Me duele pensar que pueda sufrir por mi culpa.

—Vamos, Wycherley, quizá sea nuestra única oportunidad —dice, mirando hacia la torre del reloj.

—De acuerdo.

Dejo que mi llamarada umbría se transforme en una esfera flotante sobre nosotros.

Mientras me quito el otro guante y le tomo la mano, empujo mi magia a través de los dedos hasta él.

En cuanto lo hago, oigo que contiene un jadeo, y un instante después sé por qué.

La magia de Nightly fluye a través de mí, y no cabe duda: fue su magia la que me alcanzó aquella noche de Samhain.

Huelo hojas secas y me invade el sabor dulce de la canela, como si mordiera un bollo recién horneado. Nuestras magias se entrelazan, y la energía crece en nosotros. No consigo apartar la mirada de sus ojos.

Doy un pequeño paso hacia él. Jules extiende la otra mano, aunque, en cuanto lo hace, su varita de pulsera se desenrosca y brilla en su palma. Siento que la mía responde al instante, y, guiada por un impulso, la alzo hasta ponerla a la altura de la suya.

Un chispazo de magia brota de ambas varitas y va directo al escudo. La magia lo recubre, se derrama sobre la piedra de la tumba y revela el contorno de una puerta.

—¡Ja! —exclamo, con los ojos tan abiertos como la sonrisa que me ilumina el rostro—. Una Wycherley y un Nightly.

La emoción me embriaga y tiro de Jules para que avance conmigo. Sigo avanzando, sin soltarle la mano, hasta llegar a la puerta y la empujo con fuerza.

—Está cerrada.

—¿Probamos con un hechizo de apertura? —propone él enseguida.

Repasamos la secuencia, ejecutándola con fluidez, y luego nos quedamos frente a la tumba, observando... pero no pasa nada.

—¿Lo intentamos otra vez? —le tiembla un poco la voz a Nightly.

—Sí —asiento—, pero esta vez dibujemos la runa en el escudo con las varitas mientras seguimos la secuencia.

Miro la runa de la llama negra grabada en el escudo, que ahora resplandece con vida propia gracias a nuestra magia.

Nightly asiente y nos ponemos manos a la obra, con las manos unidas y la magia fluyendo entre nosotros.

Yo la absorbo con avidez y, al mismo tiempo, envío la mía hacia él.

La noto más intensa que antes, y me pregunto si tendrá algo que ver con el ritual de Samhain o con la introducción de la runa Golowhe en el hechizo.

Nos movemos al unísono, dibujando la runa y realizando los gestos del conjuro de apertura.

Me detengo al oír un profundo estruendo, seguido del chirrido áspero de la piedra en fricción.

Jules da un paso más cerca de mí, seguimos agarrados de la mano, nuestras magias vibran al unísono.

Nightly se sobresalta cuando la efigie de piedra de Heston Nightly se incorpora y estira los brazos.

Una fina capa de polvo se desprende de su cuerpo mientras mueve sus miembros pétreos.

Aprieto la mano de Jules, buscando consuelo en su contacto mientras observo, atónita, al Heston Nightly de piedra.

—¿Quién osa perturbar mi descanso? —su voz recuerda al roce áspero de la piedra contra el granito.

Una pequeña corriente de magia y emociones circula entre Nightly y yo: asombro, sorpresa... y también un poco de miedo.

—Nosotros, lo hemos despertado —respondo apenas en un susurro.

—¿Y quiénes sois?

—Soy Aurelia Wycherley, y él es Jules Nightly.

La estatua de Heston deja escapar un leve gruñido. Me inquieta que alguien nos haya oído, pero no miro a mi alrededor para comprobar si seguimos solos.

—Una Wycherley y un Nightly —murmura, inclinándose hacia adelante.

Nos observa primero a mí, luego a Nightly, y de nuevo a mí—.

Qué brujos más peculiares sois. Me temo que he estado tanto tiempo ausente que me he perdido muchas cosas.

¿Se siguen usando escobas para volar o ya os han salido vuestras propias plumas?

—Oh, no, esto son sólo disfraces —respondo. Él sonríe y suelta una carcajada ronca.

—A ver, Wycherley, que no me conjuraron ayer.

Sé bien lo que lleváis puesto, y también veo la magia que esconden vuestros hechizos de ilusión.

Mientras yacía aquí dormido, he escuchado y he saboreado la magia de este mundo, al igual que ahora saboreo la magia que los dos lleváis dentro.

Sé que estaréis a la altura de lo que se avecina... y aun así me apena.

Se me hiela el corazón al oírlo.

—Sé a lo que habéis venido. Buscáis el remedio para la plaga que asola a las brujas y brujos de esta era. Pero debo advertiros: seres mágicos más poderosos que vosotros lo intentaron antes... y fracasaron.

Jules me aprieta la mano para darme ánimo.

—Nosotros no fracasaremos —replica con firmeza.

Heston sonríe.

—Hablas como un auténtico Nightly. Pero os advierto: lo que halléis en esta tumba quizás no es lo que esperáis. ¿Estáis preparados para enfrentaros a lo que hay al otro lado de la puerta? Si la abrís, sellaréis vuestro destino. ¿Lo aceptáis?

Miro a Nightly que me devuelve la mirada, decidido.

—Sea lo que sea, nos enfrentaremos a ello —asegura—. ¿Verdad, Wycherley?

Aprieta mi mano con suavidad.

—Sí. Juntos —convengo.

Heston nos dedica una sonrisa triste.