Los Wycherley (Los Wycherley 1) Capítulo dieciocho
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Capítulo dieciocho

Dieciocho

M i madre se muestra encantada cuando le digo que el jueves vendrá una visita a tomar el té, pero cambia de inmediato en cuanto se entera de que se trata de los Nightly.

—Aurelia, con todo lo que le han hecho a esta familia… a ti —protesta, y por un momento asoma ese temple de acero que le ha valido su temible reputación en el Real Consejo Mágico.

Pero no cedo.

—Evelyn y Jules Nightly no me han hecho nada. Además, ella puede perder su magia en cualquier momento, y cuando eso ocurra, todas las casas mágicas de la alta sociedad le cerrarán las puertas, igual que me las cerrarán a mí cuando pasen mis tres temporadas.

Sé que a mi madre le han hecho daño mis palabras, pero ésa es la situación en la que en realidad se halla Evelyn… y en la que me encuentro también yo.

—Creo que has sido muy generosa, Aurelia, y que tu amabilidad con Evelyn Nightly es digna de elogio —comenta Frances—. Por mi parte, estoy deseando conocerlos a los dos. Conocí bien a su padre en mi juventud, será interesante comprobar si no han salido más a los Hallow que a los Nightly.

Vaughn deja escapar un bufido de desdén y suelta:

—Jules es un Nightly de los pies a la cabeza.

A medida que avanza la semana y se acerca el jueves, va creciendo en mí la ansiedad ante la idea de que mi familia conozca a Jules y Evelyn.

Cuando por fin suena el timbre, corro a abrir la puerta.

Inspiro hondo antes de abrirla de par en par.

Nightly sube las escaleras con dos grandes ramos de flores y alcanza a Evelyn en el último peldaño justo cuando yo la hago pasar al vestíbulo.

Mi madre ya está ahí, saluda a Evelyn con frialdad mientras le quita la capa.

—¿Estás bien? —me pregunta Nightly.

Asiento, pero él no parece muy convencido, baja un poco la voz y murmura:

—Yo, un poco asustado.

—¿Tú? No creo que te hayas asustado en tu vida, ¿o me equivoco?

Lo miro y entonces veo que, en efecto, está tenso.

—¿Cómo se lo ha tomado tu madre? —le pregunto. Se queda un poco pálido ante mi pregunta.

—Digamos que no le ha hecho ninguna gracia que Evelyn y yo aceptáramos tu invitación.

Le pongo una mano en el brazo y lo aprieto con suavidad.

—Lo siento, no se me ocurrió pensar en cómo se lo tomaría.

—No tienes nada que lamentar —me tranquiliza.

Cierro la puerta y tomo uno de los ramos. Me percato de que no son nuestras rosas, y Nightly lo aparta de mi alcance.

—No son para ti, Wycherley —expone, en un tono juguetón.

Le entrega las flores a mi madre y a Frances; las dos se muestran encantadas, incluso mamá, y trato de recordar cuándo fue la última vez que recibieron flores. Me hago la promesa mental de enviarles un ramo en Yule.

Veo que mi madre se ablanda un poco mientras Frances conduce a Evelyn al salón y ella la sigue.

Me adelanto para ayudar a Nightly con la capa.

Me alzo un poco para alcanzar sus anchos hombros, pero, al intentar quitársela, acabo enredada en la tela.

Cuando se da la vuelta hacia mí, tiene una rosa roja en la mano.

—¿Es una de las nuestras?

—Sí, es una de las nuestras —responde, y me la coloca en el pelo, rozando con un dedo la cicatriz mágica que tengo en la sien. Me echo a reír.

—Preciosa —dice, contemplando la rosa. Y creo que mis mejillas se han puesto del mismo color que la flor.

Quisiera que sus ojos se posaran en mí, no en la rosa, pero me ofrece el brazo—.

Ha sido muy amable por tu parte invitar a Evelyn.

Desde que sufrió aquel desengaño, echa de menos la compañía de otros seres mágicos.

Detecto una nota tensa en su voz; una que siempre aparece cuando habla de su hermana.

—Lamento que los demás hayan reaccionado así con ella. Supongo que a mí me espera lo mismo.

—No mientras yo pueda evitarlo. A ninguna de las dos.

Me aprieta ligeramente el brazo, y un escalofrío me recorre de la cabeza a los pies.

Vaughn se pone en pie, con la mano extendida para saludar a Nightly. Lleva puesta esa expresión de desprecio que reserva únicamente para Jules.

—Aurelia me ha contado que te interesa la botánica —comenta Nightly, iniciando una conversación con Vaughn.

Los dos se van hacia la ventana, hablando animadamente sobre las maravillas del mundo natural, y yo, al instante, me pongo en guardia. Me uno a mamá, a Frances y a Evelyn en la mesa, repitiéndome que está bien que Vaughn conozca mejor a Nightly. Además, me apetece mucho hablar con Evelyn.

Casi me atraganto con el té cuando mamá, que no suele andarse con rodeos, le pregunta a Evelyn sin más sus planes para el futuro.

—¿Hay algo que el consejo pueda hacer para facilitar tu transición?

Veo la expresión de Evelyn. Igual que yo, no esperaba tanta amabilidad por parte de mi madre.

—Con toda sinceridad, señora Wycherley…

—Oh, por favor, llámame Nell.

—No hay nada que se pueda hacer. Ya lo he aceptado.

Viviré una vida sin magia, pero eso no significa que no pueda encontrar la magia de vivir.

¿Me arrepiento de lo sucedido? Muchísimo.

En aquel momento estaba demasiado deshecha como para plantearme otra unión, aunque si pudiera volver atrás, me lanzaría a los brazos del primer brujo que se me cruzara.

Lo dice con una risa ligera.

—Pero ahora ya no puedo. No tiene sentido revivir mi desgracia ni fantasear con la magia que podría haber tenido. Estoy decidida a ser feliz y a procurar la felicidad de quienes amo.

Lanza una mirada hacia la ventana, donde están Jules y Vaughn, y luego me mira a mí de forma muy significativa antes de levantar su taza.

Esa mirada me hace sentir fatal. Evelyn cree que Jules y yo estamos empezando a encariñarnos de verdad.

Y cuando sepa la verdad, que lo nuestro es una farsa y que él podría renunciar a su magia en señal de solidaridad, temo que le duela más que haber perdido su propia magia.

—Me parece algo muy loable —alaba Frances—, y una muestra de sabiduría de la que todos deberíamos aprender.

Mira primero a Evelyn, luego a mamá y, por último, a mí.

Me pregunto si estará pensando en mi propia pérdida.

Yo, desde luego, no puedo evitar recordar la esfera luminosa que se posó sobre mí.

Aún no he tenido valor para hablar de ello con nadie.

Ni siquiera con Nightly. Estoy convencida de que mi magia no lo alcanzó en Samhain. Si lo hubiera hecho, lo habría dicho.

Seguimos conversando un rato. Mamá está más relajada ahora, más parecida a la que conocemos en casa, y se nota que Evelyn empieza a caerle bien.

Al cabo de un rato, se disculpa y se va a reunir con Vaughn y Nightly.

Le lanzo una mirada a Jules y, sin palabras, le pido perdón. Él me responde con una sonrisa.

—Aurelia me contó que os conocisteis cuando fuisteis de compras para Yule —comenta Frances.

—Sí, estaba ayudando a Jules a elegir su atuendo —responde Evelyn.

No puedo evitar que una enorme sonrisa se me dibuje en la cara.

—Si es tan quisquilloso con la ropa como lo es con la papelería y los libros, no te tengo ninguna envidia.

Evelyn se inclina hacia mí y me toca el brazo con los ojos muy abiertos.

—Oh, es igual de exigente con todo. —Las dos nos echamos a reír—. ¿Tienes ya vestido para Yule?

Niego con la cabeza.

—Todavía no. ¿Te importaría ayudarme a buscar? Mamá y Frances siempre están ocupadas y, aunque valoro muchísimo la opinión de mi querida amiga Constance Prior, nunca está de más otro punto de vista.

Quedamos en ir de compras las tres a comienzos de la próxima semana. Luego añado:

—También me hace mucha ilusión ir a Neoards. ¿Alguna de vosotras ha estado? ¿Conocéis a alguien allí? —Sigo sin entender cómo ha conseguido Nightly que Yule se celebre allí.

—Tenemos un primo que estudió allí, Finneas Hallow —explica Evelyn—. Él y Jules son muy amigos. Finneas y su vínculo forman parte ahora del comité de supervisión de debutantes.

—¿Es el comité que se encarga de organizar los detalles de cada sabbat durante la temporada? —pregunto.

—Sí —afirma Evelyn.

—Mis padres estudiaron en Neoards —dice Frances.

—¿Ah, sí? —suelto yo. Para mí y para Vaughn, los padres de Frances son como una segunda pareja de abuelos, pero nunca se me había ocurrido preguntarles por sus años de universidad.

Frances asiente.

—Es una excelente escuela mágica. Se dice que su profesorado es de los mejores del mundo, no sólo de Britania. Tiene su historia… y sus peculiaridades. Mis padres intentaron convencernos a tu madre y a mí para que fuéramos allí. Incluso nos tentaron con la leyenda del cuadrante perdido.

—¿El cuadrante perdido? Bueno, ahora tienes que contárnoslo todo —exige Evelyn, acercándose a Frances.

Frances apura su taza y también se inclina. Tiene un don natural para contar historias: de pequeña, todas las noches me leía un cuento.

—Cuenta la leyenda que fueron dos seres mágicos los que establecieron los cimientos de Neoards, mucho antes de que Naylor Selwyn y Alice Boone fundaran la escuela mágica.

Usaron magia, piedra... y secretos. Eran una pareja muy misteriosa, interesadas en la magia antigua, que recurrió a los hechizos profundos para diseñar la escuela.

Veréis, Neoards está construida en la intersección de dos líneas de energía, y se dice que aprovecharon esa fuerza, esa magia salvaje, para formar la estructura.

Por aquel entonces, la magia salvaje era mucho más abundante que hoy.

»El caso es que, en su origen, la escuela constaba de cuatro cuadrantes, alineados con los puntos cardinales: norte, este, sur y oeste.

Formaban un cuadrado perfecto, y cada cuadrante albergaba aulas, bibliotecas, residencias y zonas de estudio.

Sin embargo, un día la pareja fundadora se separó y abandonaron Neoards, y en ese momento se perdió una parte de la escuela.

A día de hoy, sigue sin aparecer: un cuadrante entero, un cuarto de la escuela, desapareció de la noche a la mañana. Estaba ahí… y al día siguiente, ya no.