Capítulo diecisiete #3
—Ah, brujas. Sin duda vienen en busca de sus vestidos y accesorios para Yule.
Permítanme acompañarlas a una de nuestras salas privadas, preparadas especialmente para la ocasión.
Porque, como saben, en un baile de máscaras no hay nada más importante que el misterio que rodea a la propia identidad, ¿no es cierto?
Y aquí, en Goth debutamos el mismo año. ¿Cómo están ella y su pareja? Elizabeth Doble, ¿verdad?
—Sí, están muy bien, gracias —responde Constance con calidez.
—Aurelia, no necesitas presentación. Mi hermano me ha hablado tanto de ti que siento que ya somos amigas. Me equivoqué antes al decir que le faltaban buenas compañías, porque te tiene a ti.
De inmediato entiendo que por supuesto que le ha hablado de mí. De nuestro trabajo conjunto. Al fin y al cabo, a ella le beneficia tanto como a mí.
Me pregunto cuánto tiempo le quedará de magia. Me duele por ella. Por lo que su madre trata de hacerle, sacarla de la sociedad mágica. Si Jules y yo no conseguimos una solución, no cabe duda de que la echarán.
—Evelyn, ¿estás libre el jueves? —pregunto—. Me gustaría invitarte a tomar el té. A ti y a Nightly… digo, a Jules.
Los ojos de Nightly se abren como platos, y una sonrisa le baila en los labios.
—Me encantaría. Muchas gracias, Aurelia —responde Evelyn—. Hace mucho que no estoy en compañía de otros seres mágicos, salvo mi familia, claro, y además me gustaría conocer mejor a la persona que le ha robado el corazón a mi hermano.
Miro de Evelyn a Jules. Está furioso. La mandíbula apretada, el ceño fruncido… se parece mucho al Nightly que conocí en Mabon.
—Evelyn —espeta él en tono de advertencia, porque, claro, su corazón está a salvo… no como el mío que late demasiado deprisa—. Será mejor que nos vayamos.
Evelyn le dedica esa mirada intensa que sólo se lanzan los hermanos. Él la ignora.
—Prior, ha sido un placer volver a verte. Wycherley, nos vemos —se despide cuando pasa a mi lado. Su hombro roza el mío en el estrecho pasillo.
—Es insufrible, pero seguro que eso ya lo sabes —me dice Evelyn con una sonrisa y un abrazo rápido—. Es tan… bueno, es tan Nightly.
Se alejan por el pasillo y yo rebusco en el bolsillo del abrigo hasta encontrar mi cartera de documentos.
—Nightly —lo llamo y corro tras él.
Evelyn se adelanta y abre la puerta de la tienda. La campanilla suena. Nightly se vuelve hacia mí.
—Aurelia, tengo que...
—He encontrado otra —Los dos hemos hablado a la vez.
—Por favor, tú primero —me anima él. Ojalá no lo hubiera interrumpido.
Le extiendo el papel con el dibujo de la runa que encontré esa misma mañana. Bajo la voz y echo un vistazo por encima del hombro para comprobar que Constance sigue en el probador.
—He encontrado otra runa Golowhe. Estaba en mi casa, justo en el dintel de la puerta del hechizorio de mi padre, ahí, a la vista, entre todos los demás glifos y símbolos mágicos.
—¿Crees que tu padre sabía algo sobre las runas? —pregunta Nightly.
—Quizás —respondo—. Sabía muchas cosas, y siempre estaba investigando el pasado por su trabajo en el Círculo de la Curiosidad.
—¿Me lo puedo quedar? —pregunta, señalando el papel.
—Claro.
—Como todavía no me has escrito una carta de amor, me conformaré con esto —ironiza y se lo guarda en el bolsillo del pecho—. Nos vemos el jueves—. Sonríe, hace una reverencia y se marcha.
Lo observo bajar las escaleras de Goth & Drake. Cuando llega a la calle, se detiene, se vuelve y me lanza una última mirada. Luego toma del brazo a Evelyn y se interna en el mundo.