Los Wycherley (Los Wycherley 1) Capítulo diecisiete #2
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Capítulo diecisiete #2

Nos detenemos frente a Taylor pero a medida que la falda cae hacia el suelo, el verde se oscurece, y las flores serpentean por el encaje hasta alcanzar el tamaño de mi palma, en un rosa intenso.

Constance y yo suspiramos, encantadas, y luego nos miramos y nos echamos a reír.

La calle está repleta de seres mágicos que sujetan sus invitaciones mientras miran alrededor, con entusiasmo.

Dentro, Taylor & Hughes está abarrotado.

Constance se pega a mí cuando se abre un pequeño círculo a nuestro alrededor: las demás brujas y brujos se apartan discretamente. Bueno, no de nosotras. De mí.

La tienda se queda en silencio y todas las miradas se vuelven hacia donde estamos.

Emeline Hunt está subida a una tarima al lado de la señora Taylor, que manipula mágicamente una rica tela de satén dorado para convertirla en un vestido espectacular.

Nuestras miradas se cruzan, se la ve muy satisfecha con el vestido.

Le sostengo la mirada mientras pienso en ella y en Sebastian en los Jardines de la Temporada.

También los vi juntos hace poco en la Academia, practicando magia secundaria cuando creían que nadie los estaba mirando.

Emeline se agacha y le susurra algo a la señora Taylor antes de incorporarse y clavarme una mirada triunfal. La modista me mira, se levanta con elegancia y camina hacia nosotras. Una sensación de inquietud se me instala en el estómago.

Constance da un paso al frente y le presenta su invitación. A la señora Taylor se le une su vínculo mágico, la señora Hughes, que deja plantado a Bevis Nash para que se ate él solo la corbata.

La señora Hughes le dedica a Constance una sonrisa radiante y completamente falsa.

—Señorita Prior, sería un honor confeccionar su vestido para el Baile de Yule.

Como bien sabe, nuestros diseños son los más refinados de toda la alta sociedad —me lanza una mirada fulminante—.

Sin embargo, la presencia de su amiga aquí es inaceptable.

Las energías con las que trabajamos son sutiles y susceptibles de alterarse por…

bueno… estoy segura de que lo comprende.

Me arden las mejillas, aunque noto que me he quedado lívida.

Observo cómo Constance les dedica a ambas una sonrisa dulce.

—Lo entiendo perfectamente. Igual que las energías con las que ustedes trabajan, yo también me altero con suma facilidad.

Y alzando la voz, declara:

—Así que, lamentablemente, no les voy a confiar mi encargo.

No sólo por lo retrógrado y rancio de sus prejuicios, sino también por lo obsoleto de sus diseños.

Recuerdo que cuando mi hermana mayor, Amity, se hizo aquí su vestido de Yule —hará ya ocho años—, era idéntico al que ahora intentan ajustarle, con escaso éxito, a Emeline Hunt.

Y aunque ese diseño rancio le favorece el tono de piel, yo soy una bruja moderna, y necesito algo fresco y nuevo que lucir.

No, esto no vale. Y ustedes tampoco. Buenos días y buena suerte, brujas.

Constance lanza una mirada al resto de personas que han dejado de moverse para observar la escena. Luego se vuelve hacia mí, me sonríe, me toma del brazo y susurra, en un tono sospechosamente alto:

—He oído que Moore & Kettle están confeccionando el vestido de la princesa regente. Tendríamos que haber ido allí desde el principio, aunque me temo que estarán desbordados. Vámonos rápido, a ver si todavía nos pueden hacer un hueco.

Constance me lleva hacia la salida, y noto que no somos las únicas que se marchan.

La mayoría de los clientes de la tienda nos siguen calle arriba, hacia Moore & Kettle.

Pero Constance no se detiene allí. Me lleva del brazo directamente más allá del escaparate, donde la señora Moore observa, atónita, cómo una multitud de brujas y brujos se le echa encima.

—¿Cómo sabías lo de la princesa regente? —le pregunto, aferrándome a ese tema para no pensar en cómo me he sentido antes.

—Oh, no tengo ni idea de dónde piensa hacerse el vestido Su Alteza Real —sonríe Constance—. Pero de lo que sí estoy segura es de que no será en Taylor & Hughes.

—¡Constance! —Me deja sólo un poco escandalizada.

—¿Estás bien?

Asiento, ya casi recuperada del sonrojo.

—Estoy bien. Es algo a lo que una se acostumbra.

—No deberías tener que acostumbrarte. Serán ignorantes… —murmura, mirando de reojo hacia la tienda—. Sigues siendo la misma Aurelia de siempre.

Le sonrío, pero no le digo que eso no es verdad. No me siento igual. Todo lo que creía ser, todo lo que pensaba que iba a ser, ha cambiado. Al principio me aterraba, pero ahora siento que estoy creciendo dentro de esta nueva Aurelia, y me emociona la persona en la que me estoy convirtiendo.

Constance me guía con suavidad hasta la puerta de otra modista. Yo me resisto un poco.

—Sabes… creo que mejor dejaré que madre me encargue algo —sugiero, negando con la cabeza mientras miro la puerta. El elegante rótulo sobre la entrada reza: «Goth & Drake: atuendos para la bruja sofisticada».

—Por favor, Aurelia, hazlo por mí. No tienes que comprarte un vestido, pero necesito que me ayudes a elegir uno porque… bueno, porque hay un ser mágico que me gusta muchísimo, y quiero causar buena impresión.

Espero con todo mi corazón que sea Vaughn, y la forma en que Constance me mira, con cierta timidez, me conven- ce de que así es.

—Sea quien sea, sería imbécil si no te correspondiera. Estaré encantada de lanzarle una maldición si te rompe el corazón —le aseguro, mirándola con seriedad. Luego le tomo la mano y la conduzco al interior de la tienda.

El dependiente nos dedica una sonrisa, primero a mí, luego a Constance.