Capítulo diecisiete
Diecisiete
-¿Q uieres venir con nosotras, Vaughn? —le pregunto.
—No, no, id vosotras y divertíos sin mí.
Martyn y yo vamos de compras mañana, y no te imaginas lo que tardo en elegir el conjunto adecuado.
Martyn también: tiene obsesión por que el sombrero le combine con los zapatos —añade, lanzando una mirada a Constance—.
Además, quiero que sea una sorpresa. Esperaré a ver vuestros vestidos en Neoards. Seguro que estaréis guapísimas.
Constance sonríe de oreja a oreja cuando salimos de casa, con las invitaciones bien sujetas.
Todavía no sé cómo ha conseguido Nightly que el Baile de Yule se celebre en Neoards, pero tengo toda la intención de sonsacárselo la próxima vez que nos veamos.
Siento que la magia está guiándonos a él y a mí hacia las runas Golowhe, y que, para nosotros, Yule es mucho más que disfraces mágicos, bailes y emparejamientos…
aunque no voy a negar que también me ilusiona todo eso.
No puedo dejar de pensar en las tres runas que he encontrado, y me cuesta resistirme a escribirle a Nightly para contarle mis últimos hallazgos.
Pero, cuando Constance me toma del brazo y empieza a hablar emocionada del baile, aparto las runas de mi mente y las sustituyo por vestidos nuevos, amores y emparejamientos mágicos…
sobre todo entre mi hermano y mi mejor amiga.
Mientras Constance y yo caminamos por las calles abarrotadas de brujas y brujos, me ronda la idea de preguntarle por Vaughn, pero no sé muy bien cómo sacar el tema.
Quiero saber si va en serio con él, con su magia, con la posibilidad de que lleguen a forjar un vínculo.
Estoy segura de que a él le interesa, aunque los dos tienen muchas otras opciones.
Pero, aun así, no quiero que mi hermano acabe llevándose un desengaño.
Y como quiero a Constance casi tanto como a Vaughn —a veces incluso más—, tampoco quiero que terminen hiriéndose si al final sus sentimientos no son los mismos.
—¿Recibiste flores? Por lo de Samhain —pregunto, recordando que mamá comentó que Vaughn había salido corriendo.
—Unas cuantas —responde, sin mucho entusiasmo.
—¿De alguien que conozca?
—Probablemente... al fin y al cabo, todos debutamos esta temporada —y luego añade—: Bertram Downing y Saskia Von Hess firmaron las suyas, pero había otros tres ramos sin nombre.
—¿Tienes idea de quién te los enviaba?
Ella niega con la cabeza.
—Vi que tú también habías recibido un ramo. De Nightly.
—Sí, después de que Sebastian...
—¡Te atacara!
—¡Fue un accidente, Constance!
—Ja. ¿Y sabes qué? Ese gusano ni siquiera se disculpó.
Debería haberte pedido perdón con un campo entero de flores, por eso y por todas las pequeñas humillaciones que te ha hecho pasar desde la Luna de Trueno.
Se quedó pasmado… después de haberte tirado al suelo.
Tú ahí sangrando y él con la escoba en la mano, sin hacer nada.
—Tal vez estaba aturdido.
Constance resopla.
—Entonces debe de ser su estado natural. En cambio, Nightly... ése sí que es pura acción. ¡La forma en que apareció! —se entusiasma—. Tendrías que haberlo visto. Bueno, lo viste, pero estabas toda... —pone los ojos en blanco y echa la cabeza hacia atrás de forma teatral.
—¡No! —protesto entre risas al ver cómo me imita.
—Nightly estuvo sereno, centrado… y fue todo un caballero.
¡Ah! Y furioso con Sebastian; por un momento creí que le iba a lanzar un conjuro allí mismo —suspira—.
Si vosotros dos no fuerais... lo que sea que seáis, y si yo no tuviera a otra persona en mi punto de mira, te juro que lo apuntaría con mi varita —sonríe—.
No sé por qué tú no lo haces; está clarísimo que está colado por ti.
Pero es como si te contuvieras todo el tiempo.
Ya sé que no podéis forjar un vínculo, ni compartir una vida mágica…
pero podríais compartir una vida de amor.
«Salvo que él no está colado por mí. Sólo es un gran actor», me digo a mí misma.
—Constance, a él no le intereso de esa manera. Es... complicado —No puedo decirle que todo esto es una farsa, que no soy más que una herramienta para fastidiar a su madre, ni que rechazó mis besos.
—Pues a mí no me parece tan complicado —replica.
No quiero seguir con esta conversación. Estoy intentando reprimir lo que siento por Nightly, y cada día me cuesta más aceptar que él no siente nada por mí. Trato de cambiar de tema.
—Sabes... Sebastian ha pasado por muchas cosas. Tal vez de verdad se quedó paralizado —sugiero.
Constance se detiene en seco y se vuelve hacia mí.
—No, Aurelia. Lo siento, pero eres mi mejor amiga, y ha llegado el momento de que oigas esto.
Tú has sufrido un duro golpe; y él, ha salido corriendo.
¿De verdad quieres eso? ¿A alguien que huye de ti?
¿No preferirías a alguien que corre hacia ti, que te recoge en brazos y hace todo lo posible por ayudarte?
Sé que es difícil, sé lo que sentías por Sebastian.
Y aunque sus sentimientos hacia ti alguna vez fueran similares…
En el fondo, ¿de verdad vale la pena? Los vínculos mágicos funcionan mejor cuando la magia y los sentimientos están alineados.
Y esos sentimientos no tienen por qué ser amor, igual que la magia no tiene por qué ser descomunal, pero sí tienen que ser mutuos.
Y si me dices que lo amas, voy a tener que retarte a un duelo para que entres en razón, porque él no te ama, Aurelia. No de verdad. No como debería.
Hace una pausa y respira con un leve temblor.
Sé que tiene razón. Casi lo tengo asumido… pero aun así duele.
—¿Y tú qué sabes del amor y de los vínculos? —le espeto, y noto la amargura en mi voz.
—De vínculos, aún nada. Pero sobre el amor sí sé.
Te quiero, Aurelia. Y no quiero verte renunciar a algo bueno por la esperanza inútil de algo malo —Constance suspira y toma mi mano entre las suyas—.
Una de las razones por las que somos tan buenas amigas es porque sé que, cuando te empeñas en algo, no hay quien te pare.
Pero te pido, por favor, que lo mires todo con objetividad.
Que reconsideres. Si alguien me tratara como te está tratando Sebastian… ¿qué me dirías tú? ¿Qué harías?
—Ya lo habría hecho, y tendría las cicatrices mágicas para demostrarlo —respondo. Y lo digo en serio.
Alzo la mirada al cielo y suelto un largo suspiro.
Me he aferrado tan fuerte al último hilo que me unía a Sebastian que, ahora que pienso en cortarlo por lo sano, me invade el pánico.
Sin embargo, Sebastian dejó de ser mío en el momento en que recibí mi magia.
Las lágrimas anegan mis ojos grises, y dejo que se derramen.
Constance me abraza con fuerza. Lloro porque, al cortar ese lazo, me siento libre.
No me había dado cuenta de lo mucho que necesitaba dejar atrás a Sebastian, de que era yo quien seguía atada a él todo este tiempo.
—Venga, vamos a buscar los conjuntos más espectaculares para Yule —me propone—. No para gustar a Sebastian, ni a Nightly, ni a nadie. Para gustarnos a nosotras mismas.
—Me parece perfecto —respondo y enlazo mi brazo con el suyo a la vez que me seco las lágrimas.
El Baile de Yule es uno de los grandes momentos de la temporada de debutantes.
El año pasado, la temática fueron las constelaciones, y recuerdo que Vaughn llevó un traje dorado espectacular, con una máscara en forma de estrella.
Le pregunté si no era demasiado, y me respondió: «Para el Baile de Yule, nada es demasiado».
Avanzamos con brío por las calles de la sociedad mágica y Constance me va enumerando los vestidos y máscaras que han llevado sus hermanas a lo largo de los años.
Y empiezo a comprender que Vaughn tenía razón.
—Creo que voy a optar por algo voluminoso, con más capas que un pastel de nata —suelta con una sonrisa—. No termino de decidir si quiero ser un cisne blanco o uno negro.
—Siempre puedes ser ambos. Usa un hechizo de ilusión para cambiar de color a medianoche.
Constance respira hondo, emocionada:
—¡Eso es genial!
Los hechizos de ilusión o camuflaje son magia primaria inestable; permiten alterar temporalmente el aspecto de cualquier ser vivo.
Pero, al ser magia primaria, no tienen la duración ni la potencia de un hechizo de transformación de magia secundaria, y se rompen con facilidad.
Por su carácter engañoso, este tipo de magia suele estar prohibido por el Real Consejo Mágico, y usarla sin licencia conlleva castigos...
severos. No obstante, hay ocasiones —como el Baile de Yule— en las que los hechizos de ilusión forman parte de la tradición.
Para los debutantes, es uno de los momentos culminantes del año: la oportunidad de pasar una noche de incógnito, de convertirte mágicamente en una versión distinta de ti… La idea resulta embriagadora.
—Tengo muchas ganas de usar un hechizo de ilusión —confieso—. He pensado en volver a parecerme a como era antes.
Imagino mi pelo blanco convertido de nuevo en un castaño brillante, mis ojos ahumados transformados en un color miel cálido. En mi mente también sonrío, con la piel luminosa y radiante, como antes.
Constance frunce un poco el ceño.
—¿Y eso no va contra la norma de ir de incógnito a un baile de máscaras? —pregunta, y luego añade—: Además, me he acostumbrado tanto a verte como eres ahora, que se me hará raro verte como antes.
Pero yo tengo muy claro lo que voy a hacer.
La idea me ronda desde que Nightly me pasó la invitación y leí la palabra «hechizo de ilusión».
Si he de ser sincera conmigo misma, quiero que Nightly me vea como era antes.
Y si he de ser muy sincera, es porque también me pregunto si habría querido besarme si no estuviera maldita.
Un escalofrío de emoción me recorre de arriba abajo al pensar en Nightly y en sus labios. Tomo la mano de Constance y la arrastro hasta Seven Dials, donde están las modistas más mágicas de todo Londres.