Capítulo quince #2
—Oh, de verdad es una excursión educativa —comento al subir la escalinata y entrar en el enorme edificio.
—Sí, pero también deberías saber que es muy probable que te trajera aquí si te estuviera cortejando de verdad —asegura.
—Ya veo. Guardando las apariencias.
Él se encoge de hombros.
—Sólo si hay alguien mirando.
Y me pregunto si alguien lo hace.
Entre las exposiciones llegadas de todo el mundo hay reliquias mágicas.
Noto cómo su magia vibra a mi paso. Pienso en la llamada de la magia, en cómo está imbuida de muchos elementos sutiles procedentes de las brujas y brujos que la crearon, llena de la singularidad de la tierra en la que se forjó, y creo de corazón que muchos de estos objetos serían más felices en su tierra de origen, donde sus vibraciones estarían en sintonía, donde volverían a estar en armonía.
Cuando llegamos a la sección dedicada a la magia de las islas Británicas, noto una gran concentración de magia ancestral que me hormiguea en la piel, atrayendo la magia que llevo en los huesos.
—He estado investigando sobre nuestros antepasados.
—¿Mathilde Wycherley y Heston Nightly?
Nightly asiente y nos internamos en las salas dedicadas a la magia, pasando por las exposiciones de la Primera y la Segunda Era, hasta llegar a la Tercera.
—Me dio que pensar lo que me contaste: que Mathilde conocía el tercer grupo de runas mágicas, las runas Golowhe, y que esas runas existieron en una época en la que no era necesario forjar vínculos.
No sólo eso: tú has encontrado dos de esas runas desde que recibiste tu magia.
No existe la casualidad cuando se trata de magia.
—Mi padre solía decir lo mismo sobre las casualidades y la magia.
La expresión de Nightly se suaviza.
—Mi padre siempre dice que Ulric le Fay fue la mente mágica más brillante de su generación. Lamento que lo hayas perdido —dice con una voz llena de sentimiento, y yo me doy la vuelta.
—Fui yo quien lo encontró, cuando ya era demasiado tarde.
Pero detesto pensar que ya no está aquí.
Me resulta más fácil imaginar que sigue tras la puerta sellada de su hechizorio o, y sé que suena ridículo, que una pequeña parte de él vive en la magia salvaje.
Que de alguna forma es él el que empuja estas casualidades mágicas en nuestra dirección. Sé que es imposible.
—Muchas cosas parecen imposibles… hasta que alguien demuestra que no lo son —responde Nightly—.
Creo que tu padre tenía razón al decir que la magia nos guía, que no es casualidad que tú hayas heredado la maldición de tu familia y que tú y yo estemos trabajando juntos para descifrar todo esto.
No puedo quitarme de la cabeza la idea de que nosotros, una Wycherley y un Nightly, estamos siguiendo los pasos de Mathilde y Heston…
terminando algo que ellos empezaron. ¿Recuerdas aquella escuela desaparecida?
—Claro, Wynne Hordes. Revisamos todos los archivos y no encontramos ni una sola mención, salvo en la documentación original, que decía que se suponía que estaba en algún lugar cerca de Cambridge.
—Lo está —dice Nightly, con los ojos brillando de emoción.
—No, no lo está, lo he comprobado —respondo con seguridad… hasta que veo la expresión de su rostro. Me guía hacia una antecámara donde hay una exposición sobre la historia de las doce escuelas mágicas de Britania. Me arrastra hasta un panel informativo.
—¿Neoards? —dice Nightly—. Pronúncialo rápido, con una W delante.
—Se parece… pero no es lo mismo —niego con la cabeza.
— Sí lo es. Mira —señala un pergamino, los planos arquitectónicos originales de la escuela, y en una esquina está firmado.
—«H. N. y M. W.» —leo, un poco desconcertada.
—Heston Nightly y Mathilde Wycherley —revela Jules, con una sonrisa de satisfacción.
Contengo el aliento… ¿será verdad? Luego niego otra vez con la cabeza.
—Estos planos son distintos a los de Neoards: para empezar, éste tiene forma cuadrada y Neoards es un triángulo.
Nightly me mira, y siento el peso de su mirada cuando razona:
—Los planos cambian.
Sé que me he puesto colorada al pensar en cómo, definitivamente, mis propios planes respecto a él también están cambiando.
—Pero sigo sin ver qué tiene esto que ver con las runas —intento desviar la conversación.
—Pues… —empieza a caminar por la exposición, y lo sigo—. Me puse a leer todo lo que encontré sobre Neoards, y en un libro de historia del arte encontré una referencia a la tumba del brujo sin vínculo. Y aquí hay una pintura de él.
Ante nosotros hay una acuarela de una gran tumba, con la efigie de un brujo esculpida sobre ella. El brujo parece estar dormido, con las manos entrelazadas sobre el pecho, la capa cayendo por los laterales del sepulcro, que lleva a su alrededor una especie de friso con runas oscuras y extrañas.
—¡Las runas Golowhe! —exclamo.
—Eso creo —dice Nightly, con una sonrisa.
—¿Y ése es… Heston Nightly? —pregunto, observando el rostro del brujo. Nightly saca su cuaderno. Dentro hay un retrato copiado de su antepasado, unido por una línea roja al de Mathilde Wycherley.
—¿Has pintado tú estos retratos? —pregunto, y él asiente—. Son muy buenos.
Miro del cuadro de la tumba al dibujo.
—Es él —afirmo.
—Yo también lo creo —coincide Nightly—. Y fíjate en la descripción.
Señala la cartela junto a la pintura y lee en voz alta: «Los grabados rúnicos en la tumba del brujo sin vínculo podrían darnos una pista sobre su identidad, pero no pertenecen a ningún sistema de runas conocido por la magia.
La cuestión de su identidad y de por qué fue enterrado solo, y no junto a su vínculo —como es costumbre desde la introducción de la magia vinculada—, sigue siendo un misterio.
Es evidente que fue un brujo importante en su tiempo, como demuestra que fuera enterrado en el centro de una de las escuelas mágicas más prestigiosas del país».
—Runas. No sólo las dos que he encontrado. Todo un sistema. Si pudiéramos verlas, tal vez averiguaríamos de qué se trata —la emoción en mi voz es evidente, y Nightly asiente con entusiasmo—. Tenemos que visitar Neoards. Tenemos que ver esas runas.
Sé que es la siguiente pieza del rompecabezas.
Nightly me tiende otro sobre sellado. Rompo el sello de la carta y la despliego.