Capítulo quince
Quince
V aughn y yo regresamos por fin a casa pasada la medianoche.
Tras la ceremonia hubo un festín y bailes, música y mucha alegría.
Vaughn no se separó de mí en toda la velada.
Quise bailar con Jules, preguntarle si mi esfera lo había elegido, pero, aunque Vaughn me hubiera dejado, no me atreví.
Me asustaba la respuesta. Me aterraba que no fuera así… y también que sí lo fuera.
No lo vi bailar en ningún momento; se mantuvo en las sombras del salón y, cuando nuestras miradas se cruzaban, no dejaba traslucir nada, ni una sola señal de que mi magia también lo hubiera escogido a él.
Al terminar la velada, estaba convencida de que no había sido así.
Si mi magia lo hubiera elegido, él lo habría dicho, por muy protector que se pusiera Vaughn.
Durante el vuelo de regreso, Constance me contó que había recibido ocho esferas y me las describió una por una con todo detalle. Vaughn estaba inusualmente callado; le pregunté si había igualado su récord de once esferas en su año de debutante.
—Lo he superado: catorce —respondió—. Pero no importa cuántas esferas te elijan. Sólo necesitas una: una bruja y su magia que te acompañen toda la vida.
Y volvió al silencio. Una parte de mí cree que hablaba de mí, aunque ni él mismo lo supiera. Aún podía saborear la magia de Nightly, pero ese sabor se iba apagando con cada instante que pasaba.
No me di cuenta hasta que aterrizamos en la plaza Hemlock y vi a Sebastian subiendo las escaleras de su casa de que no sentía ni la más mínima decepción de que no hubiera sido su magia la que me encontrara.
Vaughn acompañó a Constance hasta su puerta, y cuando llegué a la nuestra, me giré y vi que él había entrelazado su mano con la de ella. Sentí una oleada cálida de dicha por los dos.
Caí rendida en la cama y me enterré bajo las mantas… Enseguida estuve soñando que Jules Nightly me llevaba en sus fuertes brazos.
—¿Dónde estuviste anoche? —le pregunto a mi madre al bajar la escalera y encontrarla en el vestíbulo. Tiene aspecto cansado, y estoy casi segura de que lleva la misma ropa de la noche anterior—. ¿Has dormido algo?
Ella niega con la cabeza.
—Frances y yo acabamos de llegar. Anoche hubo otro asesinato —responde con voz tensa. Extiendo los brazos para abrazarla.
Los disturbios y los asesinatos, sumados a sus obligaciones habituales en el consejo, empiezan a pasarle factura. También a Frances, que bosteza mientras prepara el desayuno y sirve el té en tres tazas.
Tengo un mal presentimiento en la boca del estómago. Quiero preguntar por el asesinato, pero sé que no es el momento. Además, seguro que pronto saldrá en los periódicos.
—¿Dónde está Vaughn? —pregunto en su lugar, y me siento a la mesa a tomar el té.
—Acaba de irse. Vio las flores que recibiste y salió corriendo a hacer un recado. Sospecho que tiene a alguna joven bruja a la que enviarle una rosa o dos —bromea mi madre.
Sonrío porque creo que sé quién es esa bruja.
Me recuesto un poco en la silla y, al mirar hacia el salón, veo el ramo con las rosas que Nightly y yo conjuramos.
—Aurelia, ¿qué te ha pasado en la cabeza? —pregunta Frances al sentarse a mi lado. Mi madre se coloca junto a mí de inmediato, y les explico lo que ocurrió con Crenshaw y cómo Nightly me tomó en brazos y me puso a salvo.
—Claro. Eso explicaría por qué el chico Nightly te ha enviado flores…
otra vez —ironiza mi madre, con un tono en la voz que no tiene nada que ver con el cansancio—.
Demelza Nightly fue muy seca conmigo la última vez que la vi.
Creo que fue por tu culpa, y por esa atracción que Jules Nightly siente hacia ti.
Escupo el té. Nightly no siente ni el más mínimo interés por mí.
Soy su pasaporte para acceder a los lugares a los que quiere llegar…
y una forma de vengarse de su madre por lo de Evelyn.
Puede que su magia tenga ideas propias, pero no están alineadas con su corazón.
Me sigue avergonzando haberle pedido que me besara y que no lo hiciera, y me duele la frialdad con la que se mantuvo a distancia anoche.
Pongo los ojos en blanco cuando entro en el salón, de espaldas a mi madre y a Frances. Recojo la nota del ramo de rosas y rompo el sello.
Querida Aurelia:
Espero que la herida que sufriste anoche no te haya causado demasiadas molestias y que ya estés recuperada.
He intentado escribir esta nota varias veces y he puesto en práctica todo lo que he aprendido en Escribir con el corazón, pero soy un pésimo alumno en lo que respecta al lenguaje del amor, así que espero que nuestras flores hablen por mí.
Si lo consiguen, deseo que te digan lo mucho que me alegra que anoche no sufrieras ningún daño grave.
Y que también te cuenten que, la próxima vez que vea a Crenshaw, tal vez tenga que retarle en duelo. Espero que estés dispuesta a secundarme, si no es molestia.
Nightly
P. D.: Nos vemos en la biblioteca. A las dos en punto.
Leo la nota deprisa; casi puedo sentir la mirada de mi madre clavada en mí.
Me arden las mejillas y entonces recuerdo que todo esto forma parte de nuestra farsa, y que cualquier sentimiento que surja no es real, sólo un efecto secundario de nuestras emociones fingidas.
—¿Debería preocuparme? —pregunta mi madre, alzando una ceja, cuando vuelvo a la mesa. Da un sorbo a su té.
—No, madre —respondo y me guardo la carta en el bolsillo.
—A mí me cae bien el chico Nightly —comenta Frances—.
Nell, no puedes culparlo de todo lo que ha hecho su familia.
Por lo visto, tiene una mente ágil y buenos reflejos, y además creo que debe de ser una buena persona, con más madurez de la que le corresponde, si ha decidido apuntarte con su varita, Aurelia.
Mi madre lanza a Frances una mirada severa, pero luego se suaviza al volverse hacia mí.
—Aurelia, me alegra que estés haciendo… nuevas amistades —señala—. Sé que desde que llegó tu magia las cosas no han sido fáciles para ti. Sólo me preocupa que el chico Nightly sea otra fuente de tristeza. De esto no puede salir ningún vínculo, y eso me hace dudar de sus intenciones contigo.
—Te aseguro, madre, que sus intenciones con respecto a nuestra…
amistad no son más oscuras que las mías —miento—.
Jules Nightly y yo compartimos un interés común, nada más.
Es la única persona lo bastante valiente —o temeraria— como para hacer magia secundaria conmigo, y le estoy agradecida por ello.
— Eso es lo que me preocupa, que te esté llenando la cabeza de expectativas poco realistas. Demelza Nightly cree que hay algo más entre vosotros dos.
Niego con la cabeza.
—Se equivoca, y mis expectativas son perfectamente realistas. Al final de esta temporada, él forjará un vínculo y se irá a una escuela mágica, y yo esperaré mi año de gris claro… y disfrutaré de la magia que tengo durante el tiempo que me quede.
Mi madre asiente, y me alegro de que al menos una de las dos esté satisfecha.
—Ahora, cuéntanos todo lo divertido que ocurrió anoche —exige Frances.
Nightly me espera en el vestíbulo de la biblioteca cuando llego. Está sentado en una de las butacas bajas pero, cosa rara en él, no tiene ningún libro entre las manos. Lo veo a través del cristal de la puerta, absorto en sus pensamientos.
Empujo la puerta y, en cuanto nuestros ojos se encuentran, siento un extraño aleteo en el estómago: vergüenza por cuando me encontró tirada en el suelo, gratitud porque me recogió y me llevó con un sanador, y nerviosismo porque su magia vino a buscarme.
Se pone en pie y camina hacia mí, con pasos largos y decididos; su capa gris oscuro se agita un poco tras él.
Me recuerda a la primera vez que lo vi, de camino a la celebración de Mabon, antes de saber quién era.
Me había parecido atractivo, y ahora sé que, desde aquel momento, ya no tenía escapatoria, por mucho que luchara en vano por no sentir nada por Jules Nightly.
Trato de convencerme de que estas emociones no son reales, de que en realidad no son más que un truco de su magia llamando a la mía… y nada más.
Se detiene frente a mí y alzo la vista para mirarlo.
—¿Cómo te sientes hoy?
—Bien, gracias —respondo, algo seca, intentando mantener a raya mis emociones.
Dirige la mirada al costado de mi cabeza, donde me golpeó la escoba de Sebastian.
—¿Puedo? —pregunta, y yo asiento con un leve gesto. Entonces me coloca una mano en la mejilla y, con las yemas de los dedos largos, me aparta el cabello. Me examina como a un espécimen, recorre con un dedo la cicatriz plateada.
Un escalofrío delicioso me recorre el cuello… y algo más. Cierro los ojos un instante y respiro hondo por la nariz para controlar mi acelerado pulso.
—Tuviste suerte de que Crenshaw no te matara. A mí me faltó poco para no matarlo yo a él. Al fin y al cabo, es mi rival por tus afectos… y estamos en pleno cortejo fingido. Seguro que la gente empezará a hablar si no trato de acabar con él —razona con una sonrisa maliciosa, enarcando una ceja.
«Ah, sí… el cortejo fingido». Excepto que mis sentimientos ya no son tan fingidos.
—Entonces tendrás que hacer cola detrás de Constance y Vaughn —le expongo.
Me alisa el pelo con cuidado y, durante un instante, me sostiene la cara entre las manos. Trago saliva, porque la forma en que me mira despierta mucho más que mi magia.
—Tengo algo para ti —indica, y me entrega un sobre.
—Ésta no es tu letra —observo.
—No, no lo es.
Giro el sobre y veo el sello del Real Consejo Mágico.
—¿Se te han pegado mis dotes de falsificadora?
—Bueno, muchos de tus malos hábitos ya han empezado a influirme —responde, y con un gesto teatral, me quita el sobre de las manos—.
Pero pensándolo bien, quizá esto requiera antes un poco de contexto.
—Se guarda el sobre en el bolsillo de la capa—.
¿Te apetece una excursión educativa? —me ofrece el brazo.
Mientras caminamos, no dejo de atosigarlo con preguntas sobre nuestro destino.
—Enseguida lo verás —responde.
Al cabo de un rato nos encontramos delante del Museo Británico.