Capítulo trece #3
La cabeza me vuelve a dar vueltas. Me pesa tanto que la apoyo contra su pecho y cierro los ojos mientras el mundo se desvanece otra vez. Respiro hondo: huele a libros antiguos y tinta.
—Nightly —susurro.
—Tranquila, Wycherley, te tengo —responde. Su cabello, demasiado largo, me roza la coronilla y oigo el ritmo acelerado de su corazón mientras avanza hacia el edificio. Percibo algo más bajo el aroma a libros y tinta, algo dulce, profundo y terroso: el olor de su magia.
Mi cuerpo se relaja, y me dejo llevar por la sensación de estar tan cerca de él, tan cerca de alguien.
Había imaginado que durante mi año como debutante disfrutaría de muchos momentos de esa cercanía, pero parece que la única forma en que voy a conseguir que un ser mágico me lleve en brazos es si hay de por medio un buen porrazo.
Suelto una risita nerviosa al pensarlo, y Nightly me mira un tanto consternado.
En cuanto entramos en la Casa Nessbrugh, Nightly pide ayuda.
Me deposita con cuidado en un pequeño diván y se acerca una pareja que comparten vínculo mágico musitando conjuros apresurados de sanación.
Percibo el aroma punzante de la magia y las hierbas mezcladas.
Noto que me posan una taza en los labios.
La infusión sabe dulce y cálida. Mi mente se despeja y vuelvo a ver con nitidez.
—Aurelia —dice Nightly, y dirijo la mirada hacia él.
Veo que tiene en la mejilla una mancha roja de mi sangre, y me llevo la mano a la cabeza otra vez.
Nightly aprieta la mandíbula, y al retirar los dedos los veo manchados de sangre.
Nunca he sido demasiado aprensiva, pero esto me provoca un nuevo vahído.
—Quietecita ahora. —Un miembro de la pareja sanadora pasa la mano que lleva la varita de pulsera sobre el corte, y veo un pequeño resplandor emanar de ella.
Luego me limpia la frente con un paño húmedo y elimina toda la sangre que me cubre el rostro.
Caigo en la cuenta de que es el mismo brujo que me curó en Mabon.
De inmediato puedo pensar y ver con claridad otra vez: a Jules Nightly, luego más allá, a Constance... y, a su lado, Sebastian.
—Sólo quería ver... asegurarme de que... —balbucea Sebastian antes de apartar la mirada; tanto Constance como Nightly lo están fulminando con una expresión que bien podría ser un hechizo. Sebastian gira sobre sus talones y sale de la sala, y para mi sorpresa, me alegra que se haya ido.
El brujo sanador me toma del rostro para examinar su trabajo.
—Quedará una pequeña costura mágica, pero la cicatriz apenas se notará.
Su pareja mágica saca un espejo, y observo detenidamente la marca. Si inclino el espejo un poco, se ven las ondas de magia que mantienen unida la piel.
Nightly se arrodilla a mi lado, me contempla con atención y sonríe. Me susurra, sólo para que yo lo oiga:
—Estás radiante, Wycherley. Creo que esta marca te sienta de maravilla, como si hubieras cruzado la línea que va de travesura a delito grave.
Pasa los dedos por encima de la cicatriz y se me corta la respiración.
—¿Y cuál es mi delito? —pregunto.
—Hurto, diría yo. Esta noche te has llevado muchas cosas, incluida la lengua de Crenshaw. Esta cicatriz parece un hilo de luz robado a las estrellas y, si cabe, te hace aún más peligrosamente hermosa.
—Veo que has estado leyendo Escribir con el corazón .
Me sonríe.
—Te diré que esa frase es de cosecha propia.
Nightly me ofrece la mano y yo la acepto; bajo las piernas del diván. Él se pone en pie y me ayuda a levantarme.
—¡Aurelia! —grita Vaughn cuando entra corriendo en la sala, seguido de Martyn.
Suelto la mano de Nightly de inmediato—.
Nunca debería haberte dejado sola con Constance.
¿Estás bien? Crenshaw me ha contado lo que pasó.
Estoy por retarlo a un duelo. ¿Quieres que nos vayamos a casa?
Seguro que podemos conseguir unos caballos.
Niego con la cabeza, sólo me duele un poco.
—Vaughn, estoy bien, de verdad. Esta magnífica pareja sanadora me ha atendido de maravilla al igual que, por supuesto, Nightly y Constance.
Sólo entonces Vaughn se digna a reconocer la presencia de Jules con una mirada hostil.
—Gracias por ayudar a mi hermana, Nightly. Estoy seguro de que, sin duda, volverás a darme una lección sobre cómo debería velar por su seguridad. Te aseguro que no me separaré de ella el resto de la noche para asegurarme de que no vuelva a sufrir daño alguno.
Un momento tenso se interpone entre ellos hasta que Nightly da un paso hacia Vaughn con las manos alzadas.
—No habrá sermón esta noche, Wycherley —suelta con ese tono suyo que siempre lleva más humor que veneno—. Me alegra que estés bien, y me despido por ahora.
Nightly se inclina levemente antes de despedirse de Constance, Martyn y de la pareja sanadora.
—¿De verdad tienes que ser tan desagradable con él? —le espeto a Vaughn.
—¡Sí! —responde sin rodeos—. Y tú también deberías serlo. No olvides lo que te ha hecho, Aurelia.
Pero no fue Jules quien me lanzó la maldición. Él sólo ha hecho cosas por mí, no contra mí. Eso tampoco puedo olvidarlo.