Capítulo trece #2
Volar me hace sentir libre como nunca antes.
No pienso en lo que hago, dejo que Ankoth se deslice por el aire con suavidad, y tengo la sensación de que es la noche la que gira a mi alrededor.
Al dejar atrás Londres, veo una procesión de antorchas; quienes las portan no visten de negro ni llevan capas de bruja.
Pienso en las brujas y brujos asesinados y en lo mucho que me gustaría alejarme de todos los problemas que se están acumulando…
y de la incertidumbre de lo que aún pueda ocurrir.
—¡Aurelia!
—¡Constance!
—¿No es lo más divertido del mundo? —Constance saluda con la mano, y al hacerlo, su escoba cae en picado. Vaughn y yo nos lanzamos tras ella, pero antes de que lleguemos a su altura, recupera el control y empieza a reírse.
—Perdón, no he podido resistirme —suelta, con ese brillo en los ojos que le conozco bien, y yo me río con ella. Pero Vaughn no se ríe. Tiene cara de estar a punto de vomitar.
—¿Estás bien, Vaughn? —le grito.
—¡Sí, claro! Sólo que… no lo vuelvas a hacer, por favor. Creía que… —Mira fijamente a Constance, que deja de reír.
Entonces Vaughn se acerca a mí y me susurra:
—Voy a buscar a Martyn. ¿Por qué no vuelas tú con Constance?
—Pero mamá y Frances han dicho que...
—Mamá dice muchas cosas. Estarás bien —responde, mirando de forma significativa a Constance, y luego gira su escoba hacia la derecha y vuela en dirección a Martyn.
—¿Adónde ha ido Vaughn? ¿Ha pasado algo? —pregunta Constance, siguiéndolo con la mirada. Se muerde el labio inferior, como siempre que algo le preocupa.
—Qué va. Ya sabes cómo se pone a veces.
—Sí, pero es porque siente todo con mucha intensidad y lo piensa todo demasiado.
—¿Ah, sí? Yo pensaba que era porque es un hermano… y todos los hermanos son un fastidio —respondo con una sonrisa.
—¡Bueno, las hermanas también son un fastidio! —replica Constance, y mira de nuevo hacia donde se ha ido Vaughn.
Hay algo en su mirada —anhelo, una cierta melancolía— que me hace volver la cabeza a mí también.
Estoy bastante segura de que Constance se está enamorando de Vaughn… y él de ella. De hecho, estoy convencida, por la manera en que ha reaccionado a su acrobacia y por cómo ahora evita mirarla. No es que se esté enamorando, sino que ya está colado por ella.
Me encantaría preguntárselo a Constance, pero no pienso meterme. Son dos de las personas más importantes de mi vida, y si van a tener algo, que sea porque de verdad sienten algo el uno por el otro, y no porque yo me haya entrometido.
—Vaughn me contó una vez que él y Martyn tienen un pacto: si siguen sin vínculo al llegar a su año de capa gris oscuro, se vincularán entre ellos. Tal vez quiera comprobar que aún le queda esa opción —razona Constance, y percibo un leve temblor en su voz.
—Oh, yo creo que sólo quería alejarse de mí, la verdad. Hoy he estado bastante insoportable.
—¿Ah, sí?
—Oh, sí —respondo con una sonrisa traviesa—. Ya sabes cómo somos las hermanas.
Eso la hace sonreír y relajarse. Pero yo vuelvo a mirar a mi hermano, preguntándome en qué estará pensando. Tal vez está nervioso por esta noche... por si su magia elige a Constance y eso cambia las cosas, o por si, por el contrario, sus magias son incompatibles.
Al cabo de un rato, la procesión de brujas y brujos empieza a descender desde el aire. Tenemos debajo la Casa Nessbrugh, sede de la escuela mágica que lleva su nombre. Más que una casa, parece una hacienda: un castillo rodeado de amplios jardines, con un edificio imponente rematado por torretas.
Como todas las escuelas mágicas, aquí se imparten las seis disciplinas de la magia: el Aliento, la Sabiduría, la Justicia, la Concordia, los Misterios y la Curiosidad.
Y, al igual que ocurre con muchas otras, Nessbrugh tiene su especialidad: es el lugar donde suelen formarse quienes se integran en el Círculo del Aliento.
Sé que éste es el lugar al que Vaughn quiere ir.
Los terrenos están iluminados con llamaradas umbrías —grandes fuegos mágicos contenidos en estructuras metálicas— que nos indican dónde aterrizar.
Constance desciende con elegancia, se desliza suavemente hasta el suelo y, tras dar un par de pasos para frenar, recoge la escoba al aterrizar.
Llego justo detrás, tropezando, a punto de caer, pero me enderezo en el último instante gracias a un leve empujón de Ankoth que me guía.
No veo a Vaughn, así que supongo que ya habrá empezado a caminar hacia la escuela con Martyn.
Constance va un paso por delante de mí cuando, de pronto, se oye un grito a nuestra espalda.
Me doy la vuelta de inmediato y apenas tengo tiempo de darle un empujón para ponerla a salvo…
antes de que Sebastian Crenshaw me aterrice encima.
El mango de su escoba me golpea en plena cara y me lanza al suelo con un golpe seco que me cruje hasta el cráneo.
Parpadeo varias veces mientras el mundo da vueltas a mi alrededor.
Oigo a Constance pidiendo ayuda y todo se vuelve negro por un momento.
Cuando vuelvo a abrir los ojos, veo un rostro borroso frente a mí, unas manos que me sostienen la cara con suavidad, unos labios que se mueven mientras intento concentrarme en lo que están diciendo.
—Sebastian —murmuro y extiendo la mano para tocarle el rostro.
—¿Aurelia, estás bien?
La voz suena diferente, y cuando mis ojos consiguen enfocarlo, me doy cuenta de que no es Sebastian quien me sostiene la cara ni quien me habla con ese tono apremiante. Es Nightly.
Sebastian permanece completamente quieto en el césped, las brujas y brujos aterrizan un poco más lejos. La luz de las llamaradas umbrías le ilumina el rostro. Me mira fijamente.
—¿Hay algo que pueda hacer? —pregunta, con la voz cargada de preocupación. Y aunque es más de lo que me ha dicho en meses, me zumban los oídos y tengo la cabeza tan confusa que ni siquiera estoy segura de no haberlo imaginado.
Me llevo la mano a la sien y noto la piel llena de sangre pegajosa.
—Creo que ya has hecho bastante, Crenshaw —ironiza Nightly con voz ronca y cargada de veneno—. Prior, ¿puedes ir a buscar la escoba de Wycherley y venir conmigo a la Casa Nessbrugh?
Me recoge con suavidad y me lleva en brazos por la avenida de setos, con pasos largos y firmes.