Capítulo once
Once
U nos días después, cruzo la puerta de casa y dejo el fajo de notas atadas que llevo encima en el aparador del vestíbulo.
Me pongo a rebuscar en el bolsillo de mi capa hasta que doy con la carta que Nightly me hizo llegar la misma tarde en que se fue.
Echo un vistazo para cerciorarme de que no hay nadie de mi familia cerca, la saco y la releo una vez más.
Wycherley:
Mientras esté fuera, pensaré a menudo en ti. Te imaginaré en la biblioteca, absorta en la lectura de todos los libros que me he tomado la libertad de recomendar en el papel que te adjunto.
Si das con algo que quieras compartir conmigo, anótalo, por favor.
Yo, por mi parte, me he llevado un pequeño volumen titulado Escribir desde el corazón. Como aún no he empezado a estudiarlo, te ruego que no juzgues con demasiada dureza este primer intento.
Imagina que he comparado tus ojos tormentosos con el torbellino de emociones que me embarga cuando te veo: un huracán de deseo y anhelo, un vendaval que sólo tus caricias suaves podrían apaciguar.
Tuyo,
Nightly
Me sonrojo y vuelvo a meterme la carta en el bolsillo.
Llegó hace dos días y, desde entonces, he localizado casi todos los libros de la lista…
y releído sus palabras más veces de las que quiero admitir.
Aunque sea una carta de amor falsa, es la única que he recibido —y probablemente la única que reciba jamás—, y hay una parte de mí, una parte muy vanidosa, que se queda sin aliento cada vez que llego al último párrafo.
Oigo movimiento en el salón y me giro hacia allí mientras me quito la capa.
—¡No, déjatela puesta! —chilla Vaughn.
—Hoy ha llegado algo para ti —añade, con una sonrisa amplia y una mirada traviesa, haciéndome señas para que lo siga.
Entro en el salón y veo un jarrón lleno de flores, con una tarjeta asomando. El aroma de camelias, lilas y nomeolvides me envuelve, y siento un leve escalofrío de emoción.
—¿Son para mí? —me da un vuelco el corazón al pensar en Sebastian y en cómo me miró en la Academia, justo antes del duelo… y en el baile de los Prior-Okore.
Alargo la mano hacia la tarjeta justo cuando Vaughn me lo impide:
—Eh… no.
Las flores son para él. La tarjeta va firmada: «Tu ferviente amor».
Sonrío al ver a Vaughn. Puede que sean de su ferviente amor, pero quienquiera que sea, no es el único que lo ama.
Desde Mabon, ha recibido un flujo diario de regalos: flores, bombones, invitaciones a tomar el té, a cenas y bailes…
Yo no he recibido nada, salvo las flores y las notas de Nightly, pero ninguna de ésas puede considerarse un gesto de ferviente amor; son más bien pruebas de las fechorías que estamos cometiendo juntos.
—Mamá me ha pedido que te lo entregara cuando regresaras. Ella y Frances han tenido que salir por un asunto urgente —me informa mientras me alarga un sobre negro. Contengo el aliento, rompo el sello oficial de lacre negro y saco el papel, también negro, que hay en su interior.