Los Wycherley (Los Wycherley 1) Capítulo diez
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Capítulo diez

Diez

-M e han dicho que mis rosas causaron sensación, que te encantaron —presume Nightly.

Está acomodado en un gran sillón del vestíbulo de la Real Biblioteca de la Magia, con una sonrisa que le ilumina todo el rostro.

Ha pasado casi una semana desde el duelo y mi madre por fin me ha devuelto todas mis libertades…

aunque sigue convencida de que, tratándose de Nightly, me las estoy tomando con demasiada alegría.

—¿Encantada? ¿Quién te ha contado semejantes mentiras? —me detengo junto a su asiento y lo miro desde arriba.

—Tengo mis espías, Wycherley.

—No lo dudo ni por un momento —entrecierro los ojos, pero aun así me siento en la silla de al lado.

—No te preocupes. Me aseguré de que mis espías lo anunciaran bien alto mientras Crenshaw estaba lo bastante cerca como para oírlo —parece divertido.

—Qué detalle de tu parte. Las flores son preciosas. Tienen el mismo color que las rosas que hicimos crecer en la Academia. Buen toque.

—Son las mismas rosas. Las hice… ¿cosechar, recoger? ¿Qué se hace con las flores?

—Creo que se cortan.

—En fin, nuestro rosal sigue dándoles quebraderos de cabeza a Platz y Russo, y tengo fuentes muy fiables que dicen que las flores son de rigor en un cortejo… e imprescindibles después de compartir un duelo.

—Aunque el cortejo sea fingido.

—Sobre todo si el cortejo es fingido.

—Tu hermana es esa fuente fiable.

—Lo es. Quería agradecerte que me ayudaras a defender su honor, aunque no estaba precisamente contenta conmigo por ello. Usó la expresión «memo idiota».

Sonrío.

—Bueno, en eso tal vez estoy de acuerdo con ella.

Nightly finge ofenderse.

—La nota que venía con las flores deja mucho que desear —la agito en el aire y él me la arrebata.

—¿Qué tiene de malo? —la lee en voz alta—: «Wycherley, encuéntrate conmigo en la biblioteca el miércoles, a las diez en punto. Nightly». Cumplió su función: estás aquí.

—Sí, pero si alguien más la leyera, sabría que no es una… una carta de amor —respondo.

Él ladea la cabeza.

—Tienes razón. La próxima vez lo haré mejor, por si tu madre lo descubre. La mía siempre dice que a Nell Wycherley no se le escapa ni una.

—Está furiosa contigo, por cierto, por lo del duelo —trato de sonar animada.

Entonces él se pone en pie y me mira desde arriba.

—La mía también está muy enfadada contigo. No por el duelo, claro. Aunque espero que le hayas dejado claro a tu madre que fuiste tú, por iniciativa propia, la que se ofreció a secundarme.

—Yo no dije nada. Fue ella quien me sentó y me soltó una larguísima charla sobre los chicos malos y cómo, al parecer, tienen su atractivo...

—Lo tenemos —interrumpe Nightly con una sonrisa traviesa.

—Pero que nunca llegan muy lejos y acaban rompiendo algo más que corazones; a menudo acaban quebrantando la ley.

—Ya veo. ¿Y ya le has contado entonces lo de tus habilidades falsificadoras?

¿Sabes, Wycherley? Creo que tu madre lo ve todo al revés.

En realidad, los que deberíamos tener cuidado somos los chicos malos: las dulces chicas malditas nos van corrompiendo poco a poco con una cadena de pequeños delitos muy persuasivos.

Le lanzo una mirada asesina.

—¿Vamos a ver si consigo meterte en más líos, Nightly?

Le agito a la cara el permiso para acceder a la Sección Restringida y echo a andar.

Nightly adapta su paso a mi ritmo. Espero que la biblioteca restringida sea la clave, tanto para Evelyn como para mí…

y también para Jules. Aún no sé si hablaba en serio cuando dijo que renunciaría a su magia si no encontraba un remedio.

Hay algo en la forma en que habla de su familia —de su madre, sobre todo— que me pone muy tensa.

Tal vez perder su magia y que su madre lo repudie, junto a su hermana, sea para él en realidad una bendición.

—Tus padres… no están vinculados entre ellos, ¿verdad? —pregunto, dándome cuenta de pronto de lo poco que sé sobre su familia, más allá de la desgracia de su hermana y la mala fama que su apellido tiene entre todos los Wycherley.

—Eso es... Coincidieron en su año de debut, pero sus magias no eran compatibles…

aunque sí se enamoraron. Ahora apenas se soportan.

Pero entonces sabían que lo mejor para los dos era encontrar a otras brujas o brujos con quienes forjar un vínculo mágico.

Mi madre siempre ha sido ambiciosa, mi padre más entregado al deber.

Luce el color rojo del Círculo de la Concordia, luchó junto a Nelson.

Estuvo ausente durante buena parte de mi infancia y de la de Evelyn, protegiendo el reino con su magia, siempre al servicio de la Corona.

»Mi madre es una mujer brillante, pero compleja.

Es investigadora principal del Círculo de los Misterios, junto con su vínculo, Geoffrey Knott —la forma en que pronuncia el nombre del vínculo de su madre no tiene nada de amable, y me doy cuenta de que Nightly libra sus propias batallas en el seno de su hogar.

Bajamos juntos la escalera hacia los niveles inferiores de la biblioteca.

No puedo evitar pensar en que mis padres también tomaron decisiones similares, entre el corazón y la magia.

Eso me arrastra de nuevo a los recuerdos de mi padre: su capa amarilla, los dedos manchados de tinta negra, siempre con un libro en la mano y un hechizo rondándole la cabeza.

Lo echo más de menos que nunca. Estoy segura de que él habría sabido encontrar un hechizo para romper esta maldición.

Y entonces yo no tendría que estar aquí con Nightly.

Pienso en el hechizorio de mi padre, cuya puerta quedó sellada por magia en el mismo instante en que murió al otro lado.

¿Emplearía sus últimas fuerzas para cerrarla?

Me pregunto qué habrá tras esa puerta: qué secretos, descubrimientos y tesoros ocultos.

Mi padre ya no está, pero mi madre siempre dice que tengo mucho de él; así que voy a aprovechar ese rasgo de nuestro carácter para buscar respuestas.

Me pregunto si Nightly ha pensado alguna vez en acudir a sus padres.

Algo dentro de mí sabe que nunca lo ha hecho, y eso me da pena.

Su madre, inalcanzable; su padre, una presencia intermitente.

Los míos siempre han estado ahí, y estoy segura de que mi madre y Frances estarían ahora conmigo, aunque sólo fuera por sentido del deber, no porque realmente crean que vaya a conseguirlo.

Nightly tiene la misma fe obstinada que yo, y necesito agarrarme a eso para seguir adelante, incluso cuando todo parece imposible.

Junto a la entrada a la Sección Restringida hay un escritorio y un brujo de aspecto severo apostado tras él.

—¿Pases? —pregunta, y le entrego la carta.

La examina detenidamente y va alternando la mirada entre la carta, yo y Nightly, antes de iniciar el trámite para autorizarnos el acceso, sin dejar de fulminarnos con la mirada.

—No se puede sacar ningún libro de la sala.

Si lo hacéis, lo sabremos —amenaza, enarcando una ceja—.

Debéis dejar todo tal y como lo habéis encontrado o se os retirarán los pases.

No está permitido copiar mágicamente los textos de la Sección Restringida; cualquier intento de hacerlo tendrá… consecuencias.

Nos indica con un gesto que pasemos, nos entrega los pases y se queda con la carta.

La puerta es pequeña y discreta, igual que cualquier otra de la biblioteca, pero basta acercarse para sentir cómo las protecciones mágicas vibran en el aire.

El pase que llevo en la mano empieza a brillar, activado por el hechizo.

Alzo la vista hacia Nightly. Sonríe con auténtico entusiasmo, con calidez, como si lo que se encontrara tras esa puerta pudiera ser una cura para su hermana, para mí, para todos.

Tal vez logremos que las brujas y brujos no tengan que vincularse nunca más.

—¿Lista? —pregunta Nightly, señalando con la cabeza hacia la puerta pero mirándome fijamente a los ojos, con expresión ansiosa.

—¡Lista! —empujo la puerta.

Entramos en una sala inmensa, de triple altura, con dos balcones circulares a los que se llega por unas escaleras en espiral.

Las paredes están cubiertas de estanterías repletas de grimorios, pergaminos y volúmenes con conocimientos demasiado peligrosos para la brujería común.

Del techo, hecho de vidrio ámbar, cae una luz cálida, reforzada por orbes flotantes que bañan los estantes con un resplandor color miel.

Nightly va delante, repasando los estantes con la mirada; alza la vista hacia la inmensidad de ese lugar lleno de libros y hechizos, con la boca entreabierta.

—Si no hallamos la solución aquí, es que no la hay —asegura con solemnidad.

Levanto la cabeza para mirar los libros que nos rodean.

—¿Cuántos crees que habrá?

—Más de los que podríamos leer juntos en dos vidas —responde, siguiendo mi mirada—. Gracias —suelta de pronto, lo que me pilla por sorpresa.

—¿Gracias por qué?

—Por esto —responde y señala la sala, los libros—. Nunca habría conseguido entrar aquí sin ti.

—Seguro que habrías encontrado la forma.

Niega con la cabeza y me mira con sinceridad.

—No soy un falsificador experto como tú, mis talentos van por otros derroteros.

—¿Como la extorsión?

—¡Exactamente! —se dirige a una estantería—. Y la investigación, y hacer planes, y tener paciencia.

No puedo evitar sonreírle. Saca con sus largos dedos un pequeño volumen del estante y gira el lomo para que lo lea.

—Esto podría sernos útil… para nuestro cortejo ficticio, claro.

— Poderosos filtros de amor e invocaciones de enamoramiento —leo el título, y me pregunto qué clase de hechizos tendrá para haber acabado en la Sección Restringida.

—Menos mal que, como tú, no tengo ningún interés en buscar pareja. Además, los Wycherley somos inmunes a los encantos de los Nightly… eso sí, con las maldiciones no tenemos tanta suerte —sonrío—. Aunque creo que mi madre está convencida de que me tienes hechizada.

—Y la mía cree que te he apuntado con mi varita sólo para fastidiarla…

y no va del todo desencaminada —me lanza una mirada intensa—.

Ahora mismo conspira para presentarme a todo ser mágico de la alta sociedad que considere digno.

Hoy por poco me atrapa en una merienda con Bevis Nash, pero me excusé diciendo que venía a verte. Se puso hecha una furia.

Miro su capa gris y me siento culpable. Él debería estar buscando un vínculo de verdad. Entonces capta mi mirada, y como si leyera mi mente, susurra:

—Si lo conseguimos… no, cuando lo consigamos, nada de eso importará. Los dos conservaremos nuestra magia y no dependeremos de nadie más.

—Pero deberías tener un plan B. Además, he oído que hay brujas y brujos que te consideran un buen partido —suelto mientras pongo los ojos en blanco.

Se ríe con una alegría tan cantarina como despreocupada.

—Ya sé lo que piensa la gente de mí, Wycherley. Piensan que como partido apenas soy un poco mejor que tú.

Sus palabras duelen, y se me debe notar.

—Pero ¿qué sabrán ellos? Deberían estar peleándose por vincularse con nosotros.

Si te conocieran de verdad, sabrían que eres el tipo de bruja que se planta y secunda a un desconocido en un duelo sin pensárselo; que eres decidida, ingeniosa y valiente.

Si se tomaran la molestia de mirar bien, verían que esta maldición no te define.

Sólo eres una bruja intentando salir adelante, pese a la maldición que te ha caído encima.

Intento no sonrojarme, pero no lo consigo.

—Y si te conocieran a ti, o mejor dicho, si tú les dejaras conocerte, verían que tienes un corazón tan grande como esta sala, y una lealtad inquebrantable hacia quienes amas. Eres muy generoso, Jules Nightly. Y no sólo con tu hermana.

Se le enrojecen las mejillas, y no puedo evitar sentir cierto orgullo por ello.

Siento que algo cambia en ese momento. Jules Nightly y yo ya no somos dos desconocidos de familias enfrentadas, sino compañeros de exploración, unidos en una misma búsqueda.

—¿Por dónde empezamos? —le pregunto, mirando los lomos de los libros frente a nosotros.

—¿Por qué no por aquí? —responde, frunciendo el ceño mientras alza Poderosos filtros de amor e invocaciones de enamoramiento .

Se lo quito y paso a su lado para volver a dejarlo en su sitio.

Camino unos pasos más y extiendo la mano hacia la pared forrada de libros, dejándola suspendida justo frente al estante.

Noto cómo la magia me presiona la palma y, al sentir un leve tirón, me detengo y saco el libro que tengo delante. Misterios de la Primera Era .

—Éste es tan buen sitio para empezar como cualquier otro —comento, y Nightly también empieza a sacar libros.

Durante las horas siguientes utilizo mi magia para guiar nuestra búsqueda, y al cabo de un rato Nightly deja de elegir libros por su cuenta y se limita a seguir la dirección que marca mi magia.

Algunos volúmenes tienen encantamientos que requieren hechizos de magia secundaria para abrirlos, hechizos que ni él ni yo podemos realizar en solitario.

Me ofrece la mano, pero yo la aparto de un manotazo.

—Lo último que necesitamos es que vomites encima de los libros —señalo.

Los dejamos a un lado hasta que el bibliotecario viene a supervisarnos. Abre los libros a regañadientes, chasqueando la lengua mientras se aleja.

—No le caemos muy bien.

—Es mi segundo año en la biblioteca… nadie le cae bien. Pero nos tolera, que ya es algo —responde Nightly sin apartar la vista del libro que está hojeando.

Seguimos trabajando en un silencio cómodo, sólo interrumpido cuando encontramos algo interesante.

Entonces Nightly lo anota en su cuaderno, y yo hago lo mismo en uno de los muchos papelitos donde voy apuntando mis ideas.

Él los mira con horror y niega con la cabeza cada vez que los revuelvo para encontrar una nota concreta.

Parece que acabamos de empezar cuando anuncian el cierre de la biblioteca. Devolvemos los libros a su sitio y yo junto mis hojas sueltas en un montón desordenado, que ato con un cordel.

—¿Volvemos mañana? —le pregunto al salir de la Sección Restringida, de camino a la salida de la biblioteca. El cielo está teñido del gris del atardecer y me ajusto la capa mientras sopla la brisa otoñal.

—No puedo. Evelyn y yo nos vamos unos días con nuestro padre.

Asiento sin preguntar por su madre.

—Entonces, seguiré buscando mientras estás fuera.

—¿Quieres que te mande una lista de libros para consultar, cosas que encontré en investigaciones anteriores pero que no pude explorar en su momento? —pregunta. Asiento de nuevo, esperando que en alguno de esos tomos esté la respuesta que necesitamos.

Mientras me acompaña a casa, hablamos en voz baja sobre todo lo que hemos aprendido: la magia salvaje, la historia mágica, los actos oscuros del pasado.

Tengo la sensación de que no buscamos una sola cosa, sino un conjunto, como mi pequeño manojo de notas, y que la solución será el hilo capaz de entrelazarlas todas.