Los Wycherley (Los Wycherley 1) Capítulo nueve #2
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Capítulo nueve #2

—Fuiste tú… —musito—. ¡Fuiste tú el que dejó plantada a Evelyn!

Él se estremece.

Veo cómo muda su expresión: la duda se desvanece, y en su rostro aparece la misma arrogancia que recordaba en su padre. Kit da unos pasos hacia Nightly.

—Acepto —declara con voz firme—. Según las reglas habituales, nombro a mi vínculo, Cora Stewart, para que me secunde.

Cora se adelanta de inmediato y se coloca junto a Kit.

Enseguida se forma un amplio círculo de combate alrededor de ambos, con Platz y Russo en el centro.

Me deslizo entre el gentío hacia el lado de Nightly.

Los duelos mágicos son algo excepcional, reservados para agravios muy graves.

Nunca se proponen a la ligera, porque en un duelo no se restringe ningún hechizo, y las consecuencias pueden ser fatales.

Aunque la magia maligna está mal vista, siempre existe la posibilidad de que alguien con pocos escrúpulos la utilice…

y si Kit Thorne ha sido capaz de romper su juramento de vínculo, ya no me fío de él para nada.

Nunca he visto un duelo mágico en persona, aunque he oído hablar de ellos.

La magia puede ser creativa, cruel y devastadora; no todos los hechizos letales matan…

algunos son mucho peores. En la Segunda Era de la Magia eran más frecuentes, pero entonces la magia estaba en su apogeo, otra razón por la que ahora se desaconsejan.

—Nightly, ¿a ti quién te secunda? —pregunta Russo.

Nightly niega con la cabeza.

—Nadie. A mí no me secunda nadie.

La persona que secunda no sólo está para sustituir al duelista si cae: también sirve para canalizar su magia. Gracias a Cora, Thorne podrá usar magia secundaria, y si Nightly no tiene a nadie, estará en clara desventaja.

Actúo sin pensar: avanzo, le ofrezco mi mano desnuda y dejo que mi magia le alcance antes de que se dé cuenta.

—Yo secundo a Jules Nightly —declaro.

Un rumor sordo recorre la sala y cometo el error de mirar hacia Vaughn. Está indignado. Ya me imagino lo que dirá mamá… y los cuchicheos que estarán corriendo ahora mismo por todos los rincones.

—¿Qué te crees que haces, Wycherley? —murmura Nightly entre dientes.

—No estoy del todo segura —admito. De pronto, todo esto me parece una idea estúpida. He actuado movida por la rabia que me provoca Kit… y por una extraña sensación de traición, como si no hubiera fallado sólo a Evelyn Nightly, sino también al recuerdo de mi padre y al lazo que lo unió a Jonathan.

—No necesito que nadie me secunde —asegura Nightly, apretando la mandíbula. Me lanza una mirada asesina tan parecida a la de su madre que me deja un poco desconcertada.

Cuadro los hombros y le espeto:

—Pues ahora ya tienes quien te secunde. Si te suelto la mano, se acabará el efecto de mi magia maldita y perderás tu oportunidad de hechizar a Thorne.

—Por favor, Aurelia, no me sueltes —me aprieta los dedos como si temiera que lo hiciera—. Necesito hacer esto. Por el honor de mi hermana. Por todo el dolor que siento, día tras día, al verla perder su magia.

Tengo un nudo en la garganta. Tarde o temprano, Vaughn también tendrá que verme perder la mía.

Estoy segura de que, si mi hermano pudiera retar a Heston Nightly a duelo por haber provocado esta maldición —contra Mathilde, contra mí, contra todas las mujeres malditas de los Wycherley—, no lo dudaría. Y por todos los astros, yo tampoco.

Le aprieto la mano a Nightly.

—No voy a soltarte. Sólo dime qué tengo que hacer.

—Así está bien —responde, alzando nuestra mano entrelazada—. Del resto me ocupo yo.

Platz y Russo conjuran una cúpula de contención a nuestro alrededor. Los cuatro tenemos ya nuestras varitas de pulsera preparadas, y oigo a Vaughn protestar desde fuera, está discutiendo con Russo por haberme permitido secundar a Nightly.

—Conocéis las reglas: quien consiga lanzar el primer conjuro con éxito será declarado vencedor. A mi señal —anuncia Platz. Nightly alza el brazo. Thorne también.

Intento no dejarme llevar por el miedo mientras me planto al lado de Jules Nightly. Sé que él no va a lanzar una maldición mortal… pero Thorne… Thorne rompió un juramento sagrado, deshizo el primer nudo de su vínculo y abandonó a Evelyn. Quién sabe de lo que es capaz.

—¡Ya! —grita Platz, y los dos lanzan el hechizo al mismo tiempo.

No tengo tiempo de asustarme: mi magia fluye hacia fuera, atraviesa a Nightly y se funde con su hechizo.

El de Thorne se desvía y estalla en el interior de la cúpula, muy cerca de Nightly. Pero el de Nightly da en el blanco. Thorne se queda rígido, con los ojos en blanco, como si de pronto su mente se hubiera quedado vacía.

—¿Qué le has hecho? —pregunto.

—Un hechizo de nostalgia. Ahora mismo está reviviendo cada momento que pasó con Evelyn: cada promesa, cada momento feliz que compartieron. El hechizo durará toda la vida. Será lo primero que sienta al despertar. Nunca podrá olvidar cómo lo amó ella… y cómo él la traicionó.

Un escalofrío me recorre la espalda.

Russo y Platz disuelven la cúpula. El duelo ha terminado. Nightly ha ganado.

No obstante, no ha pasado ni un segundo cuando Thorne se recompone. Su rostro es una mezcla perfecta de miseria y furia. Levanta un brazo antes de que me dé tiempo a reaccionar.

—¡Nightly! —grito.

Pero no apunta a él. El hechizo va directo hacia mí.

Debería moverme. Contraatacar. Protegerme. Pero me quedo paralizada.

Nightly, en cambio, actúa sin dudar. Se gira hacia mí, cubriéndome con su cuerpo. Me abraza, como si estuviéramos bailando de nuevo. El conjuro no me alcanza porque Russo y Platz lo han desviado a tiempo: rebota contra Thorne, que cae al suelo, víctima de fuertes convulsiones.

—Muy poco elegante, Thorne —reprocha Platz con frialdad—. No está permitido atacar una vez finalizado el duelo.

Levanto la vista hacia Nightly.

—Gracias —murmuro.

—Es lo menos que podía hacer. Al fin y al cabo, eres quien me secunda.

Sé lo que ha significado este duelo para él. Lo que significa Evelyn.

—Ahora que Thorne está fuera de combate, creo que deberías soltarme y dejarme afrontar las consecuencias de la locura de uno de mis antepasados —añade con una sonrisilla forzada.

Le suelto la mano. Se dobla sobre sí mismo y vomita de inmediato.

Vaughn aparece a mi lado.

—¿Cómo se te ocurre? —me espeta. Luego lanza una mirada de puro desprecio a Nightly—. Si vuelves a poner en peligro a mi hermana, Nightly, seré yo quien te desafíe. Y mi puntería es tan certera como mi palabra.

—Me alegra oírlo, Wycherley. De veras. Me alegra —responde Nightly antes de sucumbir a otra oleada de náuseas.