Los Wycherley (Los Wycherley 1) Capítulo nueve
28%

Capítulo nueve

Nueve

M e asombra despertarme con tanta energía y entusiasmo.

Nightly va a compartir todo lo que sabe sobre el problema del vínculo mágico, y juntos encontraremos la forma de que Evelyn y yo conservemos nuestra magia.

Espantar a quienes quieran emparejarse con él y fastidiar un poco más a su madre me parece un precio irrisorio a pagar.

En el fondo, me cuesta creer que esté dispuesto a renunciar a su magia.

Cuando llegue el momento… ¿de verdad lo hará?

Constance y yo vamos juntas caminando hasta la Academia. A principios de octubre el aire es fresco a la sombra, pero perfecto al sol. Me doy cuenta de que las hojas de los árboles tienen todos los tonos del pelo de Nightly. Como si me leyera el pensamiento, Constance pregunta:

—¿Qué pasa exactamente entre tú y Jules Nightly?

—¿Cómo que qué pasa? —repito, dándome unos segundos para pensar.

Aún no sé muy bien cómo explicarle a Constance que sólo estoy fingiendo que me gusta Jules Nightly, así que, de momento, prefiero callarme—.

Creo que el otro día se quedó un poco sorprendido tras hacer magia secundaria conmigo y que ahora está bastante interesado…

en mi magia, por supuesto… por motivos científicos.

—¿Ah, sí? Pues a mí me pareció que estaba interesado en algo más que en tu magia, Aurelia —suelta Constance, con una sonrisa maliciosa—.

Y estoy segura de que, si lo vuelves a ver, llevará a cabo una investigación muy minuciosa…

sobre ti. ¿Quién lo iba a decir? ¡Un Nightly tan interesado en una Wycherley! Ya sabes… por motivos científicos.

—¡Esperad! —grita Vaughn a nuestras espaldas.

Nos detenemos, y noto que Constance se alisa el vestido rápidamente antes de volverse hacia él.

—Veo que habéis salido pronto. ¿Para quedaros con los mejores instructores… o sólo para evitarme?

Me lanza una mirada de reproche antes de colocarse entre las dos con naturalidad.

—Por supuesto que vamos a por los mejores instructores —responde Constance, encantadora.

—Procurad que Russo y Platz no os emparejen con ningún aprendiz novato. Y si lo hacen, evitad a las brujas y brujos del colegio Clune: su reputación deja bastante que desear. Sus métodos pedagógicos son deficientes y su forma de entender la magia, muy limitada.

Me da la impresión de que intenta distraerme, pero conozco demasiado bien a mi hermano como para caer en sus tretas.

—¿Y exactamente para qué vienes tú a la Academia? —le lanzo una mirada suspicaz—. Tú ya hiciste todo esto el año pasado. No necesitas repasar magia primaria.

—Cierto, pero quería ofrecerte algo de apoyo moral —dice. No me lo creo ni por un segundo—. Además, mamá está preocupada. Cree que hay algo entre tú y Nightly.

—¿Que hay algo? —exclamo—. ¿Y qué se imagina exactamente que estoy haciendo con Jules Nightly?

—Creo que más bien le inquieta lo que él podría estar haciéndote a ti.

Me pongo colorada.

—Es un Nightly —añade Vaughn—. Nunca hay que fiarse del todo. Le prometí a mamá que te echaría un ojo, aunque estoy convencido de que sólo bailó contigo por una apuesta o alguna tontería por el estilo. Si es así, quizá debería retarlo a un duelo por tu honor.

Siento que las mejillas me arden todavía más.

—¡¿Una apuesta?! —repito, indignada, justo antes de que Constance me interrumpa:

—Oh, sólo está interesado en la magia de Aurelia. Por motivos científicos, por supuesto.

—Ya veo —replica Vaughn, con ese tono helado que sólo reserva para los Nightly.

Al acercarnos a la entrada de la Academia, vemos un flujo constante de brujas y brujos que atraviesan el arco.

El espacio abovedado está lleno de luz, y en el centro se alza un grupo de seres mágicos vinculados, vestidos en distintos tonos de púrpura: del lila pálido al ciruela intenso.

Son los colores del Círculo de la Sabiduría.

Hay más brujas y brujos de gris claro de los que esperaba, e incluso algunos de gris oscuro.

Supongo que no haber forjado un vínculo todavía les ha hecho pensar que tal vez necesitan trabajar más su magia.

Miro a Vaughn, preguntándome otra vez qué pinta aquí —no es que necesite práctica—, pero entonces lo veo mirando a Constance.

No sólo la mira… se la come con los ojos.

Creo que mi hermano está empezando a ver algo en mi amiga en lo que nunca antes había reparado.

Me los imagino como pareja mágica algún día, y la idea me llena de una felicidad inesperada. No sólo por ellos dos… sino también por mí.

Una vez dentro de la Academia, los tres buscamos un sitio libre en el gran vestíbulo, bajo esos arcos que se alzan muy por encima de nuestras cabezas. Sonrío al ver que nuestro rosal sigue ahí, trepando hacia la columna más cercana que sostiene la cúpula.

—Brujas y brujos —empieza Russo y el murmullo se apaga enseguida—.

A lo largo de este año aprenderéis los fundamentos de la magia primaria.

Al explorar vuestra conexión con otras personas, podréis probar algunas formas de magia secundaria, pero no seréis capaces de realizar hechizos más potentes ni complejos si antes no domináis la magia primaria.

El grupo de instructores de túnicas púrpuras se dispersa por la sala, y Platz da un paso al frente para asignarnos, uno por uno, a distintas parejas de instructores.

A Constance y a Vaughn los envían al otro extremo de la Academia con una pareja docente que lleva túnicas de color amatista. La mía va vestida de color lavanda claro.

—¡Kit! —exclamo al reconocer a uno de ellos.

Kit Thorne no ha cambiado mucho desde que era un crío.

Un poco más alto, la mandíbula más marcada…

pero sigue teniendo esa melena rubia que heredó de su madre y los ojos oscuros y atentos del vínculo de mi difunto padre, Jonathan Reid.

Me doy cuenta de que su atractivo natural es todo suyo.

Me observa con curiosidad, sin reconocerme del todo…

porque, aunque él apenas ha cambiado, yo sí.

Entonces su expresión se ilumina y sus ojos se agrandan.

—¿Eres tú, la pequeña Aurelia Wycherley?

—Sí, en efecto. Aunque mi aspecto pueda engañarte —le sonrío, algo tímida—. Y ya no soy tan pequeña. —añado, señalando mi estatura, aunque él sigue siendo algo más alto que yo.

—Sentí mucho lo de tu… —Se rasca la nuca y guarda silencio.

Cambio de tema en cuanto noto que me embarga la emoción al pensar en mi padre.

—Creí que te habías ido a vivir a América con tu madre.

—Sí, así fue… nos fuimos, pero volvimos hace ya algún tiempo, justo antes de mi año de debut. Mi padre insistió en que regresáramos para que pudiera entrar en la Escuela Faustiana tras emparejarme mágicamente. No quería que estudiara en una de las escuelas mágicas americanas.

—¿Has tenido contacto con tu padre últimamente? —pregunto.

—No, hace años que no sé nada de él —responde, y en su expresión hay algo tenso, como si el recuerdo le pesara.

—Yo no lo he vuelto a ver desde poco después de que falleciera mi padre.

Kit me toma la mano entre las suyas.

—Sentí mucho la muerte de Ulric. Siempre lo recordaré con cariño.

Ahora que habla más rato, le noto en la voz un leve acento americano. Se vuelve hacia su vínculo.

—Te presento a Cora Stewart.

Cora es una bruja de cara redonda y amable, con hoyuelos marcados.

El color de su túnica resalta su suave cabello castaño.

Me dedica una sonrisa breve, que se desvanece casi al instante.

Mira a Kit; él asiente con aprobación y ella le devuelve una sonrisa radiante, lo bastante intensa como para hacerme sentir un poco fuera de lugar.

—Ésta es Aurelia Wycherley, una vieja amiga de la familia —le explica Kit a Cora.

—Encantada. Creo que estamos a punto de comenzar, así que será mejor que te coloques en tu sitio, si no te importa —añade ella, algo nerviosa, echando un vistazo al centro de la sala, donde están de pie Platz y Russo.

Durante las siguientes horas, Cora y Kit nos enseñan a anclarnos a nuestra magia, a percibir las corrientes sutiles que nos rodean y conectarlas con la energía que fluye en nuestro interior.

Cora, siempre suave y atenta, reparte palabras de aliento y elogios.

Kit, en cambio, es más directo: su manera de enseñar es precisa y sin adornos, como ya lo era de niño —otra de las cosas que heredó de su padre.

Nunca fuimos especialmente cercanos; era más amigo de Vaughn que mío.

Cuando yo tenía unos siete años, él y su madre se alejaron de Jonathan y se marcharon a América.

Fue durante uno de esos largos silencios y distanciamientos que a veces también había entre mi padre y Jonathan.

Me resulta extraño verlo de nuevo. Mientras me corrige un hechizo, se coloca detrás de mí. Apoya una mano sobre mi hombro, y hace una leve presión para que yo lo relaje. Me explica que esa posición ayuda a extender el brazo correctamente, lo que mejora el alcance del anclaje mágico.

—¡Thorne!

Doy un respingo. La voz que retumba por toda la Academia me sobresalta, y me doy la vuelta justo a tiempo para ver a Nightly acercarse a grandes zancadas. Si esto forma parte de nuestro cortejo fingido, creo que sobreactúa.

—¡Thorne! Te desafié en Beltane hace dos años y huiste de Londres con un duelo pendiente —brama Nightly.

La sala queda en silencio. Todos los ojos se clavan en ellos… y yo estoy justo en medio. Miro de uno al otro, sin comprender por qué Jules habla de duelos mágicos.

—¿Qué está ocurriendo aquí? —pregunta Platz mientras se acerca con el ceño fruncido—. Ah, ya veo —añade y mira primero a uno y luego al otro—. Ya me imaginaba que esto acabaría pasando, y este momento es tan bueno como cualquier otro para afrontarlo.

Nightly no ha dejado de mirar a Kit Thorne, con los dientes tan apretados que parece que se le vayan a romper. Kit mantiene la compostura, pero está tan cerca que juraría que tiembla.

—Kit Thorne, Jules Nightly te ha retado a duelo por haber deshonrado a su hermana y a su magia. ¿Lo aceptas… o te retiras? —pregunta Platz.

Me vuelvo hacia Kit y lo miro con mis ojos de color gris tormenta.