Capítulo ocho
Ocho
O bservo a Sebastian bailando con Liam Long en el primer evento privado de la temporada: el baile Prior-Okore.
Como hacen siempre que una de sus hijas debuta, los padres de Constance organizan una celebración por todo lo alto.
Su preciosa casa rebosa calidez y color.
Merry Prior y Yemi Okore me reciben con cariño nada más cruzar el umbral: la señora Prior me abraza con entusiasmo, y yo les doy las gracias a ambos por haberme invitado.
El padre de Constance me dedica una sonrisa radiante, y agradezco en silencio que ninguno de los dos me haya tratado nunca de forma distinta desde que cayó sobre mí la maldición mágica.
—Mi madre es práctica y ahorradora en todo… salvo cuando se trata del baile Prior-Okore —comenta mi amiga mientras me va enseñando los infinitos adornos que llenan la casa y las bandejas rebosantes de manjares tan tentadores que se me hace la boca agua. Estoy deseando probarlos todos.
La fiesta no tarda en alcanzar su apogeo: los músicos tocan piezas alegres, y en el aire flota una dulzura que no viene sólo del sinfín de arreglos florales repartidos por toda la casa.
Como sé que éste será el único baile privado al que me inviten en toda la temporada, voy a aprovecharlo al máximo.
No es un baile sólo para debutantes; hay brujas y brujos de todas las edades, y como se celebra fuera de los compromisos oficiales de la temporada, podemos vestir del color que queramos.
Constance es el centro de todo y baila con todo el mundo.
Se la ve radiante; luce un vestido de seda verde jade adornado con atrevidos detalles plateados que hacen que su piel resplandezca con una calidez intensa.
Los pendientes largos de plata se balancean al ritmo de sus movimientos.
Si no encuentra un vínculo antes de Yule, es que algo va terriblemente mal en el mundo mágico.
Sonríe mientras baila con Emeline Hunt, que me cae un poco mejor ahora que Sebastian ha pasado página y se interesa por otras brujas.
Creo que está empeñado en bailar con todas menos conmigo y con Constance, cuya madre ha dejado de insistir en el asunto desde que provocaron aquella explosión intentando hacer magia juntos en la Academia.
Llevo un vestido carmesí oscuro que me recuerda a las rosas que conjuramos Nightly y yo. Me arrepiento un poco de haberlo elegido, y ojalá supiera algún truco mágico para cambiarle el color. Destaco demasiado entre los tonos claros o brillantes que lleva todo el mundo.
Bueno, no todo el mundo, me corrijo, porque en ese momento entra Jules Nightly vestido de azul oscuro. Detrás de él, sus padres avanzan del brazo. Demelza Nightly parece estar evaluando a cada persona de la sala, mientras que el padre de Nightly tiene cara de querer disculparse con todas por ello.
Salta a la vista que Jules y Evelyn son una mezcla de ambos progenitores: la estatura y el cabello cobrizo de Oliver Hallows, y la estructura ósea y las miradas implacables de Demelza.
Aunque ahora mismo, Jules parece sencillamente aburrido.
Su madre lo está presentando a un pequeño grupo de seres mágicos, sin duda entregada a esa importantísima misión que es su futura felicidad.
Resulta divertido ver a Nightly mientras ella charla con todos, los observa con atención y, cuando uno le interesa, intenta que su hijo le dirija la palabra.
Estoy sonriendo ante su infortunio cuando levanta la vista y me ve. Entrecierra los ojos. Sabe que me divierte verlo en esa tesitura y, antes de que pueda apartar la mirada, se disculpa con el grupo y se viene directo hacia mí.
—¿Wycherley, me concedes este baile? —me tiende la mano, y yo la miro un instante antes de dirigir la vista más allá, hacia el rostro de su madre, que nos observa con una expresión de auténtico disgusto.
—¿Está furiosa? Dime que está furiosa —susurra él, en tono conspirador.
—Creo que nos está maldiciendo a los dos… y ni siquiera intenta disimularlo —respondo.
—Perfecto. Está muy alterada desde que hicimos crecer aquel rosal. ¿Sabías que cuando Platz y Russo eliminaron las demás plantas, no hubo forma deshacerse de la nuestra? Cada vez que alguien se acerca, lanza espinas como si se defendiera y acaba pinchándolos.
—¿De verdad? —lo miro, incrédula.
—De verdad. Parece que la magia maldita tiene maneras maravillosas de manifestarse —su mano sigue extendida, y su madre continúa fulminándonos con la mirada.
—Dice que me desheredará por hacer magia con una Wycherley —añade él.
Y me lo creo. Me pregunto por qué sigue poniéndola a prueba.
Mi propia madre, aunque no tan molesta como Demelza Nightly, también me ha dejado claro que no le gustó lo que ocurrió.
Pero me dio la impresión de que, en el fondo, sentía cierto alivio: al menos había encontrado a alguien con quien hacer magia.
Tal vez creía que, durante los próximos tres años, me limitaría a mirar desde fuera.
Estoy segura de que confía en que otras personas den el paso…
porque lo que tiene clarísimo es que no piensa acercarse a Jules Nightly.
—Salvarte en Mabon ya fue bastante mal visto, pero desde que apareció ese rosal, mi madre ha desarrollado espinas que ni ella misma sabía que tenía —continúa Nightly.
—¿Perdona? ¿Has dicho que me salvaste en Mabon? Debes estar confundiéndome con Crenshaw, porque lo que yo recuerdo es que me arrastraste y me encerraste en un carruaje.
Sonríe.
—Si ésa es la versión que prefieres recordar, estoy seguro de que tuve buenas razones para hacerlo. Al fin y al cabo, Wycherley, la conducta delictiva es parte de tu naturaleza.
Enarca una ceja.
—¿Y bien? ¿Bailamos?
—No sé si debería —respondo, en tono burlón—. Aparte del disgusto de tu madre y el escándalo que provocaría en mi propia familia, no parece algo lo bastante peligroso como para despertar mis inclinaciones criminales.
—Te aseguro que mi madre es un peligro por sí sola. Y con todo lo que he oído sobre Nell Wycherley, estarías en una situación peliaguda por partida doble. —Vuelve a mirar su mano extendida—. Anda, vamos. Podemos hablar de nuestro acuerdo mientras bailamos.
—¿Acuerdo?
—Las condiciones de nuestro… plan.
—Muy bien.
Nos unimos a la pista y seguimos los pasos de las parejas que ya bailan. Algunas de las miradas que nos lanzan son incluso más feroces que la de Demelza, y me obligo a no mirar en dirección a mi madre.
—Mañana —dice Nightly.
—¿Mañana?
—A mediodía en punto. Te esperaré en la Academia.
—Ya veo —respondo—. Así que has decidido aceptar mi oferta de ayuda.
—He decidido aceptar tu soborno.
Ignoro el comentario.
—Y a cambio de facilitarte el acceso a la Sección Restringida de la biblioteca y a todo el conocimiento que contiene, ¿compartirás conmigo todo lo que sabes?
Él gira, se separa de mí unos compases mientras pasamos junto a otra pareja, y luego volvemos a encontrarnos.
—Lo haré. Aunque te adelanto que mi aportación va a ser clave para lo que venga después. Y por eso voy a necesitar algo más de ti —plantea.
Alzo una ceja mientras volvemos a acercarnos, giramos y pasamos por delante de otra pareja.
—¿Y qué clase de extorsión pretendes sacar de mi soborno? —pregunto.
Está otra vez frente a mí: una mano sujeta la mía, la otra descansa en mi cintura, y yo me recojo un poco el vestido.
—A ti.
—¿A mí? —me equivoco de paso y casi le piso un pie.
—Mira lo furiosa que está mi madre. Tú eres una Wycherley. Yo, un Nightly. Para ella, es un ataque directo a nuestros linajes que nos estemos… cortejando.
—Pero no lo estamos.
—Ella cree que sí.
—¿Y de dónde ha sacado semejante idea?
Nightly me hace girar en la danza, luego me acerca y me susurra al oído:
—Se la di yo.
—¿Por qué?
—Ya te lo he dicho.
Volvemos a separarnos y damos vueltas alrededor de otra pareja.
—No, no me lo has dicho… no de verdad —susurro, entre incrédula e indignada.
—Evelyn. Sé que conoces los detalles de su… futuro mágico. Cuando todo ocurrió, mi madre la echó de casa. Mi hermana no se fue lejos —al principio se quedó con mi tía—, pero luego mi padre fue a buscarla, aunque ella no quería volver. ¿Tú querrías vivir con una madre que te ha repudiado?
Nos separamos una vez más y, por dentro, me hierve la sangre contra Demelza Nightly.
—Mi madre está empeñada en expulsar a Evelyn de la sociedad mágica y de nuestra familia.
Mi padre y yo, en cambio, haremos todo lo posible para que se quede con nosotros.
Ha organizado su traslado a una isla perdida al norte de Escocia, donde se supone que la «reeducarán» para vivir una vida sin magia.
Evelyn está a punto de largarse, de huir de todo.
Mi madre siempre se está metiendo con ella, pero esta semana no ha hecho más que cebarse en mí.
Evelyn ha tenido una tregua, y yo me he convertido en el centro de sus intrigas y de su furia.
»Así que ésa es mi… «extorsión», si quieres llamarla así. Trabajaremos juntos para encontrar un remedio y, mientras tanto, dejaremos que mi madre crea que te estoy cortejando. Cuando logremos nuestro objetivo, cada cual seguirá su camino.
Me hace girar una vez más y me deja caer suavemente hacia atrás, su brazo firme bajo mi espalda, mi mano aferrada a su cuello.
—Pero… ¿y si nos lleva toda la temporada? Podrías espantar a una posible pareja mágica.
Nightly se encoge de hombros y me devuelve a la posición erguida.
—¿Y si no encontramos un remedio? —insisto.
—Entonces habrá tres brujas menos en el mundo. Si no puedo salvar a Evelyn, no pienso forjar ningún vínculo.
—¿Por qué no? —pregunto justo antes de que el baile nos obligue a separarnos otra vez. Yo aquí, dándole vueltas a cómo conservar mi magia… y él, empeñado en deshacerse de la suya y hacer saltar a su familia por los aires.
—Porque no pienso dejar que Evelyn enfrente ese destino sola.
Porque es mi hermana, y prefiero quedarme sin magia a su lado antes que ver cómo mi madre la arranca de nuestra familia, de mí.
Porque parte de esto es culpa de mi madre, y quiero que sufra.
Y si no queda nadie para continuar la línea mágica de los Nightly, sufrirá.
Y, sobre todo, porque es mi magia, Wycherley, y puedo hacer con ella lo que me dé la gana.
Tenerla bajo control, igual que tú estás intentando hacer con la tuya, así que ¡deja de mirarme así!
Mientras giramos y nos alejamos de nuevo, sé perfectamente cómo lo estoy mirando: con asombro, horror… y decepción.
—Entonces, si no encontramos un remedio… ¿vas a renunciar a tu magia? —susurro cuando me vuelve a tomar entre sus brazos.
Debe haber notado mi gesto de dolor.
—Sí.
Lo aparto de un empujón y me detengo en seco en mitad del baile.
—No pienso hacerlo. No pienso ayudarte. No te daré acceso a la Sección Restringida y no fingiré que estamos cortejándonos. Encontraré las respuestas por mi cuenta.
Me doy la vuelta dispuesta a marcharme, pero él me agarra de la mano.
—Por favor, Wycherley —su voz suena tensa, desesperada—.
Si no lo haces, también perderás tu magia.
Pero si encontramos lo que buscamos, salvaremos toda nuestra magia, no sólo la tuya y la de Evelyn, sino la de todas las brujas y brujos.
Además, te prometo que no será ningún gran sacrificio fingir que estás enamorada de mí.
No aparta sus ojos brillantes de los míos y me lleva la mano al hombro antes de rodearme la cintura y retomar el compás del baile.
—Incluso podría ser beneficioso… no sólo para tu magia, sino también para tu corazón.
Lo fulmino con la mirada.
—Ni por un segundo pienso dejar que te acerques a mi corazón.
Nightly resopla, frustrado.
—No hablaba de mí. Hablaba de Crenshaw. Desde que hemos empezado a bailar, no ha dejado de mirarte. Y he visto cómo suspiras por él.
Me aparto de él con un poco más de ímpetu del necesario, y al girar de nuevo hacia él, me doy un buen golpe contra su pecho.
—¡No es verdad!
Él sonríe.
—Oh, sí que lo haces… Y ahora mismo, él también.
Nightly me coloca de modo que tenga a Sebastian justo en mi campo de visión y veo cómo lanza miradas asesinas a la espalda de Nightly.
Cuando nuestras miradas se cruzan, noto que el corazón me da un vuelco.
Sé que debería despreciarlo, igual que ha hecho él conmigo, y que no ha hecho más que comportarse con crueldad desde que caí en desgracia.
Pero esa mirada me cala muy hondo, como un baile olvidado cuyos pasos aún me sé de memoria.
—Está bien, lo haré —le prometo a Nightly, en una decisión repentina que espero no acabar lamentando. Él me hace girar por última vez y, justo cuando volvemos a encontrarnos, la música se detiene. Sonríe ampliamente, con un brillo renovado en la mirada. Se lleva mi mano enguantada a los labios.
—Finge que te gusto, o nadie se lo creerá —murmura, su aliento me roza los nudillos.
Lo miro con frialdad.
—Pero sigues siendo un Nightly.
—Y tú, mi enemiga. Pero, al menos durante esta temporada, firmaremos una tregua y seremos cómplices.
Lo pienso un instante antes de sonreírle dulcemente y pestañear como una debutante encantadora.
—Muy bien, Wycherley. Eres asombrosamente convincente cuando finges.
—Mañana. A mediodía.
—Trato hecho —responde, y me guiña un ojo.
Por un instante, tengo la sensación de haber sellado un pacto con una criatura maligna de la Primera Era.
Un escalofrío me recorre de arriba abajo cuando lo veo alejarse hacia su madre.
No quiero enemistarme con Demelza Nightly más de lo que ya estoy.
Tampoco pretendo hacer causa común con Jules Nightly.
Pero, contra todo buen juicio, hay una parte de mí que aún no puede renunciar del todo a Sebastian Crenshaw.
A pesar de todo lo que ha hecho, mi corazón late, necio y atolondrado, porque, ahora mismo, Sebastian sigue con los ojos clavados en mí.