Capítulo siete #2
—Verás, a pesar de lo que chismorrean las hermanas de Prior, tengo un buen puñado de seres mágicos desesperados por probar su magia conmigo, y a mí, como sabes…
—No te interesa en absoluto «forjar un vínculo ni por amor ni por magia, y dudas que eso cambie en un futuro próximo» —le interrumpo imitando su tono de forma bastante lograda.
No lo miro, pero oigo la sonrisa en su voz cuando responde:
—Exactamente.
—Así que has decidido aterrorizarme porque yo tampoco estoy interesada.
—Eso es. Lo divertido es que eres terreno neutral, seguro. Puedo hacer magia contigo y los demás se mantendrán al margen —extiende el brazo, y yo reparo en el espacio que se ha abierto en torno a nosotros.
—¿Eso significa que has aceptado mi…?
—¿Soborno? Sigo pensándolo. Te dije que te daría una respuesta a finales de semana. Soy un brujo de palabra.
Platz hace un gesto sutil y, de pronto, alrededor de cada pareja, aparecen grandes círculos de sal que mantendrán nuestra magia contenida y nos protegerán de la magia de los demás.
—Queremos que realicéis un hechizo de magia secundaria sencillo, de bajo nivel. Si no ocurre nada, no os preocupéis —explica Russo—. Sólo funcionará si la magia es compatible. Si no lo es, preparaos para las consecuencias. Para eso están los círculos de sal.
Me doy cuenta de que en cada pareja hay al menos una persona vestida de blanco.
— En realidad, no se trata del hechizo en sí, sino de su resultado—añade Platz.
He visto lo que puede surgir de un vínculo mágico: la belleza y la armonía, pero también la destrucción y el caos.
Pienso en Constance y Vaughn, y en cómo su magia se complementó para dispersar el humo durante el ataque.
Por suerte, mi hermano está al otro lado de la Academia; si estuviera cerca, ya estaría protestando por mi emparejamiento.
Vamos a realizar un hechizo brotador. Platz y Russo nos muestran los movimientos: se toman de las manos y se imitan el uno al otro mientras dan un pequeño paso lateral, extienden los brazos libres hacia los lados, los barren hacia el frente y los alzan por encima de la cabeza.
A continuación, bajan los brazos a los costados con un giro de muñeca y recogen la pierna que habían extendido.
Un pequeño brote verde atraviesa el suelo de la Academia; justo delante de donde estamos Nightly y yo; hay uno en cada círculo de sal, verde y brillante.
—Ahora os toca a vosotros. Repetid los movimientos tantas veces como necesitéis y deteneos si sentís... molestias —indica Russo.
—Esperamos ver algún tipo de vida. Quienes logren que brote un capullo podrán estar seguros de que su magia es altamente compatible —añade Platz—. Si la plántula no prospera y muere, será señal inequívoca de que vuestra magia no es compatible.
Tengo las manos sudadas, las palmas húmedas y los dedos me hormiguean mientras dirijo mi mirada del brote a Nightly. Él me tiende la mano.
—Cuando gustes —se ofrece.
Miro su mano. Me parece casi una traición aceptarla, como si estuviera sobrepasando una línea que ningún Wycherley ha cruzado jamás. Pero al mismo tiempo, el deseo de hacer magia es demasiado fuerte.
—Muy bien —acepto, y en cuanto entrelazo mi mano con la suya siento una corriente de magia que me recorre por todo el cuerpo.
Echo un vistazo para asegurarme de que Vaughn no me vea; me preocupa la charla que me espera luego con él y con mamá.
Nightly baja la voz hasta convertirla en un susurro:
—Relájate. Respira dentro de la magia. Con cada inspiración, imagina mi energía, mi magia, fluyendo hacia ti; con cada espiración, piensa que envías tu magia hacia mí. Dentro y fuera, dentro y fuera.
Respiramos hondo varias veces, y cada vez hago lo que me ha indicado.
Me imagino llenándome de su magia. Es cálida y brillante, y al exhalar, visualizo la mía fluyendo hacia él: oscura, humeante, en remolinos.
Siento cómo sus dedos se tensan alrededor de los míos al recibirla, y noto cómo su respiración se entrecorta un poco al soltar el aire.
Empezamos a realizar los mismos movimientos que han mostrado Platz y Russo, repitiendo la secuencia dos veces, hasta que el brote se convierte en un arbusto.
Una oleada de entusiasmo me recorre, y con otro movimiento más, el arbusto crece hasta superar en altura a Nightly, curvándose en la parte superior para adaptarse a la burbuja invisible de protección que marca el círculo de sal.
La magia recorre cada rincón de mi cuerpo con una delicia casi eufórica.
Siento cómo se intensifica dentro de mí, y al mismo tiempo dejo que mi energía fluya hacia Nightly.
En la cuarta repetición del hechizo, brotan capullos en el arbusto; en la quinta, los capullos se abren en rosas de un rojo profundo, hermosas, y su perfume denso y dulce lo impregna todo.
Todo mi cuerpo vibra con un potencial mágico que nunca antes había experimentado: es una mezcla de fuerza y liberación que me desborda. La intensidad de la magia secundaria entre Nightly y yo me sorprende, y por un momento, me abruma.
—Aurelia —me llama Nightly con un hilo de voz.
Me giro para mirarlo. Tiene los ojos llenos de filamentos de humo y la piel se le ha quedado cenicienta. Le suelto la mano de inmediato, y él se desploma en el suelo, temblando, hecho un ovillo. Me agacho a su lado; sus ojos siguen nublados y su piel pálida, con un leve brillo húmedo.
—Lo siento. Pasará... tarde o temprano —le aseguro y me inclino junto a él—. Le sucedió lo mismo a Constance. Mi magia la dejó fuera de combate durante... un tiempo.
Tras unos minutos, sus ojos recuperan el brillo y la claridad. Se incorpora, sacude la cabeza.
—Eso… ¿Eso ha sido tu magia maldita? —pregunta.
Asiento.
—Cuando hice magia con Constance, estuvo enferma una semana entera.
Platz se ha dado cuenta. Disuelve nuestra barrera de protección y se agacha junto a Nightly para examinarlo, luego me mira desde cierta distancia, con una expresión de duda en el rostro. Después desvía la mirada hacia nuestro rosal.
Las parejas cuya magia no es compatible están de pie dentro de cúpulas vacías o, como Constance y Sebastian, cubiertas de tierra y restos de vegetación, fruto de una explosión mágica por incompatibilidad.
Quienes sí han encontrado un vínculo mágico han hecho crecer sus brotes hasta convertirlos en pequeñas plantas verdes; algunas tienen capullos entre sus hojas vivas y espinosas, pero ninguna ha llegado a florecer por completo.
La nuestra es más grande que todas las demás juntas.
—Impresionante y sorprendente —dice Platz, contemplando las rosas.
Y entonces, los dos lo vemos: Nightly vomita en el suelo.
—Qué lástima que no seáis compatibles.
«Tampoco es para tanto», pienso para mis adentros. «Al fin y al cabo, es un Nightly».
* waakye : plato africano a base de arroz y alubias. ( N. de la T. )