CAPÍTULO 9
PAUL
“Por lo demás había sido perfecto” se repitió en mi mente una y otra vez.
Le había gustado el día juntos y eso, aún sabiendo que había querido aprovecharse de algún modo de lo que sentía para que la consintiese, me había merecido la pena.
Estaba contento de haber podido ver su sonrisa genuina cuando había avistado la playa o cuando el espectáculo de agua había conseguido sorprenderla.
Levantarme por la mañana de buen humor fue toda una novedad así que bajé al salón.
Algunos me echaron una mirada y otros olfatearon con cuidado el aire. Por supuesto, no había nada que rastrear allí. Entre Anjali y yo no había ocurrido nada que se pudiera oler en nuestros cuerpos ni nada por el estilo.
Su madre, Estela, lejos de estar tranquila con eso, pareció algo disgustada. Respiró visiblemente hondo antes de coger su plato del desayuno y acercarse hasta mi mesa.
—Buenos días. —saludó intentando sonreír aunque se viese forzado. —Anjali me ha dicho que tú vas a acompañarla al cumpleaños de ese chico.
¿Chico? ¿Cuál chico?
—Sí. —dije con cautela.
¿No era de una amiga?
—Y que también es el cumpleaños de una de sus amigas y lo celebran juntos.
Primera noticia.
—Eso me dijo. —respondí de nuevo escueto.
—¿Sabes Paul? Anjali puede ser muy… Persuasiva cuando quiere. —aseguró.
¿Me estaba intentando avisar, a mí que tenía tantos años, sobre el daño que podía hacerme su hija, cuya edad real era irrisoria?
Sí, eso me parecía.
—Lo sé. Lo tengo en cuenta. —contesté incómodo.
—Hola. —saludó Anjali llegando de la nada con un zumo de naranja en una mano y una ampolla escarlata en la otra. —¿Nos vamos a las siete, vale? —inquirió sonriéndome.
Se había acercado más de lo habitual.
¿Persuasiva? Sí, lo era.
Asentí brevemente con la cabeza para luego ver cómo se largaba tan rápido como había llegado.
—Cumplirle los caprichos no hará que se enamore. —murmuró su madre consiguiendo que me girara hacia ella.
—Lo he entendido, Estela. Gracias por la advertencia. —respondí incómodo yéndome también del salón.
¿Lo había entendido? ¿De verdad?
¿Y qué hacía arreglándome para ir a la fiesta de unos niñatos humanos?
—¡Anda, no pareces tan antiguo! —exclamó al verme en el recibidor.
Claro que no lo parecía. Nuestra apariencia de edad era exactamente igual porque dejábamos de crecer en una edad determinada. Y en cuanto al look: Una camiseta de marca blanca y un pantalón vaquero con zapatillas era una moda más que aceptada.
¡Ni que vistiera yo de traje chaqueta!
—Tú tampoco estás mal. —respondí mordiéndome la lengua para no decirle que aquel conjunto de vaqueros y camiseta de tirantes escotada azul marino con la chaqueta en blanco resaltando todos sus atributos le quedaba espectacular.
—¿Me cambio? Si a ti que te tiene que gustar como me queda por cojones no lo hace, a lo mejor no he elegido bien. —murmuró.
—¿A mí me tiene que gustar sí o sí? —pregunté enarcando una ceja.
—Eso creía. —susurró con el sincericidio propio de su signo.
Salí con la certeza de que la noche no había empezado con buen pie. Y lo que mal empezaba… Peor acababa.
—¿Es el cumpleaños de quiénes? —interrogué con toda la intención.
Su madre me había dado la pista pero no quería que pareciese que estaba celoso al mencionar al chico.
—Pues de mi amiga Pía. Y también de Ronny. —respondió haciéndose la distraída.
—¿Y dónde es el cumpleaños?
—Ya te he puesto la dirección en el gps. Es una finca, alquilada para el evento. Va a ver un montón de gente.
El sitio era enorme en efecto y había tanta gente allí con vasos enormes de cubatas que iban a acabar fatal.
Anjali estaba muy contenta. Era mordaz en sus comentarios sobre la gente y su vestimenta.
Vi a Rebeca por allí con Greyson y eso me consoló. Nos saludamos desde lejos con un leve movimiento de cabeza.
Ellas se juntaron para desaparecer al instante.
—¿Cómo te ha liado para esto? —preguntó riéndose un poco de mí.
—Ya ves, aquí estamos. —respondí.
No había forma de pillar a Anjali conmigo durante más de dos segundos. Estaba en su salsa con las amigas y también rondando al tal Ronny.
Era un chico estándar de cualquier universidad que estuviese en el equipo deportivo de rugby.
Si supiera que podía tumbarle con una mano atada a la espalda…
¿Pero qué culpa tenía él de nada?
Me cogí algo de alcohol a palo seco y le coloqué una ampolla de viaje escarlata que me saqué del bolsillo también el el vaso. Sabía que desde fuera daría la impresión de ser una granadina.
—Nosotros nos vamos a ir ya. —aseguró Greyson acercándose a mí para despedirse.
Rebeca tenía cara de circunstancia.
—Le he dicho que ya estaba bien, pero no tiene ganas de irse. —recalcó Rebeca.
Claro que no. ¿Qué llevaba yo solo por ahí esperando? Tres horas. Se le habían hecho cortas al parecer.
—No pasa nada. Id tranquilos. —dije.
Una chica se acercó a mí y me quiso dar conversación. Luego otra. Y una tercera.
Decidí irme al coche a esperar. Dos horas más tardó Anjali en subirse al coche. Eso sí, hizo una escena final en la que por poco se besa con Ronny.
Por suerte para la cara del quarterback, no lo hicieron.
—¡Ha sido una fiesta maravillosa! —exclamó de muy buen humor.
—¿Te has dado cuenta de que estaba aquí? ¿Hubieses notado si me hubiera ido? —pregunté.
Estaba enfadado.
Mi intención era complacer sus deseos por si eso alimentaba su voluntad para acercarse a mí, pero no tenía pinta de estar funcionando.
—¿Te estás enfadando conmigo? Había mucha gente en la fiesta con la que podías hablar. —respondió haciéndose la asombrada aunque sabía que llevaba razón.
—Creía que los sagitarios erais muy sinceros… —dejé caer.
—Y lo soy. Te traje porque me dejaban ir contigo y no me hubiesen dejado venir sola. Creía que podrías entretenerte solo porque lo has hecho durante una eternidad. —soltó.
—Sí, supongo que sí. —murmuré pensativo. —Toma. —añadí tendiéndole una bolsa.
Conduje rápido. A suficiente velocidad para que ni siquiera se pusiese a abrir la bolsa.
Llegamos al cuartel y derrapé para aparcar el coche. Me bajé sin esperarla.
—Paul. —dijo llamándome extrañada. No me paré. —No te enfades, no creía que te fuese a molestar.
—No estoy molesto. —aseguré. —Solo doy por finalizada la noche.
—¿Se te pasará para hacer algo mañana? —cuestionó sacándome de mis casillas.
—Mañana estoy ocupado. Diviértete. —sentencié.