Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

PAUL

No había nada que pudiera hacer para acallar el caos que se formó a raíz de la caída de Anjali.

Las preguntas sobre si yo lo sabía; ella sospechaba lo que significaba; y cómo era posible que siendo Anjali Sagitario estuviera “posiblemente destinada” a mí, se multiplicaban por segundos.

Einar estaba en shock. No había hecho ni una sola broma al respecto y su mujer, Estela, lo abanicaba con un folio doblado.

Harold aplaudió y todo asegurando que aunque habíamos hecho mal en no decir nada, el destino tenía planes que nosotros no podíamos cambiar.

—¿Vas a decir algo? —interrogó finalmente Gulliver en mi dirección.

Yo no había abierto la boca desde que había ocurrido el “incidente”. Tampoco tenía nada claro qué era lo que podía decir.

Anjali me miraba desde su esquina, al lado de sus padres, con cara de querer matarme aunque no hubiese sido culpa mía.

—¿Os gustáis? —preguntó Lena intentando esclarecer la situación.

—No. —dijo contundente Anjali. —Os estáis confundiendo. Yo soy una sagitario y la marca solo está revoltosa. —Nadie le dio la razón. —¡Ya se lo dije a él! —añadió frustrada demostrando que sí lo habíamos hablado.

—Me parece muy feo que os lo hayáis callado, los dos. —aseguró enfadado Gulliver.

—Si no pensamos hacer nada con ello, no veo por qué tendríamos que haber dicho nada. —rebatió con todo su carácter Anjali.

—Hija, decirlo no te hubiese obligado a nada. —murmuró Estela.

—A lo mejor hubiese tenido que jugar al escondite el resto del mes. —bromeó Einar incluso desde su panorama de estar tirado como si no se encontrase bien.

—Sigues sin decir nada. —acusó Gulliver.

—Ni tiene por qué decir nada. —dijo enfadada Anjali.

Ella sabía que yo sí sentía cosas y que sí estaba dispuesto por lo que no le venía nada bien que abriese la boca.

¿No había dicho yo que iba a decirlo? ¿No había buscado primero entre las vampiras como habíamos quedado?

—Ella no quiere. —afirmé encogiéndose de hombros.

—¿Eso es que tú sí? —preguntó Estela.

—Ella es sagitario y yo piscis. —comenté.

—¿Es un juego donde das las respuestas que te da la gana? —intervino de nuevo en su tono jocoso Einar.

–¿Tú sí sientes algo? —preguntó Gulliver tras varios empujones de Harold en su hombro.

Anjali me miró fijamente desde sus ojos azul intenso y negó lentamente con la cabeza. Ella tenía muy claro lo que quería que yo dijera, pero no tenía por qué mentir.

—Sí. —admití. —He intentado que quiera estar abierta a la posibilidad y no me he negado a cortejarla.

—¿Ha dicho cortejarla? —chilló riéndose Einar.

No podía tomarse en serio ni aquella situación.

—Pero yo no quiero que me corteje, porque suena muy antiguo. Ni necesito tiempo ni nada por el estilo. No soy yo su compañera predestinada. Y la prueba está en que estamos aquí hablando de ello. —murmuró enfadada Anjali.

—Dar una oportunidad no es que ocurra nada que no queráis que ocurra. —aseguró la madre de Rebeca, que había pasado la situación más tensa con su yerno Taylor.

—Podemos dejar pasar el ciclo. —propuso Estela viendo la negativa de su hija.

—No ha dado frutos en el pasado. —recordó Vic.

—A lo mejor ahora es diferente. —intervino Liam.

En su caso, las dos hermanas habían estado marcadas pero el destino había aceptado su decisión en el cambio de ciclo.

—Estoy dispuesto a intentarlo. —admití. —Pero si ella no lo está, tampoco puedo obligarla.

—¿Y qué estás dispuesto a intentar? ¿Me traerás flores y chocolates?

—Si es lo que quieres… —murmuré cansado con el tema y la exposición delante de tanta gente.

—Pues no es lo que quiero. Ni lo que necesito. —atajó nuevamente a la defensiva.

—¿Y qué necesitas? —pregunté enarcando una ceja.

—Que entendáis que esto no se trata de lo que vosotros creéis y me dejéis seguir con mi vida. —aseguró.

—Pues así se hará. —determiné.

Me largué de la sala sin pedir permiso. Nadie intentó impedírmelo.

Tuve la “suerte” de no tener a Einar en contra a priori, estaba demasiado flipando y haciendo bromas para ver las consecuencias de aquello. También era verdad que, con la poca disposición que tenía su hija, dudaba de si era posible que se diera algo de forma efectiva entre nosotros.

Llegué a mi habitación para desnudarme y meterme bajo el chorro de la ducha. Necesitaba el agua fría recorriendo mi cuerpo para sacar de mi mente algunas de las ideas que pasaban por mi mente.

Unos golpes en la puerta me sacaron de la tranquilidad que intentaba obtener. Me lié una toalla a la cintura convencido de que algún signo o Gulliver iban a intentar comerme el tarro sobre lo mal que había estado no decir nada. Abrí en dos pasos la puerta.

Anjali estaba furibunda repiqueteando con su zapato repetidas veces.

—No tendrías que haber dicho nada. —aseguró señalándome.

—No soy yo el que está en desacuerdo con esto. —respondí sin ganas de darle vueltas.

—Pero me perjudica, a mí y a mi rutina.

—Sigue sin ser mi problema. —afirmé. —Me has pedido que te deje hacer tu vida, que eso es lo que quieres. Eso es lo que hago. Eres tú quien está en mi habitación.

—Eres inaguantable. —insultó antes de largarse furibunda.

Con ganas de molestar, encargué un ramo de flores y se lo envié con una nota.

“Inaguantable y predestinado, bonita combinación.