CAPÍTULO 3
PAUL
Había decidido hacer caso al consejo de Anjali, por lo que, en cuanto había visto aquella mañana a Gulliver y a Harold, les había propuesto hacer una ronda entre las vampiras de los cuarteles cercanos y también de algunas portadoras de marca entre los originales.
Entre las hijas de mis compañeros no encontré nada, de las pocas que no estaban emparejadas, y la ronda entre las vampiras del resto de cuarteles, por si había alguna callándose la marca, sin saber qué podía significar, iba a ser lenta.
Nunca me había planteado que hubiese tantas mujeres vampiras a nuestro alrededor.
En realidad, no tenían ningún tipo de motivo para callarse lo de la marca y menos cuando estábamos haciendo ver que era por una cosa especial que necesitaba el cuartel de los doce.
Pero nunca se sabía qué cosas propias tenían esas mujeres en la cabeza.
Acabamos por ir Leo y yo a los cuarteles cercanos para echar un vistazo y hablar con algunas. Pese a no tener marcas, muchas de ellas parecieron dispuestas a un interés amoroso y sexual conmigo cuando les dio por entender, con lo que decíamos, que buscaba pareja.
El día se me hizo agotador. Para cuando volvimos al cuartel, Leo estaba bastante de buen humor deseoso de contárselo a su mujer, y yo, sin embargo, solo quería perderme por alguna parte entre mis libros y mis propios pensamientos.
Cuando recogí zumo natural de la nevera para subirme a la biblioteca, al cerrar el frigo, me crucé con Anjali.
Sus ojos azules se veían brillantes en la oscuridad. No pasó inadvertido para mí su levantamiento de ceja.
—¿Y bien? —inquirió, esperando una respuesta que yo no tenía.
—¿Y bien qué? —cuestioné.
—Que si ha dado frutos lo de irte a buscar pareja.
—Claro que no. ¿Has reflexionado ya tú?
—¿Yo sobre qué? —preguntó a la defensiva.
—Sobre por qué no quieres darme la oportunidad y que no perdamos el tiempo —especifiqué.
—Sí, lo he reflexionado y sigo pensando lo mismo. Lo que tienes que hacer es pasearte. Hay alguna humana perdida por ahí, marcada y desolada por no ser tu pareja —argumentó.
Me acerqué solo un paso hacia ella. Quería rozar sus muñecas con la yema de mis dedos y besar sus carnosos labios, pero me contuve.
—Creo que no estás siendo racional.
—¿Y tú sí? Pareces un adolescente enamorado —atacó.
Auch, eso dolió, pero tampoco me importaba.
—Voy a decirlo Anjali. Voy a decir lo que está pasando. No tengo por qué estar por ahí buscando algo que ya he encontrado. Si quieres o no quieres, ya es cosa tuya —declaré, largándome con el vaso de cristal en la mano.
Me detuvo tan rápido de la tela de la camiseta que se me cayó el vaso al suelo, haciendo mil añicos de cristal que podrían haberle cortado.
La cogí en volandas y la puse unos pasos más allá.
Me recriminó con la mirada y con un dedo me señaló que no era la actitud que le gustaba, que no iba a consentirlo.
No tenía ganas de discutir con ella.
—Lo que tienes que hacer es buscar a esa humana. Me dijiste que lo ibas a intentar, así que mañana te levantas bien temprano y no vuelvas hasta que no la encuentres —ordenó, como si todavía en su mente tuviese razón.
—Claro que sí, Anjali —bufé antes de terminar de largarme.
Di un portazo, a lo mejor un poco más fuerte de lo que debía, si no quería que la gente empezase a preguntarse qué cojones me pasaba, aunque también era probable que determinasen que se debía a la falta de compañera y lo difícil que se planteaba otro mes sin hallar nada para dejar paso a otro año.
Habría sido más fácil de todas formas que fuese así, no encontrar nada y seguir esperando, que la situación que se me había quedado.
¿Por qué no le gustaba a Anjali? ¿Por qué ni siquiera daba la oportunidad de que pasara algo entre nosotros para comprobar si sus sentimientos afloraban?
Mis propias dudas no me dejaban dormir y me obligaban a estar dando vueltas constantemente en la cama. A lo mejor era porque yo era muy antiguo.
Esa idea pasó por mi mente unas cuantas veces, por lo que, sin miedo a mostrar lo que sentía, decidí informarme de esa pequeña, por no decir gigante, diferencia de generación por la mañana.
Anjali era joven de verdad, como muchos otros de los hijos de mis “hermanos”, así que seguramente se había hecho la idea de un amor más humano, más del siglo XXI.
Busqué información para quedarme bastante absorto y anonadado: parejas libres, poco compromiso, mucha intención y romanticismo, pero poco agobio. Todo ello no tenía ningún sentido para mí, así que me dediqué a googlear actos románticos para declarar el amor a una persona sin agobiarla.
La búsqueda que me salió podría haber sido digna de un thriller, después decíamos en nuestras conversaciones banales entre vampiros, que nosotros dábamos miedo como concepto. El amor nuevo sí que daba miedo como concepto.
Bajé a desayunar leyendo cosas en la tablet y me senté lo más alejado posible para que nadie me molestase en esa tarea. Sin embargo, algo allí arriba no estaba de mi parte porque Adam se sentó frente a mí.
—¿Te ayudo en algo? —preguntó señalando la tablet.
—No, la verdad es que estoy bien. Hoy voy a salir a buscar humanas que puedan estar marcadas.
—Sí, hemos estado hablando de eso. Todos vamos a salir, por si vemos algo.
—Nunca salimos todos últimamente.
—Sí, es cierto, pero Harold está seguro, por algo en su lectura de mapa, de que este año es el fin de la unión de los doce con sus compañeras y, eso, unido a la bola de fuego, pues cree que hay algo ahí fuera.
—Espero que así sea —murmuré.
—Tranquilo, cuando la encontremos —dio una palmada en mi espalda a modo de consuelo—. Seguro la conquistas una vez y cerrar de ojos. Eres un romántico y eso ya es mucho más de lo que podemos decir prácticamente de todos nosotros.
—Sí, tu sensibilidad te dará la mujer que quieras —dijo burlón Einar.
Si él supiera...
Acabé por pedirle a Gulliver que mandara al hijo de Aries, Amir, conmigo de búsqueda, por si algo, con mi despiste de mes, se me pasaba por alto. En realidad solo quería tener una conversación con él; era joven, al fin y al cabo, o por lo menos tenía muchos menos años que yo.
—Te veo raro —aseguró riéndose—. Dime ya lo que quieras pedirme y así me puedo ir a hacer mis cosas —añadió demostrando que no era tonto.
Para meterme con Aries podía decirle que había salido claramente a su madre.
—Que quería saber, si la humana que encuentre es más joven, porque claro será de este siglo, ¿tienes algún consejo que darme, ya que tú estás más movido en este tema? Te veo muy activo en lo del amor —declaré, sintiéndome de pronto muy antiguo y fuera de onda.
—Pues es una época complicada para ligar, las mujeres tienen muchas opciones y si no tienes ese sentimiento de atracción eterno es muy complicado que nazca en ellas el deseo de una relación duradera y eterna.
Pero si tiene la marca imagino que siendo un tío sensible, amable, comprensivo y dejando que tenga su independencia debería ser suficiente. Tampoco soy un experto —admitió.
—Vale, pues nada, era eso. Puedes irte.
Me quedé solo paseando por la ciudad sin saber en realidad qué se suponía que estaba buscando cuando yo estaba convencido de tenerlo ya en el cuartel.
Al pasar por una calle abarrotada de gente pasaron dos cosas: una, un olor a vainilla inundó mis fosas nasales dejando en evidencia que Anjali estaba en esa calle. Segundo, decidí comprar una rosa que un transeúnte me ofreció para llevársela.
Al verme, aunque estaba con sus amigas, se sorprendió lo suficiente como para quedarse paralizada.
Le di la rosa sin mediar palabra y seguí andando.