CAPÍTULO 1
PAUL
Esa bola intensa de fuego no había significado nada. O eso determinamos tras una intensa búsqueda.
No tenía ningún problema, y nunca lo había tenido, en encontrar al amor de mi vida. Posiblemente, de mis hermanos era el más sensible y romántico, pero las formas en las que el destino presentaba la oportunidad… A eso sí le tenía respeto.
—Bueno, no te preocupes, siempre acaba apareciendo. —dijo a modo de consuelo Janna separándose un poco de Leo.
—La verdad que yo confío en que él no tenga ningún problema. La verá y se declarará, sin tener que esperar. —añadió Rebeca.
Si así lo sentía no veía por qué no iba a hacerlo.
—No tengo necesidad de jugar al perro y al gato como han hecho otros. Acepto que ese impulso va a ser desde el principio incontrolable y que tendré que esforzarme por conquistarla. De ser humana claro. —comenté.
—¡Esa actitud nos habría ahorrado muchísimos problemas! —exclamó Gulliver sentándose a la mesa con el resto para comer.
—¡Y a lo mejor habríamos tenido más de un bebé por ciclo! —soltó Harold.
Él era muy dado a decir cosas que ni siquiera estaban demostradas que fueran posibles.
Un entusiasta en lo suyo, quién podía juzgarlo.
—Pues yo no creo que ser tan sensible sea algo positivo. —soltó Tauro tan seco como siempre. —Te expones a sufrir.
—Claro, de la otra forma es mucho más fácil. —ironizó su mujer.
—Es más divertido si nos podemos reír en el proceso. —intervino Einar.
Allí todo el mundo tenía algo que decir al respecto.
—También podéis centraros en vuestras magníficas relaciones y dejar que yo, bien dispuesto, me paseé por la ciudad hasta dar con la susodicha. —Hice una pausa quedándome pensativo. —Eso sí, no le explicaré lo que somos de una forma tan brusca.
Aunque había pasado el tiempo, ni siquiera sabía cómo se habían podido solucionar las cosas entre Olivia y Axel con lo atropellada que había sido la revelación.
—Eres un chico muy guapo. —afirmó Rebeca. —Me refiero para pretendientas humanas. —rectificó ante la mirada enfurecida de Greyson.
—Cuando es la persona, vas a verla perfecta igual. —explicó Lena besando a Adam.
—No hace falta que todos estéis tan felices para dar envidia. Aún no la ha encontrado, no es que la esté esquivando.
—Ni que fuera Einar. —dijo burlonamente Leo.
El aludido le tiró un trozo de naranja a la cabeza y ambos se rieron.
Estela entró entonces con Anjali y, entonces, sucedió sin más.
Me quedé mirando a Anjali como si nunca la hubiese visto antes. Su pelo rubio largo hasta la cadera tenía un brillo especial y sus ojos azules parecían más cristalinos de lo que recordaba.
Su mirada cayó en mí solo una milésima como si notase mi escrutinio.
Era ella.
Ni siquiera era piscis… ¿Cómo era posible?
Me quedé rígido y pensativo.
—¿Estás bien? —interrogó Lena acercándose un poco.
—Yo… Esto… Sí. —dije levantándome al mismo tiempo que me tropezaba.
Mi comportamiento extraño llamó la atención de todos pero no di tiempo a que me preguntasen nada más y salí de allí directo a mi cuarto.
Tenía que ser una confusión… Quizá mis sentidos estaban alterados porque mi compañera estaba en alguna parte y simplemente ella se había metido en mi campo de visión.
¿No era yo precisamente el que estaba hablando de no renegar de los sentimientos y aceptarlos desde el principio?
Yo siempre había tenido un perfil bajo dentro del clan de los doce. Cuando había que llevar a cabo una tarea por casas el orden celestial había decidido que yo fuese el último dándome pocas ocasiones de destacar.
¿Eso iba a cambiar precisamente en ese momento?
Respiré hondo, me metí en la ducha y salí recién cambiado.
Bajé las escaleras de dos en dos.
Seguí el rastro a vainilla directamente hasta entrar en la cocina y encontrar sola a Anjali. Se giró sin necesidad de anunciarme y negó directamente con la cabeza.
—No puedes decírselo a nadie. —exigió colocando su dedo índice a modo de amenaza sobre mi pecho.
—¿Por qué? Tú estás marcada desde el día en que naciste. —rebatí sin poder creerme que de verdad fuera ella.
—No soy piscis, y no me interesas. —declaró.
Auch, eso había dolido.
Quise respirar hondo y comprobar de nuevo si podía haber algún fallo, pero no lo había. Cogí su brazo para comprobar levantándole la manga de la camiseta que su marca en forma de círculo ardía un poco con mi contacto.
—Eres tú. Yo… —Me quedé callado. —¿No sientes nada? —pregunté parpadeando varias veces sin poder creérmelo.
¿Esto no había sido las once veces anteriores justo al revés? ¿No eran mis hermanos los que se habían negado a ver que sí eran sus predestinadas desde el principio?
—No. —aseguró dando un tirón para que le soltase el brazo y bajarse la manga.
—Y te agradecería que no me pusieses en el punto de mira tontamente.
Ya lo estoy bajo mi mes cada año por si pasa algo extraordinario.
—explicó con un bufido de desesperación.
—Y, ahora, si hemos aclarado todos los asuntos… Tengo que irme.
No me dio tiempo a retenerla por lo que me quedé con cara de imbécil plantado en la cocina.
¿Qué cojones acababa de pasar?
Salí al salón para dejarme caer en el sofá pensativo.
—¿Qué te pasa? ¿Qué te ha pasado en el comedor? —cuestionó Lena, tan perceptiva como siempre.
—He estado pensando en una tontería… ¿Y si encuentro a esa persona pero no quiere nada conmigo? —interrogué.
—Bueno, con el tiempo siempre cambiamos de opinión. A veces es cuestión de insistir pero sin ser pesado.
¿Eso no era un sin sentido?
—¿Y si no cambia de opinión? —interrogué.
—A las humanas les cuesta entender el amor de una forma tan intensa, te lo digo yo. —intervino Olivia.
—Ya…
No pude seguir la conversación porque eso era decirles a todos que, aunque fuese humana, porque era la única que habiendo nacido de una unión entre signo original y su compañera había nacido de ese modo, sabía todo de nosotros y tenía el conocimiento suficiente para entender que era el propio destino el que nos había unido.
Me levanté enfadado.
Con géminis una de las hermanas había acabado por no ser compañera de nadie y su marca había desaparecido… ¿Tenía que dejar correr el ciclo sin decírselo a nadie?
“Insistir sin ser pesado” se había grabado en mi mente pero no tenía ni idea de cómo hacer eso.
Choqué con Gulliver pero no me paré a hablar con él por lo que solo me disculpé en voz baja.
Mi intuición me mandó irme lejos del cuartel por esa noche.
¿Había sido porque necesitaba estar lejos o porque mis pasos sin saberlo me habían llevado a estar encima de un puente elevado justo viendo a Anjali pelando la pava con un tío en un parque público?