Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

AXEL

Había sido un año maravilloso. Pasar tiempo con Olivia, ser novios y salir del cuartel, pese a las miradas críticas de algunos de los miembros.

Había conseguido alimentar mi alma y despertar mi arte. Arte que se vendía muy bien, incluso siendo un don nadie, que además firmaba con una A de Acuario que no pensaba desvelar, porque la gente podía hacerme más famoso de lo que me interesase.

Olivia era feliz vendiendo los cuadros en la galería, donde su jefe le había subido el sueldo. Pero, como bien le había dicho Gulliver en la última cena, tenía que plantearse ir dejándolo para no llevar a cabo una exposición al mundo que debería quedar en secreto.

En cuanto a los desaparecidos, habíamos conseguido implantar un sistema nuevo y eficiente en el que sabíamos si eran o no por causa de vampiros y, en base a ello, reforzábamos con la policía las áreas de búsqueda o intentábamos dar una explicación plausible para que la gente pudiera descansar tranquila.

Olivia me esperaba guapísima, con un vestido rosa que le resaltaba el peinado y sus ojos verdes.

Le cogí la mano y se la besé. Ella me devolvió el beso pero en los labios poniéndose de puntillas. Encendía mi cuerpo tan solo con tocarme, por muchas veces que nos hubiéramos visto sin ropa. Era algo más allá de la química, más allá de lo natural.

—Y ahora, cuando cambiemos de mes, aprovechando que tenemos que dejarlo todo, podríamos ir a algún sitio —sugirió, jugando con su dedo en el primer botón de mi camisa.

—Sí, supongo que sí —accedí.

Me era muy difícil negarle algo.

En el cuartel, aquel día todo el mundo estaba preparado para el cambio de signo. Por lo menos todos menos Paul, quien miraba nerviosamente a un lado y a otro, como le había pasado el año anterior.

Yo había encontrado a mi compañera, por lo que era posible que dentro de su signo le pasara lo mismo.

¿Quería él eso? Probablemente sí, aunque lo que ninguno de ellos quería era la complicación que llevaba el proceso. Además, era más fácil cuando se te decía con un círculo marcado en su piel si debía ser esa sí o sí.

Olivia no se encontraba muy bien repentinamente por la noche, así que decidí que estuviese en la sala de los signos. Como nadie esperaba que pasara nada nuevo, dejaron a las compañeras que estuvieran relativamente cerca con nosotros ahí dentro, aunque no pegados.

Lo que no podía haber esperado ni en mil años fue que una bola de fuego impactara directamente en Olivia, haciendo que literalmente saltara del círculo. El cielo la había marcado. El círculo estaba en su piel.

Ella me miró, asustada y emocionada al mismo tiempo. Yo respiré tranquilo, sabiendo que por fin no iba a haber nada que intentase interponerse entre nosotros.

—Así que se puede hacer también así —dijo Harold muy asombrado y contento—.

Ya sabes, Paul, espero que hayas aprendido de tus vecinos predecesores.

No deberías tener ningún problema para encontrar una compañera, y cuando la encuentres tarde o temprano le saltará la marca.

Es sencillo: o viene marcada, o la buscas y se marca —explicó emocionado, como si fuera una ciencia exacta.

No me quise meter en la conversación sobre lo fácil que podía verse desde fuera. Preferí abrazar a Olivia, mirarla directamente a sus ojos verdes, abiertos como platos, y besarla, aunque estuviéramos delante de todo el mundo.

Paul se acercó repentinamente, algo asustado, y le puso una mano en el estómago a Olivia. Respiró hondo cuando se dio cuenta de que allí no se estaba gestando ningún bebé.

—Mira, yo como yerno no te quiero y además eso se ha visto mucho por aquí —dijo riéndose.

Le di una palmadita en el hombro. Solo quedaba él y habíamos pasado en ese cuartel por todas las situaciones posibles.

—Va a cambiar el mes —indicó Gulliver, invitándonos a que todos escogiéramos sitio en nuestros círculos correspondientes de la sala.

Una bola de fuego a las doce en punto atravesó la sala creando una explosión en el centro que no llegó a impactar en ninguna parte concreta. Aún así, nos incorporamos sobresaltados.

Paul tenía cara de desconcierto y se encogió de hombros al mirarme.

Yo me centré en Olivia, tan radiante y especial como estaba incluso con el susto encima.

El destino la había puesto en mi camino sin señal luminosa ni nada. Tuve que preguntarme por qué había tardado tanto en traérmela y cómo era posible que hubiese vivido sin ella.

Subimos a la habitación donde había preparado algo especial para aquella noche.

—¿Qué es todo esto? —preguntó con una risa.

Había pinturas aptas para pintar el cuerpo por todas partes y sábanas limpias blancas cubriéndolo todo.

—Quiero que el arte nos envuelva. —murmuré.

Sonó ronco en mi garganta y su humedad me dijo que se imaginaba exactamente cómo iba ser.

Mi inspiración y mi lienzo privado, todo en una misma persona.

Sonreímos al mismo tiempo como solo sonreían las personas que sabían que nunca más iban a sentir que no encontraban su lugar.