Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

CELIA

Mi lista fue cambiando conforme pasaban los días. Por mucho que me empeñé en poner a Caleb en el inicio de la lista, no veía por qué iba a ponerse a hacer maldades contra sus hermanos.

—Mamá. —Mi madre se dio la vuelta mientras preparaba las galletas que íbamos a tomar con el café. —¿Tú crees que Caleb es malo? —interrogué dando vueltas con el bolígrafo por mi lista.

—Pues… Creo que es distinto al resto de los que están aquí pero no lo conozco suficiente. Nunca ha hecho nada incorrecto desde que yo llegué. Y se ha portado muy bien con el tema de… La marca.

—¿Y tú papá? Tú lo conoces mejor.

Mi padre había llegado hacía unos segundos pero sabía que se había arrepentido del momento escogido.

—¿Por qué la pregunta?

—¿Cambia la respuesta? —aventuré entrecerrando los ojos.

—¿Sientes algo por él? —inquirió haciendo todo su esfuerzo por ser paciente aunque no se le conocía precisamente por tener tacto.

—No. Creo que podría ser un psicópata retorcido, rencoroso, frío, cínico y con una obsesión por el estatus, que le haya llevado a convertirse en un aliado de los renegados. —solté de pronto.

Mi padre se cabreó, más de lo que lo hubiese visto alguna vez. Dio un puñetazo en la mesa y mi madre tuvo que poner una de sus manos en el hombro de mi padre para calmarlo.

—No vayas diciendo eso. No le conoces. —espetó. —Puede ser muchas cosas pero es leal con la familia.

—Nunca lo veo integrado con los demás.

—Porque tiene una personalidad muy marcada, pero pondría la mano en el fuego por él.

—Aún así no te haría ninguna gracia que tuviésemos un interés mutuo. —señalé haciéndole ver el absurdo de su contradicción.

—Una cosa es que no crea que su… Experiencia vital sea compatible con una niña que ha nacido en las mejores condiciones y llena de inocencia. Otra muy distinta que te vaya a permitir esa idiotez.

Se fue dejándome impresionada.

Mi madre puso cara de circunstancias.

—Tu padre es muy amigo de Caleb. Él tampoco es el signo más alegre. —recalcó justificando el enfado. —Pero también te digo que confía por igual en todos sus hermanos.

Arrugué la nariz disgustada mientras me comía las galletas.

Gente entró y salió de la cocina saludándome.

¿Si las marcadas no podían ser y los hermanos de signo tampoco?

Gulliver y Harold eran los únicos que rondaban constantemente por allí.

Pero no tenía ningún sentido… Ambos se esforzaban como los que más en que saliesen las parejas y sus bebés.

Otra vez en punto muerto.

Decidí ir a hablar con Gulliver a su despacho. Me recibió de buena gana y me invitó a sentarme.

—¿En qué puedo ayudarte? —interrogó sabiendo que mi visita no era casual.

—Quería saber si tú, que llevas tantos al frente de esto, no sabrías decirme si la gente que entra esporádicamente aquí ha tenido oportunidad de ir descubriendo cosas sobre los originales. —expliqué.

—Vamos rotando a los vampiros de otros cuarteles que hacen las tareas. Nunca se habla nada importante en lugares donde estén. —Dejó salir un suspiro de cansancio. —Ya hemos pensado en todo eso.

—Pues algo has debido pasar por alto. —indiqué.

—Posiblemente, Celia, pero no creo que vaya a dar con el clavo después de los años que llevo pensando en ello.

—¿Y hay alguien que tenga una teoría? —pregunté ladeando la cabeza de un lado para otro.

—Espías es lo más probable. Unido a que se ven las bolas de fuego. —musitó.

—Supongo que es una posibilidad. —acepté antes de irme.

—¿Has visto a Caleb? —cuestionó consiguiendo que me detuviese en la puerta.

—No. —mentí.

¿Por qué le había cubierto en lugar de decir que estaba en esa casa? ¿Y por qué era un secreto?

Le envié un par de mensajes a Phill y a Camila para decirles que sus consejos al final habían resultado en nada.

Quedaron en pensar nuevas ideas para decírmelas cuando nos viéramos en el entrenamiento.

El día me cogió pensando sin dormir apenas. Tras ducharme y prepararme de deporte, me fui a la academia evitando adrede el desayuno para no tener que volver a dar explicaciones.

Estaba deseando que terminase el mes de capricornio.

Nos empezamos a pelear por turnos en el patio. Me tumbaron varias veces. No estaba muy fina y encima no había dormido.

Cuando ya me sentía fatigada, incluso con mi forma de vampiro, porque no había conseguido ganar ni un combate, por fin se terminó la clase.

—Guau. Eso ha sido humillante. —dijo entre risas Phill.

Le pegué en el hombro de forma graciosa. Era un tío interesante que, a veces, me daba la sensación de vez en cuando de que me tiraba los tejos.

—Tampoco yo he sido mucho mejor. —bufó Camila dejándose caer a mi lado.

—¿Y si buscamos alguien que nos enseñe? Vamos a acabar suspendiendo las pruebas físicas. —propuso Phill. —Yo os puedo enseñar hasta donde yo sé.

—Tampoco eres el artista de la clase. —señalé consiguiendo ofenderle un poco.

—¿Conocemos algún genio de las técnicas militares? —preguntaron al unísono.

Me callé voluntariamente, mi padre lo era, pero no le iba a pedir ayuda.

Cuando por fin pudimos salir, volví a oler esa fragancia y como muy bien de la cabeza no debía estar, volví allí.

Al colarme por la ventana, volvió a hacerme la misma llave durante unos segundos.

—¿Tampoco me has reconocido?

—¿Qué haces aquí? Vas a hacer que me busque otra casa. —dijo serio.

—Creo que es la frase más larga que hemos intercambiado. Genial. Porque necesito pedirte un favor. —solté.

—¿A mí? Seguro, al cien por cien, que hay alguien mejor para pedírselo.

—Todo el mundo anda ocupado con las investigaciones y sus familias, eres el único que no hace nada en absolutamente todo el día.

—¿Qué te hace pensar eso? Estamos en mi mes. —señaló serio.

—Un par de llaves para rendir en la academia. Eso es todo. —comenté.

—Tú no me conoces Celia, ni pretendo que lo hagas. Soy un tipo reservado entre otras cosas, no me gusta que te estés colando aquí.

—No me colaré más. Solo una semana de clases para no hacer el ridículo. —propuse.

—Solo una semana. —aceptó.