CAPÍTULO 8
SELENA
No podía concentrarme con la respiración de Shaun cerca de mí.
Estábamos esperando, agazapados entre unas rocas, a que llegasen los humanos. No se hicieron de esperar demasiado, pero era curioso quién los dirigía: haciéndose pasar por guía turístico, un vampiro les había llevado hasta el inicio de la cueva.
Pasamos momentos de tensión creyendo que percibiría nuestro olor, pero debió creer que era de otro momento, y se largó dejándolos allí.
—Deberíamos sacarlos. —dijo tan ronco que se me hizo sexy pese a las circunstancias.
—Sabrán que no hay humanos cerca… —susurré pegándome más a él para que me oyese.
—No puedo protegerlos a ellos y a ti al mismo tiempo. —confesó consiguiendo que me mordiese el labio como única respuesta.
—Hay que intentarlo. —musité a duras penas.
Envié una señal con el busca del cuartel para que enviasen refuerzos. No estaba dispuesto a que hubiese un problema en el que no pudiera protegerla como debía.
Seguramente a Selena no le iba a hacer gracia alguna no terminar en solitario lo que empezamos, pero arriesgarme no era opción.
Los nuevos vampiros entraron sedientos de sangre directos a por los humanos, quienes no sabían qué significaba aquello.
Le ordené quedarse ahí y salí disparado para neutralizar a los nuevos. Pero no era sencillo ya que la fuerza de los recién convertidos era algo implacable.
Caleb llegó taciturno como siempre pero letal a ayudarme. Se encargó de la mitad del trabajo mientras yo me aseguraba que Selena estaba donde la había dejado.
Pero no. Había decidido salir corriendo de un vampiro suelto que solo había puesto un pie en la cueva. Olía a renegado, algo más viejo, pero se marchó raudo en cuanto vio que algo estaba ocurriendo algo allí dentro.
Caleb me hizo una señal casi imperceptible asegurándose de decirme que él se encargaba de lo que ocurría allí dentro.
Por lo menos de la parte de los vampiros que tenían que cantar y desaparecer para siempre, pero lo del tacto y una explicación plausible para los humanos…
Era otro cantar que no podíamos llevar a cabo ni él ni yo.
Perseguí a Selena, quien no me había obedecido absolutamente en nada.
Quería estrangularla por ello pero primero asegurarme de que estaba bien. Tan poco sentido como la fuerza, cual imán, que sentía hacia ella desde mi interior.
—Deberías haberte quedado haciendo tu trabajo, estúpida.
La voz reconocible de Gunter me sacó de mis casillas y consiguió que mis pies avanzasen aún más rápido para meterme en escena.
—Puedo darte una paliza. —aseguré nada más verlo.
Estaba al lado del otro individuo y, mirándolos bien, tenían un cierto parecido.
—Por eso nunca lo encontrábamos, porque tú le ayudabas desde dentro. —señaló Selena ofendida cruzándose de brazos mientras se recuperaba de la persecución.
—Y tú no podías dejarlo estar. Nunca lo haces. —Hizo una pausa en la que se rió de una manera que no me gustó. —Pero no podías ser una perra sin más, tenías que además se alguien especial. Mira, mejor, porque así en lugar de quitar una molestia del medio, quito dos problemas.
—Mira, eso mismo estaba pensando yo. —acusé procurando no perder los nervios.
—Voy a llevar un informe de esto demostrando que a cada punto muerto que llegué, fue tu culpa. —señaló sintiéndose casi contenta.
—Primero tendríais que salir con vida alguno de aquí para eso. —intervino el otro vampiro.
Debían ser hermanos y llevar en contacto mucho tiempo. Pero si la oscuridad de Gunter había podido pasar desapercibida, la del otro era imposible de ocultar.
Para terminar de poner las cosas difíciles, seis renegados más aparecieron preparados para una pelea.
Genial.
Me coloqué delante de Selena mientras analizaba la situación. Por muy bueno que fuese peleando, estaba en mitad de una situación desventajosa.
Tenía que hacer tiempo, para que llegase alguno de mis otros hermanos. O que Caleb mínimo terminase con lo de dentro.
—No tenéis dónde escapar. Mi nombre es Erik, por si quieres saber el nombre de quien está harto de que os creáis mejores.
El cielo no os hace especiales. Si desaparecéis, se hace un verdadero sistema.
Basado en los méritos y en el poder; en la fuerza; y en todo lo que no podéis controlar hayáis nacido cuando hayáis nacido.
—Tu retahíla está muy bien. Pero que me mates a mí no cambiaría nada.
Mentí. De hecho, creía que era uno de los mayores problemas que podía tener el cuartel de los doce. El resto, a excepción de Caleb y de mí, todos tenían un “repuesto” por mucho que nos doliera pensarlo así.
¿Lo peor del tema?
Que me daba igual. Solo quería proteger a Selena y salir de allí, por mucho que ella no quisiera una relación estable con ese miedo al compromiso temprano.
¿Y cuándo había cambiado yo de opinión sobre ello?
Las estrellas tenían planes que no podíamos contradecir.
—¿Ningún problema? Eso no es lo que tengo entendido. —rebatió llevándose una mano a la barbilla pensativo. —Dejará de haber originales reales. Y los bebés normales no llegan y vuestros nuevos métodos, sea como sean de plausibles, no se pueden realizar sin vosotros.
—Te veo informado… —murmuré pensativo.
—Tiene a alguien dentro. —concedió Selena bastante segura. —Es imposible que tenga más información de la que he conseguido yo incluso estando con vosotros. —añadió bajando el volumen hablando solo hacia mí.
—Bueno, tenemos otros problemas de los que ocuparnos primero. —dije levantando la barbilla y tensando los músculos preparado para pelear.
Mis hermanos llegaron preparados para la batalla. Di la orden de capturar a Erik para poder terminar de sacarle información a ese capullo, pero estaba dispuesto a que rodase su cabeza si era necesario.
No era un hombre paciente, tampoco tranquilo, y amaba la pelea. Por eso mismo no entendí mis propios instintos de salir de allí con Selena lo antes posible.
La dejé con Gulliver lejos del centro de la pelea y volví para ayudar cuando ya los habían reducido.
—Hay que patrullar más y mejor, aunque él sea el cabecilla, tiene que haber muchos allí fuera. Es solo la punta del iceberg. —murmuró Adam.
—Pero el iceberg siempre acaba cayendo y perdiéndose en el centro del mar. —sentencié antes de irme.
—El ciclo no va a durar para siempre. —dijo Gulliver al verme.
No estaba para sus charlas así que cogí de la mano a Selena para llevarla a salvo hasta el cuartel.
Justo cuando atravesamos las seguras puertas, soltó mi mano.
—Quiero estar delante en los interrogatorios y en todo el proceso. Es emocionante. —anunció.
—¿Emocionante? Sí, perfecto. Entiendo tu espíritu aventurero. —respondí en una retahíla improvisada. —Pero, ¿qué pasa con nosotros? ¿Qué piensas hacer? El ciclo no durará para siempre.
—No te conozco. —murmuró clavando sus ojos en mí. —No puedo simplemente porque acabe el mes tener un hijo contigo. Ni menos creerme que me amarás toda la vida porque sí. —reafirmó.
—Todos los demás lo han hecho. Si no quieres hacerlo… Es porque no sientes lo que tienes que sentir.
—Quizá. —dijo.
Y esa palabra dolió como un puñal.