CAPÍTULO 6
SELENA
Fue difícil dar con algo que dejase satisface al cabezón prepotente que llevaba a mi lado en el archivo buscando entre carpetas vagamente sin saber de verdad que estaba buscando.
Al final, conseguí reunir algunas carpetas que tenían ese patrón en los asesinatos. Él estuvo muy interesado en los años en los que ocurrieron.
—No entiendo el patrón. —confesé a regañadientes sin querer darle esa satisfacción.
—Son años importantes, en los que ocurrieron cosas para la casa de los doce. —contestó evitando darme cualquier tipo de información útil. —No entiendo cómo esto nos ha pasado desapercibido. —murmuró.
Cerró todas las carpetas y las cogió para llevárselas.
—No son de tu propiedad. —señalé rodando los ojos hasta ponerlos en blanco.
—Todo lo que yo quiera que lo sea, lo será. —susurró.
Sus palabras consiguieron erizar mi piel recorriendo mi espina dorsal. Había sonado tan… Posesivo.
Alejé esos pensamientos intrusivos que nada debían tener que ver conmigo y acepté que, simplemente, nos los íbamos a llevar.
En el cuartel de Shaun demasiadas personas se preocuparon por si estaba bien cuando me vieron llegar y, eso, por mucho que colaborásemos, me resultó extraño.
—¿A qué se debe tanta amabilidad? —pregunté en el oído de Shaun cuando nos dirigíamos a la biblioteca.
Se paró en seco. Mi pecho chocó con su espalda dejándonos tan cerca que contuve la respiración. Giró un poco su cabeza y la curva de sus labios fueron imposibles de ignorar: Tan perfectos, entreabiertos…
—Es importante que cumplas tu misión. —soltó tras un silencio que dejaba claro que había pensado su respuesta.
—Así que hay renegados que siguen intentando destruir los… —Gulliver se calló de golpe clavando de forma breve su mirada en mí. —Eventos de los doce. Deberíamos habernos dado cuenta. Y, por supuesto, eso pone en jaque vuestra situación.
Noté a Shaun tensarse en exceso a mi lado.
—¿Por qué? —inquirió poco dispuesto a decir más palabras que pudieran darme una maldita pista de lo que estaban hablando.
—Porque es peligroso. Os intentan poner en una situación de riesgo en la que estéis solos probablemente. A lo mejor han averiguado más de lo que sabían.
No estaba entendiendo nada pero mi cuerpo respondía de forma tensa a la situación.
—Habla con ella. —solicitó Shaun.
—Es momento de que lo hagas tú. —señaló de vuelta.
—No tengo tacto para estas cosas. —bufó exasperado.
—Yo tampoco. —intervine sorprendiendo a los presentes.
En lugar de explicarme alguien algo, se largaron.
La biblioteca debería haberse sentido más espaciosa al quedarnos solos. Sin embargo, no podía dejar de fijarme en como la tensión subía y bajaba acompasadamente el pecho de Shaun.
—Evitas mirarme. —murmuré.
—¿Y qué si es así? —interrogó a la defensiva.
Sus ojos eran como los de un gato en mitad de la caza. No me achanté. Decidí que era un buen momento para dar un paso al frente y subir la barbilla demostrando que me daba igual que fuera uno de los doce. Yo tenía mi propia personalidad y fuerza.
—¿Sabes qué? No soy idiota. ¿Qué me estás ocultando? Bueno, tú y todos.
—Las estalagmitas y estalactitas crecen muy despacio. Es casi lo único que tengo conciencia de que esté de alguna forma vivo y tenga más años que yo. —recitó mirando hacia alguna parte
—Por eso es importante la cueva… —Tragué saliva ante su pequeño ápice de fragilidad. Enseguida volvió a ese rostro pétreo que era inexpugnable. —¿Qué tienen que ver los asesinatos con este cuartel?
Intentar despersonalizar los hechos, quizá, me daba alguna respuesta, por pobre que esta fuese.
—Como ha dicho Gulliver, están haciendo ese tipo de cosas en momentos que son hitos aquí dentro. Por las marcas.
¿Las marcas? Mi mente voló hacia el fuego y ese círculo tallado en mi tobillo.
—¿Siempre esos hitos envuelven personas externas que necesitáis que hagan… Cosas? —pregunté.
Sabía que Shaun no quería hablar conmigo, que aquello le incomodaba, pero también que era sincero en exceso. Lo que había llamado sincericidio en alguna ocasión, a lo mejor servía para algo.
—Sí. —musitó.
—¿Es mi verdadera misión buscar esos cuerpos y a sus culpables?
—Desde luego, esa no ha sido mi pregunta. —rebatí colocando las manos en las caderas a modo de enfado.
—No tengo obligación de contestarte.
—¿Ah, no? No me ha parecido eso cuando Gulliver te ha dicho que me lo expliques.
—Es que ellos lo ven fácil, pero ni tú ni yo somos así.
—No sabes cómo soy. —recalqué.
—¿Quieres un hijo y una eternidad conmigo? —interrogó dejándome completamente muda. —Lo suponía. Eso es lo que quieren de ti. Eso es lo que significa tu marca. Y no, no vale en cualquier momento ni con cualquier jodida persona. Es conmigo y antes de que acabe el mes.
—¿Es posible tener siquiera hijos? Somos vampiros.
—Evidentemente, si lo quieren es que se puede.
—¿Cómo? —cuestioné impresionada.
—Capricho de las estrellas. Marcan el destino y lo traen hasta nosotros. —bufó algo burlón.
Aquel golpe de información no pude procesarlo y solo dejé caer mi espalda sobre el mueble más cercano para no sentir que caía.
—¿Cuándo esperabas decírmelo? —pregunté tras lo que me pareció una eternidad. No dijo nada. Me acerqué a él hasta que no pudo evitar mi mirada. Le enfrenté directamente y coloqué mi dedo índice en su pecho dejándole claro que no estaba jugando. —Háblame.
Contra todo pronóstico, cogió mi dedo para apartarlo de él. Utilizó ese mismo agarre para bajar los dedos de su mano por mi muñeca y, tirando con fuerza, acercarme a él.
El movimiento de mi cabeza dejó al aire las venas de mi cuello. No respiré cuando sus labios se posaron en ellas para arañarlas con cuidado.
La excitación se apoderó de mí como una oleada incontrolable. No huí, no me moví. Su otra mano agarró mi cadera para hacer nuestro vaivén insufriblemente deseable.
—No soy paciente. No edulcoro las cosas. Y no renunciaré a mi libertad. —susurró mientras sus incisivos delanteros salían un poco. —Pero te deseo.
Debería haber retrocedido pero todos y cada uno de mis sentidos me gritaban exactamente lo mismo.
Tenerlo era una necesidad.
Las consecuencias serían más tarde.
Conseguí soltarme para entrelazar las muñecas por detrás de su cuello antes de saltar y colocarme a horcajadas sobre él.