Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 4
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CAPÍTULO 4

SELENA

Shaun era inaguantable.

Su sincericidio, porque esa forma de hablar no podía tener otra manera de llamarse, me ponía de los nervios.

Él creía que si era la verdad se podía decir a cualquier precio, pero no era cierto.

Por lo menos conmigo no iba a ser el caso. Llegamos a unas cuevas antiguas y Shaun se paró en seco.

Quise preguntarle por qué se había quedado tan quieto y taciturno al ver el lugar de los asesinatos, pero no lo hice.

Me daba igual.

¿Cuánto tendría que colaborar con él y con el dichoso cuartel de los doce?

Sabía, muy en el fondo de mi ser, que eran necesarios, pero también había podido comprobar a lo largo de los años que no los veías sino había una situación de gravedad extrema y que, por esa misma razón, casi era mejor no saber de su existencia.

—Podría haberme pillado aquí… —murmuró llamando mi atención mientras se fijaba en las rocas casi como si las conociese.

—¿Estuviste aquí? ¿Cuándo? —pregunté consiguiendo que saliera de su ensimismamiento.

—Qué importa, no había nadie.

—Sí importa, podemos establecer una hora concreta de lo sucedido. Además, pronto llegarán limpiadores. —señalé.

Shaun avanzó hacia una estalagmita partida cubierta de sangre.

—¿Sabes lo que tardó en crecer hasta tener este tamaño? Un centímetro cada cien años. —gruñó justo antes de tirarme el arma homicida, una estalagmita usada como puñal.

Justo después dio un puñetazo profundo a una roca.

—Nos vas a matar. —dije moviendo la cabeza hacia todos lados para comprobar que su golpe no había surgido efecto en cuanto a crear un derrumbe.

—Sé dónde golpear aquí. Sé todo de esta maldita cueva. —bufó como única respuesta.

—Bien. —afirmé señalando con cuidado cada rincón con la linterna. —Es un escenario complicado de limpiar.

—Lo van a destrozar todo. —siseó.

Me sorprendió ver cómo le afectaba algo tan banal como un sitio natural. ¿Tendría algún significado en especial para él?

¿Y a mí qué me importaba?

La idea llegó a mi mente antes de meditarlo mientras me mordía el labio.

—Podemos hacerlo. —Me miró sin entenderme. —Limpiarlo tú y yo, sin que nadie más entre. —añadí.

Sus ojos azules se clavaron en mí durante unos segundos que me resultaron una eternidad. El silencio me pesó un poco sin saber si arrepentirme de mis palabras.

—Bien. ¿Qué necesitamos? —inquirió.

Exhalé lo contenido.

—Yo mando el mensaje para el equipo del cuartel, que me lo traigan todo hasta la apertura de la cueva. —resolví.

No tardaron mucho, nunca lo hacíamos. Lo importante en el trabajo de limpiador era llegar al lugar de la masacre antes que cualquier humano. De paso, intentábamos hacer informes de situación, pero no siempre eran fructuosos.

Gunter me esperó al inicio de la cueva con cara de circunstancias y el maletín de análisis en la mano.

—¿Tan pequeño es el escenario para poder hacerlo tú sola? —preguntó extrañado.

No solía ser lo común, y tampoco era el caso. Los vampiros sedientos de sangre sin control ni mentor en positivo, solían dejar cadáveres sin ningún tipo de pudor.

—Nos encargamos nosotros. —aseguré.

—¿Vosotros? ¿Un doce se va a poner a limpiar un escenario? —preguntó riéndose.

Se le quitó la risa de golpe cuando vio aparecer a Shaun por la boca de la cueva quien no tenía duda de que había oído la conversación.

—No veo por qué si puede hacerlo alguien como tú no voy a poder hacerlo yo. —dijo con una sonrisa letal Shaun.

—¿Alguien como yo? —interrogó Gunter hacia sagitario.

—Un vampiro convertido suficiente valiente como para criticar a la espalda pero cobarde para decirlo de frente. Suficiente estúpido como para no plantar cara a otro macho. Y no hablemos de escoger un trabajo donde toda acción o peligro ya ha pasado a otro plano.

Las palabras cruzaron el viento afiladas hasta su receptor quien solo agachó la cabeza un poco.

—Me tengo que ir. Hay otro trabajo cerca. —aseguró aunque podría haber jurado que era mentira.

Cuando los pasos de Gunter se perdieron de nuestra vista me volví con expresión recriminatoria.

—No hacía falta ser así, cada uno es como es. —señalé disgustada.

—Bueno. ¿Cómo limpiamos esto? —interrogó ignorando mi pregunta.

Le obligué, porque sí estaba en posición de hacerlo, a ponerse el traje amarillo que tanto odiaba según la cara que ponía.

Todo había que llevarlo a cabo de forma rápida y eficaz. Desde la recogida de cualquier residuo de sangre como el análisis del cuerpo.

Las huellas indicaban talla y también posible posición de salida. Lo más complicado por peso era la movilidad de los cuerpos pero con Shaun, eso resultó no ser ningún problema

Siguiendo las huellas, las perdí en un muro sin salida.

—No tiene sentido. —murmuré.

—En realidad, sí lo tiene. —afirmó Shaun a mi espalda.

No me dio tiempo a reaccionar cuando su impulso fue coger mi mano y tirarnos al agua.

El impacto fue frío y desconcertante. Salí aún sabiendo que no me ahogaría como pura reacción de haber sido humana. Me observó como si anotase mentalmente lo que acababa de pasar y después volvió a tirar de mí hacia abajo consiguiendo que me pusiese a bucear.

A unos ocho metros por debajo del agua había una entrada entre las rocas donde el caudal rellenaba donde nos encontrábamos.

Lo cruzamos con esfuerzo. De hecho, y aunque no pensaba reconocerlo antes de salir el tema, pese a mi fuerza vampírica dudaba de poder haberlo pasado sin ayuda.

—Estaban fuertes. —dijo cuando salimos por el otro lado. —Vampiros nuevos con esa intensidad… —meditó.

—Es por el impulso que la sangre hizo en ellos justo antes de tener que perderse por aquí. Pero de nuevo, eso no encaja con seres que no tienen ni idea.

—Alguien les guía. —aseguró dándome la razón.

—El mismo que en el último escenario. —señalé.

—¿Por qué?

—Porque una de las huellas a simple vista coincide y creo que cuando tengamos los resultados del laboratorio dará el cien por cien.

—¿Renegado de alto rango? —aventuró mientras se quitaba la camiseta para escurrirla.

Sus abdominales eran envidiables pero no era el primer cuerpo que veía así que desvié la mirada hacia mi propia ropa, tan empapada.

Para mi sorpresa, cuando volví a dejar caer mis ojos en su rostro, los suyos estaban clavados en mi cuerpo.