CAPÍTULO 3
SHAUN
Había estado en unas cuevas antiguas cuyas estalactitas eran impresionantes. Solía visitarlas cada par de cientos de años para medir cuánto habían crecido. Fascinante lo lento que ocurría su cambio.
De vuelta al cuartel, Gulliver me esperaba paciente y tranquilo sentado tras la gran mesa de su escritorio.
—¿Has hablado con ella? —interrogué sabiendo que no había otro motivo para estar en la penumbra a esas horas.
—Lo he hecho. —Hizo una pausa. —¿Por qué te has ido? —cuestionó rascándose la barbilla.
—Porque tiene un novio o algo por el estilo, y es bastante desagradable. Supuse que ya le explicaríais tú y Harold porque esto es de supina importancia pueda pensar cualquier lo contrario.
—Estás molesto. —anunció.
—No voy a decirte que no.
—Pero sabías que este momento llegaría, como ha pasado con todos tus hermanos conforme ha ido llegando su turno.
—A lo mejor todos somos lo suficiente idiotas como para pensar que, en nuestro caso, va a ser distinto.
—Sí sois algo idiotas sí. —dijo algo burlón.
Me reí.
—¿Y cómo se lo ha tomado? Le gusta su trabajo de limpiadora. —señalé perdiendo la mirada entre las múltiples estanterías del despacho con tal de no tener que sostener el contacto visual.
—No se lo he dicho. Quiero que nos ayude con lo de las masacres y eso. —comunicó.
Me quedé quieto y callado durante unos instantes.
—¿Cuál es el juego?
—Investigaréis juntos.
—No se lo vas a decir. —recalqué sorprendido.
—Se lo diremos llegado el momento. Quizá sólo tenéis que pasar algo de tiempo juntos.
—No pretendas que la enamore, yo soy un alma libre. Además, no sé tener tacto para callarme aquello que le pueda sentar mal.
Hubo otro silencio incómodo.
—Está en el piso de arriba. Llévatela a los escenarios que aparezcan. Pasad tiempo juntos. Y solo comprueba si surge algo…
Me encogí de hombros.
Podía ser una oportunidad de no perder mi libertad, ir a escenarios aventureros y comprobar, para que todos pudiesen verlo, que no había ese tipo de alma gemela para mí. Ni aunque me gustase físicamente… Yo no era de enamorarme de esa forma.
Me acosté a dormir convencido de que el día siguiente iba a ser, por lo menos, diferente.
Lo extraño fue que unos ojos verdes y un cabello rubio decidieron colarse en mis sueños de formas confusas.
—Creía que erais diferentes. —dijo una voz lejana y cercana al mismo tiempo.
Tardé un poco en reaccionar mientras un olor a lavanda inundaba mis fosas nasales. Cuando lo hice y abrí los ojos, me sobresalté al ver a Selena quieta, en una esquina de mi habitación, de brazos cruzados.
—¿Qué cojones haces aquí? —interrogué exaltado.
Me levanté hallándome en calzoncillos, tal y como había dormido, y me esforcé por ponerme lo más rápido posible un pantalón encima.
—¿No deberías tener tus sentidos más agudos? Vaya original si cualquiera puede colarse en tu cuarto y verte plácidamente dormir. No me has sentido entrar, ni quedarme ahí, ni siquiera mi visión sobre ti.
—¿Te gusta colarte en las habitaciones de la gente? Podrías acabar muerta por ello. —siseé.
—Oh, ya veo. Saliendo del paso para no reconocer en alto que no me has sentido llegar.
—¿Qué quieres? —pregunté evitando a toda costa sus suposiciones.
Era cierto, sin embargo, lo que había señalado. Yo debería haberme despertado de inmediato incluso antes de que ella consiguiese colarse dentro.
¿Por qué no la había percibido como una amenaza?
—Gulliver es majo. —señaló desviando su vista de mi torso aún desnudo a un escrutinio del cuarto. —Dice que vaya contigo, por lo de los asesinatos.
Me encogí de hombros y salí por delante de ella tras coger una camiseta.
—Veremos a tu novio, qué divertido. —ironicé incapaz de callarme.
—No es mi novio. Y sí, me parece divertido verle.
Siseé de vuelta.
El escenario era un sangriento reguero de sangre donde ya había varios limpiadores trabajando a fondo antes del amanecer de las calles donde la gente corriente pensaba ir a trabajar.
—Un aumento considerable de nuevos vampiros. Habría que atajarlo. —murmuró más para ella que para mí.
No me dio tiempo a contestar antes de ver a Gunter acercarse con la mano levantada.
—Ya me han dicho que colaboraremos los tres. —anunció.
—Eso no va a pasar así. —aseguré tajante.
Selena se permitió el lujo de darme un codazo sin ningún tipo de consecuencias.
Al llegar a los cuerpos, cogió un traje e intentó, ridículamente, que yo también me vistiera de esa forma.
—Vas a contaminar la escena. —recriminó.
—Yo no contamino nada. —aseguré serio.
Negó con la cabeza antes de ponerse a hacer su trabajo. Lo que me dejó más tiempo del que esperaba callado y atento fue su desarrollo intelectual de los hechos y como era capaz de suponer no sólo quiénes sino el por qué; el momento de conversión; y dónde podíamos encontrarlos.
—Se te da muy bien, como siempre. —alabó Gunter hacia Selena.
Ella sonrió de vuelta escuetamente y yo, sin pensarlo, la cogí del antebrazo para llevármela conmigo.
Hizo un gesto casi como si se despidiese de ese capullo.
—¿Dónde vamos? —preguntó sin poner verdadera resistencia.
—A buscar a los implicados. Si hay un aumento de los nuevos vampiros que hacen esto, hay que erradicarlo.
—Yo no soy militar. —señaló dubitativa.
—Pero yo sí. —rebatí con una sonrisa afilada y achicando los ojos.
—Y crees que tú solo te bastas y te sobras. —ironizó.
—Lo hago. —sentencié.
—En todo caso, aunque así fuera, dependes de las pistas que yo te he dado.
—Llevo haciendo esto cientos de años sin que tú existieses.
—Pero había otras como yo que daban ese tipo de datos.
—No necesito una forense, he visto atrocidades durante tantos años que es natural para mí ver cómo y por qué.
—¿Entonces es vaguedad? —cuestionó enarcando una ceja.
Esos ojos verdes cuestionaban cada una de mis decisiones.
—Es jerarquía y sistematización. Cada uno se encarga de lo que debe encargarse.
—Vamos, tú vives mucho más allá de tu trabajo.
—Me gusta la aventura, pero llevo una carga que tú nunca llevarás.
Nos quedamos mirando cual batalla de titanes.
—¿Sabes qué? Eres un prepotente que se cree el mejor en todo, incluso piensas que eres atractivo. —bufó
—Lo soy y te lo parezco. —aseguré.
—Tus ganas. —rebatió.
Y de toda nuestra discusión, eso fue lo que más me molestó.
Mierda.