Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 2
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CAPÍTULO 2

SELENA

Sagitario era idiota pero su rostro había empeorado conforme me había hecho las dichosas fotos.

Me cogió de la muñeca prácticamente tirando de mí por lo que intenté oponer resistencia convencida de no haber hecho nada indebido.

—¡No sois los reyes de los vampiros! —critiqué.

—Eso, es discutible, pero no es por eso. —contestó.

Lo peor era que cada palabra que salía de su boca estaba pensada exactamente como le salía.

—¿Has terminado de pelearte con la chica? —cuestionó su compañero tan tranquilo con su gabardina negra llegando casi hasta el suelo.

—No. Nos la tenemos que llevar.

—Y una mierda. —espeté.

—De eso te encargas tú. Yo voy de avanzadilla. —dijo el amigo desapareciendo.

—¿Todos sois así de anormales? —cuestionó.

Me zarandeó un poco poniéndome frente a él. Cero miedo corrió por mis venas. Había visto la atrocidad humana cuando yo todavía lo era y lo había corroborado ya siendo vampira con el trabajo de limpiadora.

—Mira, vamos a llevarnos bien. Tienes un trabajo de mierda que seguramente ni te guste, y yo, por cosas que ya te explicaremos, tengo una mejor opción para el resto de tu vida.

“Mierda de trabajo” había sido de lo más suave, claro que sí.

—Había esperado un poco más de inteligencia de tu parte. —Me encogí de hombros. —Veo que todo lo que se dice de nuestra personalidad como sagitario potenciada en el original, es completamente falso.

—Deja de insultarme. —señaló.

—Lo mismo digo. —contesté sin morderme la lengua ni un poquito.

—Selena, nos vamos, hay otro desastre. —dijo Gunter llegando hasta nosotros y quedándose quieto al observar la escena. —¿Y tú eres? —preguntó con cautela.

Gunter podía ser muchas cosas, y no todas ellas buenas, pero sabía por lo menos percibir que el tío que teníamos con nosotros era un vampiro original y grande con el que no podía imponer su opinión.

—Shaun. —respondió sin soltarme sagitario.

—Tenemos que irnos. Son órdenes del cuartel. —informó incómodo.

—Diles que les llegarán noticias del cuartel de los doce sobre el motivo del requerimiento de Selena, pero tiene que venirse conmigo.

El cobarde, por supuesto, no cuestionó esa decisión. Puso cara de circunstancias, asintió y se largó.

—Cobarde. —siseé ya cuando lo habíamos perdido de vista.

—Eso es porque no tenéis ninguna clase de relación. Simplemente no le importa lo que te pase. —declaró sin tacto alguno el animal que me sostenía.

—Pues te equivocas, como veo que es tu patrón. Él y yo sí tenemos una relación, una amorosa, solo que es más cobarde de lo que le importo. ¿Se puede cuestionar a alguien por apreciar más su vida que a una amante? No lo creo. Es lógica.

Shaun, pues así acababa de descubrir que era su nombre, gruñó de forma gutural. El sonido bajó lentamente por toda mi espina dorsal de una manera que no esperaba.

—Vámonos. —ordenó con sus ojos, aún más negros, puestos en mí.

Le seguí.

Tampoco era que tuviese opción. Los doce eran conocidos entre todos los cuarteles y vampiros. Si conseguía comunicarme con el mío, y aunque yo hacía mi trabajo muy diligentemente, no iba a conseguir que me dieran permiso para desagradar a uno de ellos.

—¿Y qué quieres de mí? ¿Algo sobre mi trabajo? Creía que habías señalado expresamente que era una mierda. —Mi pregunta mientras le perseguía por un tejado a tanta velocidad de tirones que pensaba que me iba a acabar sacando un brazo, fue ignorada por completo.

Avanzamos por innumerables barrios sin parar ni un solo segundo. Vi un desastre en el cruce de la treinta y tres, pero lo pasamos de largo.

—Alguien se encargará. —indicó como si fuese capaz de leer mis pensamientos.

—Alguien que no serás tú.

—Ni tú. —atacó de vuelta.

—Porque tú no me dejas.

—Porque me estás haciendo perder el tiempo. —Resopló mientras se tocaba con dos dedos el puente de la nariz.

—Porque ni siquiera me explicas que quieres que haga.

Se paró de pronto ante unos muros altos y grises. Lo hizo tan rápido que choqué con su hombro cayéndome de culo. Me ayudó a levantarme como si no supiera por qué era tan desesperante estar conmigo.

—No me mires como si yo fuese el problema.

—Lo eres. —aseguró. —Necesito que hables con unos tíos que te van a hacer preguntas. —añadió antes de que las puertas se abriesen.

Demasiados pares de ojos estaban fijos en mí conforme entrábamos.

—¿Selena, verdad? —preguntó un hombre algo más mayor con aire militar ofreciéndome su mano. —¿Todo bien, Shaun? —interrogó hacia mi forzoso acompañante.

—Nada de nada. Y está liada con un pringado del otro cuartel. —soltó consiguiendo que me pusiese roja y me girase para pegarle un puñetazo en el hombro al mismo tiempo.

—No me digas que estamos aquí para hablar de mis intimidades. Además, no está prohibido tener relaciones entre miembros del cuartel. —aseguré poniéndome a la defensiva.

—¿Por qué no entráis y lo habláis? —inquirió una chica de pelo naranja con cara de incomodidad.

Parecía maja, un intento de quitarme del escrutinio público.

—Podéis hablar donde os plazca. No cambiará nada. —difirió Shaun negando con la cabeza.

—Puedes irte, hablaremos nosotros con ella. —dijo el militar. —Gulliver. —añadió a modo de presentación tendiendo su mano hacia mí.

Le seguí. No porque quisiera hacerlo sino porque, hasta que viera de qué iba el tema y supiera qué quería mi cuartel que hiciese al respecto, estaba un poco vendida.

A lo mejor Shaun era un idiota pero mi llegada ahí no tenía nada que ver con él.

—¿Eres limpiadora, verdad? —preguntó Gulliver una vez que entramos en una especie de despacho.

Un hombre más mayor aún y con el pelo y la barba blancas, entró en escena para colocarse en silencio en una esquina mientras consultaba una especie de pergaminos entre sus manos.

—Sí. —contesté escuetamente.

Una de las cosas más eficaces durante los interrogatorios era dar respuestas cortas que obligasen al interrogador en darte algo de información para formular y reformular las preguntas.

—¿Llevas mucho siendo vampira? —inquirió.

—Depende de lo que se considere mucho. Digo, no es lo mismo que tú tengas cien que mil.

—Eres inteligente, bien, eso está bien. —admitió señalando que había pillado mi estrategia.

—No he hecho nada en contra de nuestras leyes u orden. Sigo rigurosamente las reglas de mi cuartel y hago muy bien mi trabajo. Así que… ¿Qué hago aquí? —interrogué sin querer dar más vueltas.

Aquel hombre se veía listo, viejo, y con experiencia en situaciones como la que yo me encontraba, no creía que tuviese oportunidad sino iba directamente al grano.

—Pues… Necesitamos tu ayuda con la situación de los desastres. —soltó dejándome confundida.

—¿Por qué quería Shaun fotos de mis antebrazos, tobillos y caderas? —interrogué. El líder achicó los ojos hacia mí. —No soy idiota, sé que tengo una marca nueva en el tobillo. Algo así solo lo marcan desde arriba.

—No puedes sino suponer algo así.

—Pero no me equivoco.

—No. Es la marca de que has sido elegida para algo de importancia para los vampiros en general y, por lo tanto, para nosotros en particular.

—¿Y eso importante es…?

—Mejorar el sistema que usamos de limpieza. Quizá hacer perfiles de los que los llevan a cabo. —Hizo una pausa sospechosa. —Es importante mantener el secreto de nuestra existencia.

¿El secreto de nuestra existencia? Bueno, tenía sentido que eso fuera de importancia para el caprichoso cielo que había decidido que era plausible la inmortalidad.

Asentí poco convencida.