Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 16
60%

CAPÍTULO 16

ESTELA

Me habían dejado tranquila en una habitación en la planta superior donde podía estar con Anjali.

Einar nos visitaba y conseguía irse justo a tiempo para que la pasión no se hiciera dueña de mis actos. Era algo irracional, más allá de lo humano.

Jhon estaba decidido a esperar la respuesta de mi padre, quien no había hecho ningún avance en el tema.

Decidí hacer la petición de que conociese a la niña, pero fue rechazada por seguridad. Eso me frustró un poco pero la sola idea de que alguien pudiera hacerle daño a mi criatura, activó una parte muy asesina de mí.

Para mi sorpresa, una de las chicas, Abigail, quien había sido una renegada, acabó por sentarse y ser una gran conversadora.

Yo pensaba que tenía que odiarme pues perfectamente podría haber sido una de mis víctimas pero me explicó que ella misma había sido pieza fundamental para el cambio de la mentalidad sobre los renegados y creía firmemente que mi aparición también lo sería.

—Estoy convencida de que nos envían por algo más que los bebés. Es avance. —añadió mirándome sentada desde su butaca mientras yo en la cama sostenía a la niña.

—¿Has hablado con Einar sobre la niña, que sea humana y esas cosas? —preguntó de pronto tras acariciar el bracito donde la bebé tenía la marca.

—Lo he evitado a toda costa. —confesé. Eso pareció sorprenderla. —Sé que esa marca significa que podemos tener los bebés de los vampiros, pero es tan pequeña que no quiero pensar en ello.

Asintió expresiva.

—Ha pasado más veces y, aunque me gustaría decirte que sé lo que significa, no lo sé del todo. —afirmó.

—¿Estamos asignadas? Las marcadas digo. —Mi pregunta la dejó pensativa.

—Esas cosas es mejor hablarlas con Harold, es el astrólogo.

—Se llevó una mano al rostro pensativa. —Que haya nacido humana es raro, todos nacen originales.

Y que haya nacido en vuestro mismo signo con marca, también lo es.

Normalmente nacen en el cambio de mes y están “asignadas”, aunque diría destinadas, al signo en cuestión.

—¿Sagitario? —pregunté haciendo cuentas de las casas zodiacales, que no eran mi especialidad.

—En teoría, pero ha nacido en Escorpio aún. —Volvió a hacer un movimiento de no tener ni idea. —Parece que os gusta hacerle bromas hasta el universo.

Me reí de su ocurrencia justo cuando entraba Rebeca.

—Su padre se puso como una furia cuando la marcaron las estrellas en su nacimiento. —señaló Abigail en su dirección.

—Oh, sí, fue muy difícil. —admitió la aludida. —Pero precisamente por eso, sé que no se puede luchar contra lo que está marcado.

Sonreí levemente.

Eran todas tan cálidas, todos tan protectores… Mi niña dormía plácidamente, no había riesgos, y me sentía protegida casi en el seno de una familia.

—¿Me la cuidáis? Tengo que bajar a ver a mi hermano.

—Le han asignado una habitación temporal. —¿Qué? Aquello me pilló desprevenida. —Sigue siendo una celda, no te voy a mentir, pero con todos los utensilios dentro como si no lo fueran.

—¿Y mi padre? —interrogué.

Nadie contestó por lo que sonreí agradeciéndoles la amabilidad antes de irme.

En el pasillo me encontré a uno haciendo guardia así que decidí que esa debía ser la puerta de mi hermano. Tomé fuerzas antes de pedir entrar.

Para mi sorpresa, Einar estaba dentro sentado tranquilamente detrás del escritorio.

—¿Qué hacéis juntos? —cuestioné descolocada.

—Me anima a ser vampiro, cazavampiros, y un buen hermano. —vaciló de forma tenue Jhon. Le veía bien. —Creo que es una buena oferta dado que es lo que hacíamos y que no podemos salir de aquí por el bien del secreto, aunque eso ya lo guardábamos.

—¿Y papá? —interrogué sin querer estropear el momento.

—Es prácticamente imposible. Tiene unas ideas muy cerradas sobre lo que ellos son y lo que nosotros debemos ser.

—dijo nervioso. —No son malos, solo diferentes.

Y nosotros tampoco sabíamos lo que estábamos haciendo exactamente.

Al fin y al cabo, nadie nos ha devorado ni nada por el estilo. Y nos están dando opciones de vivir.

Que hubiesen conseguido ese cambio en Jhon ya era suficiente, pero no podía evitar pensar en mi padre y su destino.

—¿Vas a matarlo? —inquirí hacia Einar, quien dejó de divertirse frente a la baraja de cartas del escritorio.

—Yo no voy a hacer nada. Pero alguien lo tendrá que hacer si no quiere hacer nada. —respondió evitando mi mirada y centrándose en la de Jhon.

—Vosotros dos… ¿Tenéis algo? —cuestionó de pronto.

Pude haberme ahogado con mi propia saliva de la tosera que me dió.

—Es complicado. Y no te metas. —reté.

—No dejas de ponerte así ni en la situación que estamos. —bufó.

—Me encanta ver la reunión familiar, pero tengo que irme. —dijo riéndose Einar.

—Espera. Tengo que hablar contigo. —anuncié.

Salimos de la habitación andando tranquilamente. No estaba segura de dónde íbamos, pero le seguí.

—La marca de la niña… ¿Sabes algo que yo no sepa?

—No sabe nada. —Harold intervino.

Ese hombre me miraba con cierto recelo pero haber traído un bebé en ese cuartel me profería respeto por lo visto.

—¿Y usted? —cuestioné.

—Pues estoy confundido muchacha. No ha nacido en el signo de los dos solteros que nos quedan… Y no sabemos si es posible que un emparejamiento de ese calibre se dé entre dos de distintos signos. —confesó tan sincero que me sorprendió.

—Mira, no sé si preferiría que se emparejase con Sagitario o Capricornio. Los mato a los dos, más serios… —dije Einar riéndose.

Le pegué en el hombro.

—Bueno. No entiendo lo que quiere decir todo esto, pero eso son adultos y no lo veo. —sentencié.

—Cruzaremos ese puente cuando llegue, si llega. —señaló el astrólogo.

Seguimos andando hasta llegar a la azotea.

Anjali estaba con las chicas y el cielo había empezado a oscurecerse.

—Eres tan parecido a mí y, sin embargo, es todo tan nuevo… —comenté acercándome un poco a Einar.

No se resistió. Abrió los brazos hacia mí dejando que mis manos recorrieran su torso.

—Esta atracción que sentimos es algo fuera de lo normal, podemos ver todas esas dudas después.

—La gente no se casa y luego ve qué pasa. —aseguré nerviosa.

—No pasaría por el altar. —Se descojonó. —Pero supongo que es el símil más parecido a lo que tú puedas entender.

—¿No pasarías por el altar pero sí me marcarías como compañera? —Abrí los ojos como platos. —La gente se puede divorciar, pero no puedes desemparejarte. —Hice una pausa. —He preguntado.

—Ya veo. —dijo riéndose tiernamente. —¿Quieres casarte conmigo? —murmuró acercándose y cogiéndome de la mano.

—Me lo tendrías que pedir con anillo. —bromeé.

Era broma pero mi corazón bombeaba como si fuera de verdad.

—Puedes pedirme lo que quieras. —susurró consiguiendo que mi piel se erizase con el simple contacto de sus labios en el lóbulo de mi oreja.

—Anillo o nada. —dije riéndome.

Justo después me abandoné al placer que me ofrecía.