CAPÍTULO 13
EINAR
Las cosas habían dado un vuelvo aunque Estela no fuera consciente de ello.
Su forma de ser y de hacerme sentir completo había reforzado mi decisión sobre lo que íbamos a hacer en cuanto ese bebé llegase.
—¿Y cómo funciona? —cuestionó Estela interesada, sentada en el poyete de la azotea conmigo.
—El parto es rápido. Nunca ha habido ningún problema en los anteriores. —Me encogí de hombros. No era un experto en el tema. —Pero Lena te ayudará. —Una pausa. —Y quizá Lewis.
—¿Por qué no le caigo bien a Lewis? —preguntó interesada.
—Es un vampiro antiguo cuyas creencias sobre lo que está bien y está mal; la preservación de la raza original; y otras cosas, hacen que le cueste ver esto de los bebés.
Se quedó callada mirando al cielo estrellado. Estaba preciosa.
Nadie nos decía nada por ir de un lado para otro juntos y que apenas pisase su celda. Lo único que tenía prohibido era ver a su familia, la cual estaba sana y salva, por lo menos hasta que el bebé naciera.
—¿Por qué sois especiales? —cuestionó de pronto.
Sus ojos brillaban con cierta intensidad aprovechando el reflejo de la luna y yo jamás había contemplado algo tan bello.
—Quizá no lo somos. —mentí.
Darle esa información, aunque no era capaz de imaginarla lejos de mí porque no era algo que fuese a permitir, no entraba en mis planes.
—Sois los signos del zodiaco. —soltó sorprendiéndome. —Hasta ahí no era muy difícil llegar. A veces os llamáis por el nombre de la casa zodiacal, no estoy sorda. —murmuró rascándose la nuca como si estuviese avergonzada.
—Cierto. Hay muchas clases de vampiros, aquí y en otros lugares. —respondí intentando dar por finalizada la conversación.
—¿Los hay malos? —preguntó mordiéndose el labio.
—En todas las razas hay gente mala. —aclaré.
—Supongo. —Se encogió de hombros.
—¿En qué piensas? —inquirí con más curiosidad de la que debería.
—Quizá cuando todo esto acabe podría ir a por los malos, si me dices cuáles son o cómo distinguirlos. —explicó.
“Cuando acabe todo esto” se clavó en mi pecho creándome una molestia duradera.
—Deberías comer algo. —Me bajé del poyete y extendí los brazos hacia sus caderas para bajarla a ella también. Al cogerla mi miembro respondió de inmediato y mi sed de ella también. Todo me invitaba a marcarla una y otra vez. —Sé que te costaría pero… —inicié.
Quería preguntárselo. Ver si se veía quedándose conmigo y nuestro hijo allí.
Marcarla tenía muchas consecuencias y hacerlo sabiendo que no era algo que ella quisiera…
Además, todas las anteriores habían sido vinculadas como compañeras antes de quedar encinta.
Esa mordida no tenía ni idea de cómo podía hacer efecto en ella.
No tuve ocasión de decirle nada al respecto porque se llevó ambas manos al vientre mientras abría los ojos como platos.
—Algo está pasando. —dijo asustada.
—El bebé. —anuncié quedándome por un momento bloqueado.
Despertar a todo el mundo no fue difícil. En las últimas llegadas de bebés habían correspondido al último día del ciclo en el signo, pero en nuestro caso, iban a sobrar días.
¿Sería eso bueno o malo?
No tenía ni la menor idea.
Los doce ocupamos nuestros lugares aunque tuve que romper posición algunas veces para indicarle a Estela que no podía moverse del centro del círculo indicado.
Lena tenía cara de circunstancias. No era un momento fácil y se notaba, por cómo me miraba, que no entendía cómo íbamos a gestionar las cosas una vez pasase ese momento.
Negué con la cabeza en su dirección. Al fin y al cabo, se merecía saber que no teníamos todo hablado ni mucho menos.
En la puerta posterior al círculo, Harold y Gulliver, esperaban con expresiones indescifrables.
Estaba nervioso.
Estela me deseaba y yo a ella. Era algo irrefrenable que no había sentido nunca, ni de lejos, en mi larga existencia.
No me importaba cuántos vampiros hubiese matado y sabía que, en el fondo de su corazón, lo había hecho más que por venganza por sentir que era una causa justo.
A lo mejor habíamos descuidado demasiado esa parte y podía intentar meter mano en ella cuando acabase mi signo hablando con Gulliver, pero eso no significaba, ni por asomo, que fuese a dejar que se largase sin más.
No podía. Sentía que era una parte de mí.
Tenía que vincularme con ella. Mis incisivos predominantes no paraban de luchar por salir ante su cercanía, pero había conseguido templarme hasta ese día.
Empujó sin freno alguno hasta que el llanto se produjo. Justo después, Lena hizo un gesto extraño antes de envolver a la que dijo que era una niña.
—¿Cómo se va a llamar? —inquirió Lena hacia ella mientras se la daba para que la sostuviese.
El ambiente se fue poniendo tenso conforme todos fuimos conscientes por el olor en el cuarto: La niña que había nacido era humana.
¿Qué significaba?
Nadie se movió ni dijo nada.
—¿Eso lo elijo ya? —cuestionó con una lágrima recorriendo su rostro.
—Sí. —dije mirándola.
—Anjali, significa regalo. —dijo convencida antes de devolvérsela a Lena. —Quiero ver a mi familia. —añadió consiguiendo que todo se pusiese aún más extraño.
Lena pidió la colaboración de Lewis, quien no se negó, para comprobar que todo estaba bien en Estela. En menos de una hora se levantó como si no hubiera tenido un bebé.
Ariadna, quien había aparecido para ayudar, me acabó por dar a la criatura, quien no lloró más al sentir mi abrazo.
La miré. Se parecía en rasgos a los dos. Era preciosa y no me imaginaba sin verle la cara cada día durante la eternidad.
Algo gracioso pasó por mi mente, por mucho que la situación fuera grave: Tenerme como yerno, el día que encontrase a alguien iba a ser de película de terror y comedia al mismo tiempo.
Lena, al acabar, se acercó tranquila en sus pasos pero no en su expresión. Me señaló el brazo de la bebé. Al mirarlo, comprobé que tenía un círculo sellado.
Así que estaba destinada a ser una original pero había nacido humana… Genial.
—Necesita a su madre, o una nodriza. No creo que beba otra cosa que no sea leche por el momento y condición. —explicó.
Pasó un buen rato en el que yo no pude más que observar cómo dormía mi pequeña criatura.
Todos me felicitaron por lo guapa que era y tuvieron a bien no comentar el hecho de que fuese humana.
¿Qué cambiaba respecto al resto de bebés si algunos habían nacido con la marca? Que habían nacido siendo vampiros, solo crecerían hasta la edad adulta.
¿Anjali iba a morir en algún momento? ¿Necesitaría conversión?
—Einar. —La voz de Estela me sacó de mi ensimismamiento. —Los he visto… Están bien. —murmuró refiriéndose a su familia. Se la veía dubitativa e incómoda. —¿Cuándo podremos irnos? —interrogó.
—¿No quieres coger a tu hija, alimentarla, verla? —cuestioné sintiendo fuego dentro de mí.
Mi lado bromista era muy conocido, mi lado furioso, no tanto.
—Sabía desde el principio que sería para ti, para vosotros… No quiero encariñarme. —soltó desviando la mirada hacia otro lado para no verla.
—Pueden elegir cuándo convertirse. —Hice una pausa mientras ella solo abría mucho los ojos intentando procesar la información. —Si quieres vincularte a mí y ser mi compañera o solo convertirte y ser vampira, lo eliges tú. —añadí.
—Me dijiste que nos iríamos. —soltó claramente dolida.
—Te dije que podríais seguir existiendo, no en qué forma. —aclaré.
—Me has engañado. —retó apretando los dientes.
—Quizá tú a mí también. —contesté largándome con la niña en brazos.