CAPÍTULO 12
ESTELA
Despertarme después de la media resaca fue extraño.
¿Era dolor de cabeza? ¿Era malestar corporal?
¡Era una tripa enorme!
Lena y Lina estaban esperando a que me despertase sentadas en unas sillas que debían de haber bajado sus compañeros hasta allí. Tenía que reconocer que me parecía fascinante esa forma de cuidarlas como si no pudieran vivir sin ellas.
A mí me tocaba un buenorro, un secuestro, un bebé por encargo, y salvar a mi familia.
Suspiré.
—Esta tripa… Yo… —balbuceé.
—Es una gestación muy rápida. A todas nos sorprende cuando ocurre. —señaló Lena.
—Vale.
Me senté intentando asimilar aquello.
—¿Te encuentras bien? —cuestionó Lina dándome unos batidos.
—Quiero ver a mi hermano y a mi padre. —solté.
—Eso lo tienes que hablar con ellos.
—Me van a decir que no.
—Efectivamente. —dijo Taylor apareciendo para pedirme de muy buenas maneras que le acompañase. —Lo bueno es que la gestación es prácticamente inexistente, así que, después de eso ya… Pides lo que quiera que sea que te hayan dicho que vais a hacer.
Esa retahíla fue demasiado larga para venir de Taylor por lo que empecé a darle vueltas a la cabeza.
Los análisis fueron normalitos para lo que había esperado habiendo crecido en un día una tripa que parecía que iba a salirse de mi cuerpo de un momento a otro.
Einar apareció junto a Gulliver y Harold cuando ya habíamos terminado.
—En dos días tendrás al bebé. Necesitamos que entiendas que tiene que ser en una sala especial para garantizar la seguridad del neonato. —explicó Harold. Asentí sin más. —Los demás términos… Ya con ellos.
Einar estaba esquivo en cuanto al contacto visual.
—Me han dicho que quieres ver a tu familia. En cuanto tengas al bebé será posible. Es muy difícil que ellos puedan entender esa gestación tan… Atípica.
Sonaba, dentro de la locura, lógico. Aún así, había algo que no me cuadraba.
Eran sus ojos, su forma de esquivarme a toda costa. Estaba muy diferente a la noche anterior.
—Esto… ¿Podré verlo? —inquirí de pronto.
No estaba en mis planes tener un bebé pero aquello era tan extraordinariamente rápido que podía sentirlo.
—Sí. Si es lo que quieres. —contestó Gulliver incómodo.
Se acabaron por disipar menos Einar.
—¿Qué me escondes? —cuestioné ya sintiendo nervios en forma de hormigas apisonadoras en lugar de mariposas en el estómago.
—Simplemente estoy pensando en lo caprichoso que es el destino conmigo. —soltó sorprendiéndome.
Cuando echó a andar le tuve que seguir. Nadie nos detuvo. Tener un bebé dentro parecía la tarjeta de salida de esa celda sin restricción alguna. Eso sí, si me fijaba bien, en cada esquina por la que podía salir de lo que ellos llamaban cuartel, había alguien vigilando.
—¿Por qué es tan importante? —pregunté señalando la tripa.
—No nacen muchos bebés descendientes de vampiros. —contestó.
Decidía decirme cosas pero no significaba que no notase cómo medía cada palabra que salía por su estúpida y sensual boca.
—¿Crees que esto lo causa el destino? —inquirí enarcando una ceja sarcástica.
—¿Dirías que ha sido fruto del tubo de ensayo o de… ? —Se rascó la nuca sin llegar a rematar esa pregunta.
—No tengo ni idea. Deberías saberlo tú. —Me miró con intensidad. No ayudaba a mi gran postura de indiferente que la luna reflejase más claro sus ojos en la solitaria terraza del observatorio. —¿Por qué conmigo? —No dijo nada. —Por la marca, eso ya lo he pillado, pero… ¿Por qué yo?
—No lo sé. Es un misterio. —respondió sonando a completa verdad.
—¿El resto de chicas que hay aquí… Son como yo? —cuestioné.
—¿Cazavampiros? —preguntó con media sonrisa en el rostro.
—¿Secuestradas? —rebatí aunque no era mi pregunta original.
¡Me sacaba de mis casillas!
—Ninguna está vigilada. —sentenció encogiéndose de hombros.
—Porque ellas quieren estar con ellos. Las quieren. —murmuré más pensando en alto que con intención de que me contestase.
—¿Y eso te molesta? —cuestionó con una voz que me resultó sensual.
¿Se había acercado un poco hacia mí mientras lo decía? ¿O era yo la que se había movido involuntariamente hacia él?
—Solo me resulta curioso. —dije sintiendo atascada cada palabra de esa frase.
—Lo habitual es que se emparejen vampiro y marcada. —Dejó un silencio que podría haber paralizado mi vivo corazón. —Pero se ve que en mi caso era una broma. —añadió.
—¿Eso soy? ¿Una broma? —cuestioné sintiendo arder la sangre de mis venas.
—Me refiero a que no te gusto, no de esa forma.
—¿De qué forma?
Coloqué las manos a cada lado de mis caderas formando jarras.
—Para la eternidad. Siendo compañeros. Ya sabes, tomándose de forma seria la relación; compromiso…
Se rascó la nuca y miró al horizonte.
—¿Eso son todos ellos? —pregunté confundida.
—Te sorprende demasiado.
—Se supone que sois monstruos. —murmuré afectada.
—No creo que sea mucho mejor dedicarse a matar. —atacó como si se hubiese sentido ofendido.
—Hacíamos lo correcto. Íbamos a por asesinos… Y tú resulta que ahora eres alguien preparado para amar toda la vida. —Me reí acongojada. —No puede ser.
—¿Y por qué no? —interrogó bajando el tono, volviendo el ambiente íntimo.
—Porque entonces yo… No puedo convencerme de querer perderte de vista. —confesé.
—¿Y si no tienes que hacerlo? —preguntó con tono cálido.
Sus manos alcanzaron mis manos bajándolas de mis caderas y centrándolas en su pecho.
—Ellos no van a aceptarlo ni aunque yo pudiera hacerlo. —susurré refiriéndome a mi familia.
¿Cómo era posible que estuviese pensando esas cosas? ¿Qué le pasaba a mi sentido común?
—Puede que lo hagan… —Su rostro se acercó al mío con lentitud.
—No soy un animal herido para que te acerques así. —reté casi sin fuerza en la voz.
—Eres muy fuerte, lo sé. —admitió rozando con su nariz la mía. —Y voy a necesitar que lo seas más. —añadió sin que eso hiciese sentido en mi mente.
—Te deseo… —murmuré.
—De momento con eso me vale. —aseguró besándome.
Su lengua cálida consiguió que un escalofrío recorriese mi espina dorsal. El bebé que llevaba dentro se movió reconociendo el contacto de su padre. Mi piel lo necesitaba más cerca. Sus palabras dulces se mezclaban con mis deseos.
Por un momento, aunque mi mente sabía que algo ocurría detrás de toda esa conexión que no era como debería, olvidé su frase “ Y voy a necesitar que lo seas más” .