Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 10
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CAPÍTULO 10

EINAR

La noche estaba siendo de lo más agradable que había disfrutado durante mi larga existencia, pero se torció.

Jugar al póker pagando con prendas de ropa activó todos mis sentidos. Estaba a un fallo más suyo de no poder controlarme por lo que empecé a perder.

—¿Estás dejándome ganar? —interrogó riéndose mientras su pelo naranja caía graciosamente en cascada. No respondí. —¿Por qué? ¿Qué te da miedo?

—No soy una persona que tenga miedo. Solo que es tarde, deberías dormir.

—Claro. Es muy necesario estar descansada para ser una buena presa. —ironizó.

La verdad era que necesitaba sacarla de allí. Mi instinto más primario luchaba por dejar rienda suelta al deseo que subía grados por segundos.

—Te acompaño. —dije buscando mi camiseta por la habitación.

Se levantó y, sin previo aviso, colocó una mano en mi pecho desnudo dejándome paralizado.

—¿Puedo preguntar por qué?

—¿Por qué, qué? —interrogué casi sin respiración.

Mis incisivos delanteros se dejaron ver poco a poco.

—¿Por qué no has querido usar el método tradicional? —inquirió pestañeando.

Sus ojos brillaban con intensidad y casi podía perderme en las pequeñas y delicadas pecas de su rostro.

—Porque estamos en una situación de desigualdad y no sería justo. —dije tragando saliva con fuerza.

—Si los dos estamos de acuerdo… Aún sabiendo que se acabará…

El leve movimiento de su lengua me tentó demasiado.

Tomé sus labios contra los míos, sabiendo que había aguantado mucho desde la última vez.

Había intentado despejarme, pensar en otras cosas, hacerlo lo más frío posible…

Pero su fragancia, su piel, y su mera existencia parecían gritarme que era mi mano ganadora.

La mordisqueé con cuidado y ella hizo lo mismo. Sus manos se pasearon por mi espalda profiriendo arañazos. Notaba el bulto de mi miembro luchando por salir.

—Si sigues así, no voy a poder contenerme. —susurré. —Y si lo hacemos, todos lo sabrán. —añadí intentando que fuese ella quien se alejase.

Pero el deseo era mucho más irracional de lo que esperaba y mi única misión fue complacer todo lo que ella pudiera anhelar.

Su cuerpo respondía al mío como si siempre hubieran estado destinados a encontrarse. Recordé el escalofrío que había recorrido mi espina dorsal cuando nos habíamos cruzado por primera vez; el sentimiento de desconcierto ante la complicidad de carácteres.

Su entrega fue completa y sus besos mi auténtica perdición. Pero fue su éxtasis lo que me volvió completamente loco.

Al acabar, me levanté de la mano y me encerré en la ducha para dejar que el agua fría me relajase.

—¿Se puede? —interrogó dejándose ver por la ducha.

Asentí saliéndome para dejarla entrar. Por su cara de desconcierto, no era lo que había esperado.

Si supera solo lo que estaba destinado para ella…

¿Pero qué otra opción tenía?

Las palabras de Lena martilleaban mi cabeza.

Cuando salió ya vestida solo nos quedamos en silencio.

—Has dicho que lo sabrán… ¿Cómo? —cuestionó realmente interesada.

—¿Cazarnos no os habilita conocimientos sobre nosotros? —interrogué.

—La verdad es que no. Mi padre fija al objetivo y nosotros solo lo ejecutamos. —respondió encogiéndose de hombros. —Sabemos cosas sobre debilidades y matar del todo al vampiro, no de vuestras costumbres o lo que sea. —explicó.

—¿Por qué lo hacéis? —pregunté interesado.

—Porque un desalmado vampiro decidió beber de mi madre hasta matarla. —contestó dejándome helado.

El tiempo se paró por unos instantes.

La observé en silencio, casi esperando a que dijese algo más. No emitió palabra alguna. Una lágrima rebelde cayó por su rostro y se la quitó enfadada consigo misma con el dorsal de la mano.

—No todos los vampiros somos malos. —Su ceja se levantó ante mi comentario. —Es decir, necesitamos sangre, pero no matamos humanos, y menos de forma cruel. —Otra pausa sin nada. —Quizá nos queda por controlar algo más de lo podemos hacer.

No era de pensar mucho en nada, menos en problemas sociales de la jerarquía y sistema vampírico, pero su dolor apretaba algo en mi pecho.

—Es antinatural vivir para siempre… —murmuró con la mirada perdida. —Quiero irme a mi calabozo. —sentenció.

No rebatí su afirmación, ni me negué a llevarla a su celda. Allí Leo estaba esperando porque, supuestamente, era su turno de guardia.

Por supuesto reconocía el olor en ella. Su expresión intentó no dejar demasiado a la vista, pero yo le conocía bien.

—Que te cambien el turno. —solicité a Leo.

Dudó pero asintió. Canek bajó enseguida y Leo me siguió directamente.

—¿Sabes que todos sabrán lo que ha pasado, no? —cuestionó.

—Claro que sí, pero no quiero hablar de eso. —bufé.

—¿Y de qué quieres hablar? —interrogó.

—Quiero que me digas que esa marca significa sí o sí que está destinada a ser mi compañera. —Se cruzó de brazos a la espera de algo más. —Porque solo así tiene justificación lo que voy a hacer.

—Puedes intentar que las cosas se encaucen. —sugirió sin preguntar por mi plan concreto.

—Los dos sabemos que no pueden salir de aquí. Solo hay una solución. Y… Con lo que me ha contado, no va a querer.

—Siempre hay más de una solución. —Respiró hondo. —No soy el más serio, tampoco el que mejores consejos da. Pero tengo ojos y una mujer preciosa… Ha habido muchas circunstancias, todas han acabado bien de una forma u otra. Deja que corra el tiempo cerca de ella y veremos qué pasa.

Me encogí de hombros y me largué sin decirle nada.

Buscaba una validación, alguien que entendiese que Estela era… Irresistible para mí. La necesitaba y no podía permitir que se fuera.

Solo había una opción: Convertirla en lo que más odiaba, en un vampiro.

Di un puñetazo en una columna en el tejado mientras comenzaba a llover. Su familia era otro maldito problema y uno mucho más difícil de tratar.

Como había algo en mi cabeza que no funcionaba correctamente, me colé en el despacho de Gulliver para coger el aparato localizador de vampiros y esperé al cambio de guardia.

Ninguno de mis hermanos decía nada porque yo me quedase allí abajo. Probablemente porque nadie en su sano juicio esperaba que lo que pasase por mi cabeza repentinamente fuera sacar a Estela al exterior.