Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

ESTELA

Que nos quisieran usar tanto a mi hermano como a mi de señuelo era una locura.

Jhon me miraba diciéndome en silencio “en cuanto tengamos la oportunidad, huímos”.

Lógicamente, para que mi padre se lo creyese, teníamos que ir sueltos y solos, pero mi instinto me decía que todos aquellos tíos fuertes no eran simples vampiros… Por lo menos no eran como todos aquellos a los que les habíamos arrebatado la “vida”.

Negué de manera casi imperceptible con la cabeza.

—Tienes razón, no sería buena idea. —susurró Einar en mi oído consiguiendo que un escalofrío recorriese mi espina dorsal.

¿Cómo sabía lo que estaba pensando? Los demás no se habían percatado de mi movimiento.

—Lo hará. —susurré de vuelta.

Busqué sus ojos por si entendía que no quería que le pasase nada a Jhon, no podría soportarlo.

Ladeó la cabeza como única respuesta.

El parque estaba poco concurrido a esas horas de la madrugada. Mi padre aparecería en cualquier momento para dar órdenes y comprobar cómo habíamos cerrado la caja el día anterior. También para preguntarnos si habíamos descansado por si aparecían despreciables vampiros.

Si él supiera lo que le iba a caer…

Nos colocamos en el puesto de perritos calientes. Los vampiros guardaban su posición en la distancia.

—Podemos hacerlo. Podemos huir. Advertirle. —murmuró.

—No hagas nada estúpido. —señalé en el mismo tono.

—Estamos muertos igual. —indicó enfadado.

—Quizá no. —dije pensando en la marca.

Todo pasó muy rápido.

Vi a mi padre acercarse, con cara de mal humor. Él había intentado comunicarse con nosotros por la noche sin respuesta casi seguro porque se enfadaba cuando ocurría.

Jhon hizo aspavientos entonces de la nada. Mi padre echó a correr en dirección contraria.

Yo me quedé plantada sin hacer absolutamente nada.

Los cogieron, claro que sí. Y no salieron bien parados. Veía la sangre caer por el rostro de mi padre de alguna herida.

Gulliver, el líder al que veía más disconforme con mi sola presencia, tenía de la pechera a mi hermano. Pese a haber terminado la acción, le propinó otro puñetazo.

Noté a Einar a mi espalda sin que tuviese que decir nada.

—Dile que pare. —murmuré casi en una súplica. —Te hará caso. —añadí al comprobar que no me contestaba.

—No me lo hará. —dijo de vuelta.

—Pues haz que te lo haga. —exigí apretando los dientes viendo el dolor de mi hermano al que le estaban a punto de sacar un brazo.

—Prométeme que aceptarás el favor que te pida. —soltó sorprendiéndome.

Dudé. Era tan ambiguo que no podía saber qué querría. Otro puñetazo a mi hermano me dobló por la mitad. Einar me sujetó antes de que cayese de rodillas derrotada.

—Lo haré. Lo que sea. —acepté.

Se movió imposiblemente rápido y sujetó la mano de Gulliver. Él le miró con mala cara pero acabó soltando a Jhon, quien fue recogido por otro de los vampiros.

—Vamos. —pidió con más cuidado del que esperaba Leo a mi lado.

Me monté en el coche por mi propio pie mientras que a mis familiares los tiraban de mala forma dentro de otros.

Estuve en silencio lo que me pareció una eternidad mientras la vuelta al cuartel era evidente. Comenzó a llover dejando correr las gotas por mi ventanilla.

Todos bajaron pero yo me quedé sentada, esperando. Al final, como supuse, solo estábamos Einar y yo.

—La marca. —dije costándome cada palabra. —¿Vale suficiente como para comprar sus vidas? —interrogué.

Era solo una suposición, pero había servido para que parase la agresión y también para que siguiésemos vivos. Más allá de si Einar, quien parecía tener alguna conexión conmigo, quería o no, los otros habían aceptado al deberle el favor, dejar de hacerlo.

—Son cazavampiros. —respondió tocándose el puente de la nariz. Tenía los hombros tensos. La camiseta negra ceñida se le pegaba al cuerpo de esperar bajo la lluvia que yo saliese del agua. —Y nosotros somos vampiros Estela.

—No os habíamos visto. No íbamos contra vosotros. Y si ni siquiera matáis humanos, nunca habríais estado en el maldito punto de mira. —chillé descompuesta. Me bajé rápido hasta señalarle con el dedo índice en el centro del pecho. —Cruzarme contigo ha sido lo peor que me ha podido pasar en la vida.

Una emoción que no supe descifrar pasó por su rostro antes de hacerme una seña simple para que pasase al interior.

—El padre es una joya insultando. —dijo Vic hacia Einar.

Fui a tirar hacia él pero Einar me sujetó abrazándome por detrás. Intenté soltarme pero me llevó al calabozo directamente.

—Te bajarán agua, comida, y ropa nueva. —comentó ignorando el episodio.

—No quiero nada que venga de ti. —chillé de nuevo histérica.

Que él me tratase con condescendencia me alteraba más que cualquier otra cosa. Me arrepentía tanto de haberme fijado en él cuando nos habíamos cruzado…

Me ignoró sin cerrar todavía la celda por lo que me acerqué a pegarle por la espalda.

Tom, un mando alto por lo que había oído de otro cuartel, bajó entonces. Al ver mi intento de ataque, patético donde los hubiera, se abalanzó para empujarme lejos de él.

Lo que no habría esperado en ningún escenario fue la reacción de Einar.

Gruñó con ferocidad y lo cogió de la pechera levantándolo del suelo todo lo que daba de sí su brazo.

Enseguida muchos de sus compañeros fueron testigos de aquello intentando que lo bajase y con cara de desconcierto, incluso más que la mía.

—Vamos a calmarnos… —sugirió Einar.

—Pues que no la toque. —ordenó serio.

¿Me estaba protegiendo a mí?