CAPÍTULO 4
EINAR
Me desternillé.
No era la reacción que ninguno había esperado pero me pareció tan jodidamente gracioso que el universo fuese tan bromista conmigo.
—¿Qué se supone que tenemos que hacer? —interrogó Gulliver mirando hacia la nada.
—Es una amenaza. —dijo Taylor manteniendo la calma.
—Esto ya lo hemos vivido antes con Abigail. —recordó Canek como si intentase echarme un cable.
¿Quería yo que me lo echase?
Sí, pero al cuello. Para ahogarme.
—No es lo mismo. —rebatió Shaun desde las sombras.
No hablaba demasiado, pero solía tener una opinión muy firme sobre las cosas.
—¡Nadie va a hacerle daño a esa chica! —gritó Harold llegando de la nada fuera de sí.
—Vaya ímpetu. Ni que fuese de tu familia. —bromeé hacia el astrólogo.
Mi broma no caló.
Gulliver hizo un gesto para que todos fuésemos hacia arriba. Alguien se aseguró de que los barrotes estaban bien cerrados antes de marcharnos.
—¿Y qué hacemos? —preguntó Adam.
—¿Hay una chica encerrada ahí abajo? Estará asustada. —dijo Lena apareciendo.
—En este caso, tú no bajas. —ordenó Adam.
—¿Y por qué no? ¡Estará asustada! —indicó de vuelta teniendo claro que Adam no le haría ningún daño.
—No está asustada. Es una cazavampiros. —replicó suave Gulliver.
El líder tenía mucho cuidado de cómo hablaba a las compañeras. Y ese miedo, con lo temible que era, a mí me producía mucha gracia.
—¿Puedo irme mientras lo resolvéis? —pregunté.
—¡Claro que no! —Vic me pegó en la espalda. —Estás metido esto hasta las cejas.
Oí un pequeño paso, casi imperceptible. Un aroma llegó hasta mis fosas nasales de forma breve.
Me moví sigiloso hasta bajar hacia abajo.
—Cómo es posible que estés fuera de la celda.
Estela me miró quedándose paralizada a mitad de escapada.
—Tengo mis recursos. —Se quedó en silencio. —¿Nada más que me has oído tú? —inquirió cruzándose de brazos.
—Así es. Eres sigilosa. —Omití que yo la había notado de una forma extraña. —¿Te metes en la celda o jugamos al tiburón? —inquirí riéndome.
—¿El qué?
—Un juego en el que un cazador, o sea yo, impide que otro jugador cruce corriendo su línea. —expliqué.
Se rió.
Y no debería haberla oído porque me recordó a nuestro primer encuentro.
—¿Qué? —preguntó como si hubiese notado mi cambio de humor.
—¿Nos cruzamos por casualidad? —inquirí de vuelta.
—¿Vas a interrogarme en el pasillo de las mazmorras? —cuestionó colocando los brazos en jarras y levantando una ceja.
—En realidad vas a meterte por tu propio pie en la celda. Si te ven aquí fuera, van a empezar a ser menos sutiles.
—El círculo. No lo hacen por eso. —sentenció dejando claro que no era tonta. —Se metió sola en la celda. —Fue casualidad.
—Bien. —dije colocándome las manos en los bolsillos sin saber cómo mantener una conversación seria.
—¿Y por qué sabes lo que somos? —cuestionó.
—Olí los vampiros no identificados. Tú les seguiste. Te vi matarlos con tu hermano. —aclaré.
—Estás aquí… Con ella. —murmuró Gulliver bajando un par de escalones. —Sube. —ordenó.
—Es hábil.
Con ese simple comentario conseguí que entendiese que tenía que mandar a alguien a vigilarla.
—¿Te gusta? —preguntó en cuanto estuvimos solos.
—¿Qué? —Casi me atraganto con una oliva que me había echado a la boca al llegar al salón. —Lanzamiento perfecto. —bromeé al ver que caía en una papelera.
—Einar, esto es importante. —recalcó Gulliver.
—¿Te ves teniendo bebés con ella? —cuestionó Harold tan ansioso como siempre con sus bebés estelares.
—Yo… Esto… Ella… —tartamudeé.
—Es una asesina de vampiros. Eso excede todo límite conocido. —retó el líder.
—Pero las estrellas la han elegido. —sentenció Harold.
—Ella no va a querer. Y su hermano está encerrado también. —argumenté.
—Y aún no sabemos cómo localizan a los vampiros que matan. —susurró más para él que para nosotros Gulliver.
—Quizá no es una amenaza. Si solo mata vampiros de los que acaban con humanos… —consideré.
—No estará sola. Esto es un problema.
—¿Un enigma? Qué divertido. —bromeé.
—Ni una broma más, Einar. Piensa en algo, como haremos todos esta noche. —ordenó.
Me largué a mi cuarto. No me habían puesto turno de vigilancia por algún motivo. Y a mí me iba a reventar la cabeza de tanto pensar.
La cama me recibió de mala gana. Todas las posturas parecían incómodas y estaba harto de todas las cosas que pasaban por mi mente.
Si sólo me hubiera cruzado con ella y no hubiese sido una cazavampiros… A lo mejor una cita normal…
Sacudí la cabeza despejando esas ideas. Me duché. Me vestí. Y bajé a la maldita celda.
—Aquí estás… me preguntaba si tardarías en bajar. —Leo se levantó sin decir nada y me dejó a solas mirando a una Estela dormida.
¿No se suponía que yo no tenía turno?
Me dio unos golpecitos en el hombro al pasar. Esa sensación de peso encima no me gustaba para nada.
Mirarla dormir no me ayudó a tranquilizarme. Como si me sintiese, se despertó.
Al incorporarse me sacó el dedo corazón.
—No te he hecho nada.
—Me has despertado. —afirmó.
—¿En la distancia? ¿Qué soy un fantasma? —pregunté riéndome.
—A lo mejor sí. ¿Quién dice “Bu” antes de desmayar a alguien? —cuestionó retirándose el pelo naranja de la cara haciéndose una coleta.
—Me pareció divertido. —aseguré.
—Me lo hubiera parecido también si no hubiese acabado aquí. —Se rió de vuelta.
Había algo eléctrico en el ambiente.
—¿Se te ha ocurrido algo para salir de aquí? —pregunté dejándome caer en la silla.
—¿A mí? —Su cara de sorpresa lo dijo todo. —Se supone que vosotros me tenéis que ofrecer algo. —Rodó los ojos hasta ponerlos en blanco. —¿Qué es el círculo?
—¿Una calcomanía? —pregunté riéndome.
—Significa algo. Deberíais ser más pétreos en los rostros. —Me señaló con un dedo. —Dejad que mi hermano se vaya si no tiene la marca.
Ella no podía saber que él no lo tenía, pero su intuición era muy buena.
—La tiene. —mentí.
Me gustaban las bromas, y también los juegos de azar. Las cartas en concreto eran parte de mi especialidad, y, eso, quería decir que sabía mentir.
—Mmm. Me consuela saber que no va a morir entonces. —dijo entrecerrando los ojos en mi dirección.
Quería pillar mi mentira, pero me mantuve firme. Aún así, por dentro me pregunté qué haríamos con el hermano. Jhon no nos servía de nada, tampoco podíamos dejarlo suelto. Su muerte era cuestión de tiempo.
—¿Juegas a los chinos? —pregunté haciendo un movimiento de hombros.
No se negó. Cogió las piedras que le ofrecí y las puso dentro de sus puños a la espalda.
—Pero cada uno que gane tiene una pregunta. —afirmó con un brillo en los ojos.
Me encantaban los juegos, las apuestas y las bromas. Y ahí estaba Estela… Dispuesta a entrar de lleno en las tres.
Emocionante.
Primera ronda. Victoria.
—¿Cómo nos localizáis? —inquirí. La vi dudar. —Si no dices la verdad, pierde emoción.
—Hay un aparato localizador. —contestó midiendo mucho sus palabras.
Segunda Ronda. Ganó ella.
—¿Por qué es importante la marca?
—Porque marca posibles parejas de los vampiros. —respondí.
Era una verdad. Por lo menos una a medias.
¿Qué diferenciaba una mentira de una verdad a medias?
Poca cosa.
—Me quejaría pero “un aparato” tampoco es muy concreto. —dijo riéndose.
Era una prisionera, pero había algo en su forma de reírse que removía mis entrañas. Tenía que ser una broma estelar, pero… Parecía que mi cuerpo respondiese de alguna forma ante su marca.
—¿Añadimos emoción? Última ronda. —señalé sabiendo que iba a llegar el cambio de turno y tendría que salir de allí.
Ganó antes de sonreírme abiertamente. Tenía una sonrisa bonita que conseguía que sus ojos se cerraran un poco.
—¿Me marca como tu posible compañera? —interrogó entreabriendo los labios mientras pasaba su lengua por ellos.
Todo mi ser me gritó que la tomase y, eso, dado que era una cazavampiros, era un jodido problema.
Salí de allí sin contestar.
Me crucé a Leo que llegaba a hacer el paripé de cambio de turno con el que le tocase para que no se notase que había estado allí.
—¿Todo bien? —preguntó al pasar por mi lado.
Asentí.
—¡Me debes una respuesta Einar! ¡Me la cobraré! —gritó Estela en la distancia.