CAPÍTULO 8
LIAM
Me había quedado en shock con la petición de Lina de no volver a quedar.
¡Si ese beso había sido el mismo cielo!
Recordando las palabras de Lilith sobre los sentimientos de enamorarse de su hermana, había tenido que tragarme todas las palabras que pensaba decir porque no quería, precisamente a ella, tener que quitarle las oportunidades de amor que quisiera tener, aunque no fuera conmigo.
¿Pero cómo no iba a ser conmigo?
Bufé pasándome todo el pelo hacia atrás con una mano mientras estaba esperando a que bajase Lilith para hablar con ella. Pero no había visto a mi compañera en todo el día, Lina, y eso me preocupaba tanto que estaba de mal humor.
¿Qué cojones le pasaba a Lina?
Su madre dijo en algún momento que no se encontraba muy bien y Harold no pareció darle demasiada importancia.
—Así que Lilith… —dijo Gulliver dándome una palmada en la espalda al pasar.
¿Lilith qué?
Nadie entendía nada. Ni siquiera yo lo entendía del todo pero lo sabía, era una certeza.
—Estoy aquí. —anunció Lilith feliz plantándose delante de mí.
Tuve que preguntarme si antes de empezar este mes, ella, que era la más apagada de las dos, había estado tan feliz. Me sentí culpable por un momento pero en el fondo sabía que ni siquiera dependía de mí.
—¿Entonces tú quieres hacer esto? —pregunté para estar seguro de qué berenjenal había a mi alrededor.
—Oh, sí. He pensado mucho en ello, y estar contigo es… Mi libertad. Te doy ese bebé y nace para mí un mundo de posibilidades profesional, de aventura o de investigación. Vamos, todo lo que no puedo llevar a cabo ahora. —recitó como si hubiese meditado mucho sobre ello.
Me quedé perplejo.
—Así que soy tu carta de libertad, no sientes nada. —murmuré para después carcajearme.
En realidad, eso, facilitaba mucho lo que tenía que hacer porque, por momentos, había tenido que estar rompiéndome los sesos para pensar qué le decía yo a la que sí había accedido a estar conmigo para que entendiese que lo que yo tenía que convencer era a la otra.
Lina despertaba en mí una parte dormida de mi existencia.
Como aventurero, como libra, sentía pasión por el deporte, el paisaje, la naturaleza o la investigación curiosa, pero nunca me había parado a simplemente sentir.
Ella conseguía eso, desplegar a un caballero que desconocía que existía y eso solo tenía un motivo para mí como vampiro: Era mi compañera predestinada.
Aunque siguiese siendo un misterio por qué las dos estaban marcadas, yo solo podía estar con Lina, pero estaba enfadada, por algún motivo, y no quería verme.
—Verás… Puedo hablar con tus padres e incluso asegurarme de custodiarte para que puedas hacer ciertas cosas, pero…
—¿La quieres? —interrogó sonriéndome con cariño.
Asentí.
Me dio un abrazo y lo recibí con gusto. Podíamos ser muy buenos amigos como cuñados.
No supe muy bien qué pasó después pero lo siguiente que vi fue a Lina, todo lo dulce que era, abalanzándose sobre Lilith con los colmillos fuera.
Sujeté a Lina por la cintura después de un rato intentando cogerla correctamente para no hacerle daño. Sus padres llegaron en algún momento pero como Lilith, más allá de defenderse de primeras, no quiso pelear, fue más sencillo.
Me la llevé directamente, pese a la cara de circunstancias de su padre y mi buen amigo, a mi habitación para encerrarla conmigo en ella antes de soltarla.
—¿Se puede saber qué estás haciendo? —gritó en cuanto se bajó enfurecida.
—Pregunta la mismísima furia irracional en persona. —ironicé. Eso me costó un puñetazo que, como me esperaba, capturé con la mano. —¿Qué te pasa? —interrogué suave. No contestó. —Lina…
—Déjame. —exigió forcejeando para intentar que la dejase salir de la habitación. —Liam, vamos. —murmuró ya bajando el tono.
Me costaba más no hacer caso a ese tipo de voz que despertaba mi ternura.
—No veo por qué te has abalanzado así. —dije lo más suave que pude.
—Ah, genial. Defiende a tu novia. —retó molesta.
—Que no es mi nada… De hecho hablábamos de eso, de que seremos amigos. —expliqué. Se encogió de hombros como si me diese opción a seguir hablando. —Lina, fuiste tú quien después de besarnos dijo que no quería verme más. —recordé.
—Porque no jugaré a que sigas haciendo lo mismo con las dos hasta que te decidas, a saber por qué motivos, por alguna. Además, no está claro qué pasará con la que no y su marca. —respondió más asustada de lo que pensaba reconocer, pero yo leía su mirada.
—Yo no he hecho lo mismo con las dos, y no nos besamos en ningún momento porque no sentí que lo necesitase. Sabía que eras tú de alguna forma, pero no quise ser injusto con la situación. —expliqué intentando que comprendiese lo que le estaba diciendo.
—¿Su marca desaparecerá? —interrogó acercándose un poco a mí.
—Debería, pero no cambiará nada si no lo hace, no para mí. —aseguré.
Sus labios se posaron rápidamente en los míos y yo tomé su boca con avidez para acercarla a mí. Dejé que se fuese relajando profiriéndole besos más profundos y pausados.
De repente, me separó.
—Pero no. No, no. Hazlo bien. —dijo y después se marchó sin que eso tuviese sentido alguno para mí, que me quedé parpadeando varias veces en mitad de mi habitación, seguro de que ese momento terminaba en mi cabeza, y en mi cuerpo, de otra forma.
¿Qué hiciera bien qué?
Me pasé una mano por el pelo preguntándome si siempre sería así, si siempre pondría en jaque mis acciones consiguiendo que mis sentimientos estuvieran a flor de piel en busca de una ilusión que hasta ese momento desconocía.
No sabía qué era lo que tenía que hacer bien, pero, por ella, lo descubriría y lo haría bien.