Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

LIAM

Estaba inquieto aquella mañana mientras desayunábamos en el comedor. Harold había querido acercarse a hablar conmigo pero como mi gesto debía ser de pocos amigos, Gulliver lo había evitado.

Odiaba el conflicto, y había querido evitar ese mes de ese año a toda costa, pero no era posible. ¿Pero no había aceptado que eso iba a ser así y punto? ¿Entonces qué me pasaba?

Lilith se acercó feliz tras su flequillo caoba con hojas en la mano y se sentó a mi izquierda para empezar a mostrarme todos los crímenes históricos que estaban sin resolver y cómo de algunos podían extraerse nueva información si íbamos a ver ciertos lugares repartidos por ahí.

Era un planazo y, yo, que era un aventurero nato, pensaba que estaría bien que algún día lo hiciéramos. ¿Pero qué no me encajaba?

Tras contestarle algunos libros que podía consultar, se fue tan contenta como había llegado, dejándome frente a mi plato de comida y mis ampollas escarlatas tan ofuscado sin motivo como había llegado.

—Hola. —Gulliver se sentó frente a mí visiblemente incómodo.

—Di lo que te haya dicho Harold y hayas evitado que venga para que no le parta los dientes. —dije entre cómico y serio.

No estaba de buen humor aunque solía ser negociador y pacífico. Había algo removiéndome el carácter.

—Que dice que si en algún momento ya lo tienes claro, no hace falta que lo alargues. Puedes simplemente decirlo y buscar el bebé con la que sea de ellas. —soltó como si no quisiera tener eso más tiempo dentro.

—Ya. —contesté escuetamente.

Me encontraba en una situación desbordante, que era totalmente contraria a lo que yo quería de ser libre y tener paz. Era negociador, aventurero, indeciso, y bueno.

Tenía pocas ganas de salir pero prefería ir a hacer algo de deporte que quedarme mirando cómo los demás me observaban esperando a que hiciese a saber qué. Tras pensarlo un poco, llamé a la puerta de Lilith para preguntarle si se quería venir.

Aceptó y me alegré de verla tan contenta. Bromeamos en las rocas cuando casi se cae un par de veces debido al nivel. Tras mucho ejercicio y poca charla, porque tampoco estaba yo muy receptivo y ella pareció notarlo, decidimos volver del regreso al cuartel.

—Liam. —De camino. Me paró. —Tengo un hambre que me muero, cojamos algo. —insistió sonriéndome.

Cogimos unos perritos calientes y usamos una ampolla escarlata casi como si fuera kétchup, eso nos produjo una risa explosiva. Pero cuando me reí de verdad, por mis propios pensamientos, fue cuando caí en la gran diferencia. Negué con la cabeza.

—Contigo es todo sumamente fácil. —solté casi como en un agradecimiento hacia Lilith.

Pareció no entender mis palabras por unos instantes pero luego me sonrió y se fue.

Era de noche cerrada pero deambulé por el cuartel un rato para comprobar quién sí y quién no estaba despierto.

Me crucé con un par de los otros doce quien me saludaban con gestos interrogativos.

Aquella situación parecía tener en tensión a todo el mundo.

Sin saber por qué había tardado tanto, acabé en mi habitación para darme una ducha y meterme en la cama solo con unos pantalones cortos de color negro.

Su fragancia era como una brisa de mar. Lo noté de una forma intensa sin necesidad de hacer esfuerzo alguno. Dudó lo justo y abrió sin llamar.

—Lina. —dije tanto a modo de saludo como de sorpresa. Se quedó mirándome y sentí un nervio desconocido.

—Que digo que podrías decirme qué vamos a hacer mañana, por si me interesa el plan o no. —soltó echándose con un movimiento digno de cabeza la melena negra hacia atrás.

—Pues… No lo he pensado. —admití más intrigado con la situación de lo que demostraba.

—Ya. —contestó con una mueca de visible desagrado. —Pues podrías porque nadie dijo que me vaya a apuntar a cualquier plan que hagas, para charlar, podemos hacerlo aquí perfectamente. —añadió.

—Supongo que sí. —respondí mientras me incorporaba para ir dando pasos lentos hacia ella. —¿Estás molesta por algo? —murmuré evitando sonreír.

—Por nada. —aseguró nerviosa. Notaba subir su azoramiento. —Solo estoy cansada de este mes. —añadió. —Me voy. Hasta mañana.

Se giró evitando por más tiempo el contacto visual.

—Lina. —La llamé consiguiendo que se girase un poco. —Haré un plan que te convenza.

Cerré la puerta sintiéndome estúpidamente más tranquilo sabiendo que iba a dormir aquella noche. Sonreí mientras me acostaba e incluso empecé a pensar en qué se podía hacer a la mañana siguiente.

Cuando estaba a punto de dormirme, alguna preguntas que se habían quedado en mi cabeza desde el principio, desde ver que había dos libras mellizas marcadas, volvieron con fuerza golpeando la realidad.

¿Qué pasaría en el siguiente ciclo?

La idea de poder hacer daño o ser injusto me removía por dentro. Nadie se lo merecía dentro de nuestro cuartel, pero no terminaba, como todos supuse, de entender los motivos de las estrellas para hacerlo de ese modo tan complejo.

Me planteé de nuevo dejar el año correr, como habían sugerido algunos, pero, en ese momento precisamente, lo veía mucho más imposible que nunca. El mes tenía que salir con un bebé estelar y yo tenía demasiado claro cuál era la que tenía que ser.

Por la mañana, me duché y me vestí para bajar al vestíbulo pero Lilith me interceptó.

—No te quito mucho tiempo que sé que has quedado con Lina.

—dijo apresurada. Me venía mal porque no quería llegar tarde pero sonreí a medias para darle paso.

—Que digo que me gustaría que me eligieses a mí.

—soltó dejando que medio mundo mío se desequilibrase.

—Lina es una romántica que busca otro tipo de cosas y yo creo que está pocha con este mes porque ve que es posible que tengáis algo por obligación estelar o algo así, para mí es distinto.

Solo quiero que sepas que a mí me gustaría.

Y con esa bomba, se largó.

Me quedé casi desestabilizado a media escalera y tardé, lo que me pareció una eternidad, en bajar.