Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 4
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CAPÍTULO 4

LILITH

Me desperté sorprendentemente tarde y eso solo podía significar que algo andaba mal.

No era que fuese pesimista pero mi madre no acostumbraba a dejarme tantas horas durmiendo, ni mi padre a saltarme el entrenamiento.

¿Y qué había de Harold y de su preocupación por los bebés estelares?

Con eso en la cabeza, me levanté rápido, me duché y bajé.

En efecto, había pequeños grupos cuchicheando allí y allá. Como no podía ser de otro modo, dado lo que se suponía que debíamos hacer en menos de treinta días, me acerqué a Liam como mejor opción para preguntarle qué ocurría.

—¿Y este parón? —interrogué.

—Ha habido unos asesinatos a humanos que no se han llegado a convertir. Renegados, pero se desconoce por o para qué. —respondió encogiéndose de hombros.

—Ah. ¿Puedo ir al lugar del crimen? —pregunté con una nueva intriga despertándose en mi estómago.

—Imagino que podemos ir. —contestó. —Pero no se lo digas a tus padres. —contestó riéndose un poco.

Avisó a Gulliver de que íbamos a salir y no se le puso ninguna pega. Claro que no. Me puse una chaqueta de cuero para protegerme del creciente frío y salimos. Iba algo emocionada. Me sentía ilusionada con la posibilidad de ver algo parecido a lo que leía en las novelas pero en la realidad.

Tras llegar a la escena, Liam fue benévolo y me dejó moverme casi con libertad aunque permanecía atento a todo lo que pudiera pasar. No debía ser un lugar seguro. Eso subía mi adrenalina de alguna forma.

—Nos tenemos que ir. —dijo tras un rato. —¿Lo has memorizado todo? —interrogó amigable.

—Por supuesto. —respondí.

Cuando llegamos al coche, tuvo la deferencia de darme papel y bolígrafo para que anotase todo lo que considerase relevante.

Pensaba ayudar a resolver aquella situación.

Me encontraba motivada y quería saber quién había sido, sí, dentro de los renegados, y sobre todo, si había un motivo.

Por ello mismo, escribí la palabra “motivo” en mayúscula y la rodeé.

—No tienen motivos, son renegados. —dijo demostrando que estaba mirando mis anotaciones.

—Eso sabemos que no es del todo cierto. —rebatí haciendo referencia precisamente a cómo algunos lo eran por estar perdidos.

—En caso de alguien que asesina así… No le atribuyo conciencia ni pensamiento. —comunicó.

Su debate me pareció interesante por lo que entré de lleno a dar las razones por las que yo pensaba que sí y él me contó historias de experiencias pasadas donde habían intervenido en operaciones con renegados.

—Lo he pasado muy bien. —acepté una vez que habíamos llegado a la casa. A lo tonto, se nos había hecho bastante tarde. —Podríamos haber comido. —solté dándome un golpe en la rente consiguiendo que los dos nos riéramos.

—La próxima, señora detective. Cuando sepa algo, te voy diciendo. —aseguró para después guiñarme un ojo.

Subí las escaleras contenta cruzándome por el camino a mi madre y la vi poner una mueca a la que no estaba acostumbrada. ¿Qué querría decir?

No le di más importancia de la que tenía por lo que me perdí en mis propias elucubraciones sobre el tema hasta la hora de cenar. Bajé con un papel sobre mi teoría final por lo que fui directa a sentarme al lado de Liam. No pareció ni sorprendido ni perturbado con mi presencia.

—¿Entonces? —preguntó enarcando una ceja como si en realidad me hubiera estado esperando. —Sí, tengo puestas esperanzas en tus capacidades de investigadora. —añadió.

Aquel comentario me hizo sonreír bastante antes de empezar a contarle mi suposición sobre que era un renegado reciente, con conciencia, que quería llamar la atención y no sabía cómo. Quizá ni siquiera los cuerpos eran suyos y esos sí permanecían a renegados sin remedio a los que les gustaba matar.

—¿Qué te parece? —cuestioné tras soltar mi retahíla.

Sabía, porque no era tonta, que muchos pares de ojos estaban puestos sobre nosotros.

Al fin y al cabo, que nos llevásemos bien era un plus para todos ya que daba a entender que era posible hacer eso que todos, quizá menos mis padres, querían.

Yo no estaba pensando en ello. De hecho, procuraba no hacerlo.

Me sentía a gusto, claro que sí, y si me daba la oportunidad de desarrollar mi intelecto y mi pasión sobre investigar, tenía que planteármelo.

—Es plausible supongo. —meditó en alto. —Me hace acordarme de épocas pasadas.

Deberíamos ir al pueblo de las mentiras en algún momento.

Allí ha habido grandes engaños y apropiaciones por intereses propios de actos que no habían hecho ellos ni de lejos.

Hay personas, humanos en su mayoría, que por sentirse inferiores se atribuyen méritos que no son suyos.

También está el tema de un templo que es una secta.

Sé que hay grupos que se dedican a desenmascarar a los dirigentes conforme estos van cambiando. —comentó.

La información que Liam me daba me motivaba a pensar que podía encontrar un motivo a todo ese encierro que llevaba en el cuartel.

Cuando terminase el mes, y reivindicase ser un poco más libre, podría ir a todos esos lugares, por lo menos a los que no hubiese ido con él, además de adherirme a grupos de investigación; quizá hacer labores policiales.

Vale, mi cabeza se estaba embalando en la emoción.

Paré. Miré a Liam intentando sentir algo más, pero solo me removía una curiosidad infinita y la esperanza de poder compartir, sí, con él y su experiencia, momentos de eso.

¿Era eso lo que debía o se esperaba que sintiese?

Nunca me lo había planteado, quizá era que yo, tan poco romántica, no estaba queriendo entender las señales del universo sobre lo mucho que nos parecíamos y cómo él podía complementar los medios para lo que a mí me gustaba hacer.

Me quedé pensativa por un rato.

—Deberíamos ir a todos esos lugares, sí. —contesté haciendo una mueca muy parecida a una sonrisa antes de obligarme a acercarme a él para abrazarlo.

Bueno… ¿Y entonces cuál era el siguiente paso?