CAPÍTULO 2
LILITH
Algo ocurría. Lo noté en cuanto me convocaron para que me uniera a una reunión en la sala zodiacal donde solo se trataban temas importantes.
Me molestó un poco dejar mi buen humor, que iba y venía en ocasiones demasiado rápido, en mi habitación. También tuvo que ver que dejase sin resolver el asesinato que estaba sucediéndose en el libro de misterio que estaba leyendo.
—Es una buena idea. —fue lo único que oí susurrar a mi padre justo cuando yo llegaba.
Veía un problemilla ahí: Todo lo que a mi padre le parecía una buena idea, a mí no tanto. Cosas naturales por lo visto.
—¿Qué es buena idea? —interrogué bastante intrigada de saber que “no buena idea” había tenido a bien señalar.
—Dejar pasar el ciclo, cariño. —contestó mamá con amabilidad hacia mí. —Tu hermana también ha considerado que es una alternativa razonable dado que no sabemos, ninguno, muy bien qué hacer. —explicó.
Me fijé en el panorama. Todo el mundo nos miraba por turnos a mi hermana, a Liam, y a mí.
No me gustaba la sensación de estar esperando a que alguien se matase.
Aunque la idea de resolver un crimen sí que llamaba potencialmente mi atención.
Descarté esa idea porque era bastante dispersa en mis pensamientos, tanto, que me percaté de que posiblemente alguien había dicho algo hacia mí y yo no me había enterado. Me encogí de hombros.
—No me parece bien. Quiero que sea lo que tenga que ser este año. —solté de golpe y porrazo consiguiendo que la tensión en la sala subiese a su máxima expresión.
No sé quién estuvo más sorprendido con mis palabras.
Puede que fueran mis padres, en especial mi padre que parecía querer matarme; A lo mejor fue Gulliver, quien había rogado encarecidamente en multitud de ocasiones que nadie hiciese nada que perjudicase el buen hacer del cuartel que tantos años le había costado mantener en el equilibrio que tenía; También me fijé en mi hermana, que me miraba intentando descifrar mis motivos.
El que se alegró, claro que sí, fue Harold, que ya veía a su bebé estelar por ahí correteando, o por lo menos así era como yo creía que hacía en su imaginación.
Pero Liam… Su mirada azul cristalina podría haber atravesado el ambiente como si de puñales se tratase.
Tenía el pelo rubio algo acenizado, seguramente producto de sus vacaciones, echado hacia delante pero escogió echarlo para atrás con una mano en ese momento.
No dijo nada, pero sentí que su silencio era una advertencia peligrosa.
—¿Motivos? —interrogó Taylor, tauro, bien dispuesto a clarificar las cosas.
—No me pienso tirar otro año sin saber si soy dueña o no de mi vida. —respondí tajante.
No lo había pensado así de claro en ningún momento, pero la idea debía de haberse forjado sola en mi cabeza saliendo cuando ya habían tomado una decisión.
—Es justo también si lo vemos así. —opinó Jana.
Todo lo que se decía o incluso cualquier gesto al respecto era analizado por todos los presentes.
—¿Lina? —cuestionó entonces Gulliver hacia mi hermana.
Mi hermana levantó su mirada, tan verde como un trébol en su mejor esplendor, y abrió para después cerrarla sin llegar a decir nada. Luego solo asintió un poco.
—¿Entonces cuál es el plan? Es que no sé qué pretendéis que hagan. —bufó mi padre.
—Yo diría que lo más sensato es que hable con las dos normal, vean si surge algo y…
—Gulliver se cayó ante la mirada de mi padre.
Y eso que se lo estaba tomando mejor que en su momento el padre de Rebeca.
—Se ve si ha surgido algo con alguna de ellas, o no.
Si se tiene el bebé o se deja pasar el ciclo. —sugirió.
Parecía sensato, o, de no serlo, marcaba una pausa en la vorágine que había creado yo al abrir la boca sin tener ni idea de por qué había decidido hacerlo así.
Durante el tiempo previo a cumplir dieciocho años, había habido un par de conversaciones al respecto, siempre de forma subliminal para no levantar ningún tipo de compromiso ni mal rollo.
Pero la realidad era que alguien tenía que tener ese bebé con Liam y que íbamos a ser una de nosotras dos, o eso parecían decir todas las pruebas de expedientes previos.
¿Quería yo algo así?
Probablemente solo tenía claro una cosa: Quería salir de aquella sensación de tener que estar preparada para hacer con mi vida algo que no sentía mío.
Miraba a Liam, claro que lo miraba. Era un vampiro guapísimo cuyo cuerpo e inteligencia podían dejar noqueada a cualquier mujer, pero no estaba segura de si los sentimientos que albergaba, que en su mayoría eran indebidos, estaban ahí porque se me había señalado durante mucho tiempo que eso era inevitablemente lo que iba a pasar.
Y luego además estaba Lina, tan buena e inocente, que no la veía compartiendo su vida con alguien tan aventurero e independiente.
Además, que creía potencialmente en el amor aunque no hablásemos mucho del tema, por lo que no la creía capaz de tener un bebé con alguien que no estuviese predestinado para ella.
De hecho, había asumido desde hacía mucho tiempo que iba a ser yo la que tuviese ese bebé por razones obvias. Lógicamente había habido un error al marcarnos a las dos así que, en cuanto una tuviese el bebé, a la otra le desaparecería la marca.
¿Y qué había de ser la compañera predestinada?
Bueno, yo no creía exactamente en esas cosas aunque lo viese.
—Hablemos. —dijo Liam de repente sorprendiéndome.
—Tú dirás. —respondí cruzándome de brazos.
—¿Lees sobre crímenes? —interrogó haciendo una mueca como si, en realidad, no supiera de qué hablar conmigo. —Debemos hablar de todo lo que podamos, por lo visto. —añadió como si eso explicase por qué.
—Sí. Imagino que, después de tantos años, tú habrás leído sobre el tema. —contesté sin tener mucho ánimo de entablar conversación.
¿Pero no había sido de alguna forma mi idea? Para terminar con aquello, fuese como fuese que saliese el resultado final, tocaba empezar.
—Y he visto muchas atrocidades. Tiene su parte buena: Sé cuáles están escritos por gente que ha visto cosas y cuáles no. —contestó.
—Es una pena que muchas cosas no nos estén permitidas. Estamos blindadas dentro de este cuartel. —murmuré más para mí que para él.
No contestó.
Bueno, quizá si podíamos hablar de vivencias y misterios… No estaba todo el tiempo perdido.