Los vampiros del zodiaco CAPÍTULO 1
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CAPÍTULO 1

LINA

Habíamos estado esperando de alguna forma ese día dieciocho años. Empezaba el ciclo de Libra, perteneciente a Liam como primario, y al que pertenecíamos tanto mi hermana melliza Lilith como yo.

Si nos teníamos que parecer en algo, no era en físico desde luego.

Aunque las dos contábamos con un rendimiento militar aceptable puesto que papá se empeñaba en enseñarnos que debíamos ser autosuficientes en nuestra defensa, aunque él siempre estaba encima, yo había salido a mi madre: Pelo negro, pero lo había dejado crecer hasta la cintura.

Y mi hermana a mi padre, con ese tono más caoba y la nariz un poco más griega.

Cada una tenía su encanto, o eso decía mamá todo el tiempo.

No habían sido capaces, por mucho que lo hubiesen intentado, de no transmitir sus miedos sobre lo que podía ocurrir cuando fuéramos mayores de edad: Si las dos estábamos marcadas para Liam, podía darse una decepción por la que finalmente no fuese elegida.

¿Qué habían planteado en alguna ocasión que tuviéramos bebés las dos? Sí, pero mi padre ni siquiera estaba convencido de dejar que eso ocurriese con una.

Por ahí andaba Rebeca, a la que no la habían dejado acercarse al que luego sería sí o sí su compañero, así que la estrategia, lejos de cambiar, había sido la misma pero decorada: Liam se había largado para volver en su mes pero no acercarse más que de vez en cuando de forma cordial como quien ve a unas vecinas.

Libra era un signo justo y conciliador, o eso nos repetían moldeando nuestra personalidad para que todos nos tomásemos ese pequeño, gigantesco, detalle de la mejor forma posible.

Paseé por la habitación permaneciendo atenta a la lectura que estaba llevando a cabo mientras que todo el mundo estaba tenso, claro que sí. Liam entró, lo noté, pero no levanté la mirada hacia él sino a mi hermana, Lilith, quien se acercó a saludar tan negociadora y normal.

—Me alegro de veros a todos, ha sido un año largo. —comentó Liam dejando su mochila viajera marrón en alguna parte de la sala.

Iba ataviado con un vaquero juvenil azul claro y una camiseta ancha verde militar que, sin embargo, llevaba un emoji amarillo en la esquina superior derecha.

—¿Se te ha hecho largo estar viajando a tus anchas por el mundo? Algunos ya no podemos. —dijo de broma Leo

Ellos se llevaban muy bien pero le costó a Leo un codazo de su mujer que recordaría y pagaría por la noche.

—Me gustó el viaje que hicimos el año pasado, pero no me puedo imaginar eso de estar a tus anchas. —bromeó Lilith.

—Ya lo harás. —respondió Liam sonriente.

—¿No vas a decir nada? —preguntó mi madre, Tris, colocándose a mi lado.

—Esto… Hola. —dije levantando la mirada del libro. —Espero que te haya sido ameno. —añadí para procurar ser más simpática.

—Sí, claro que sí. —contestó sin que eso tuviese mucho sentido.

Los vi salir y entrar buscando esa supuesta mujer marcada que nos libraría tanto a mi hermana como a mí de tener que engendrar un bebé estelar, pero pasó suficiente tiempo como para que todo el mundo afirmase que ya no iba a llegar.

Bueno… Vaya situación. Desde luego, era inconveniente.

—Creo que lo más sensato es que dejemos pasar una jornada de reflexión. —sugirió Gulliver desde alguna parte.

—No me parece muy conveniente dejar que pase el tiempo tontamente. —contestó Harold.

—Lo más sensato es que dejemos pasar no un tiempo, sino un ciclo. —bufó mi padre, al que mi madre le masajeaba el cuello de forma constante para que se calmase.

Desde mi humilde punto de vista, no funcionaba.

—Nada garantiza que eso haga que cambien las cosas. —respondió Gulliver.

Como no se podía hacer otra cosa, se aceptó lo de la jornada de reflexión. No era que estuviese nerviosa en sí pero me incomodaba un poco que tantos ojos estuviesen puestos en un conflicto que no pretendía que llegase.

Deambulé ávida de la segunda parte del libro que había conseguido terminarme pese a tener la cabeza en otra parte de forma parcial.

En la biblioteca, lo hallé en una esquina superior que me hizo quejarme un poco.

Siempre tenía que tocarme todo de una forma incómoda.

Me subí por las lejas hasta bajarlo y me senté en la alfombra con las piernas cruzadas dispuesta a disfrutar de eso.

—¿Qué lees? —interrogó Liam apareciendo en el marco de la puerta.

—Nada. —mentí.

Decirle que leía una novela adolescente madura quizá no era la mejor opción. Me hizo sentirme algo inmadura para la edad y los propósitos que se suponía que tenía que alcanzar.

—Ya veo. —murmuró escondiendo una sonrisa.

—Mi hermana, ella lee cosas de crímenes. —dije sin poder evitarlo.

—Es incómodo. —soltó consiguiendo que me carcajease.

Estábamos los dos riéndonos de lo absurdo cuando Lilith llegó. Al vernos, saludó de pasada y siguió.

¿Estaría molesta?

Las veces que habíamos visto o hablado con Liam siempre nos habíamos preguntado mutuamente si alguna sentía algo.

Pero la respuesta era siempre que no. Tenía un miedo terrible, como todos en realidad, a que aquel proyecto de las estrellas que no entendíamos, acabase con algo tan importante como nuestra familia.

—Creo que deberíamos dejar pasar el ciclo, como dijo papá. —solté de pronto. —Será lo mejor para todos. —añadí.

Me sentí mal al pronunciar esas palabras pero no sabía qué otra cosas se suponía que podíamos hacer.

—Quizá sí, mañana hablaremos por la mañana. —ratificó.

La noche se me hizo eterna, moviéndome de un lado a otro de la cama, sin encontrar motivos aparentes para mi inquietud. Lo cierto era que si era lo mejor para todos no existía nada que me mantuviese así.

¿Qué cojones me pasaba entonces?

Bueno, una vez él encontrase a su compañera, en otro ciclo, y no fuésemos ni mi hermana ni yo… Todo iría bien.