CAPÍTULO 1
VIC
Lo cierto era que Tris estaba siempre en la otra punta de la casa y que yo no contemplaba la idea de acercarme a ella de ningún modo.
No era la segunda opción de nadie. Por supuesto, y aunque era lo que más me reventaba del todo, con las preguntas inocentes de Jana se había levantado un huracán de preguntas sobre si a mí me gustaba o qué cojones pasaba.
Y resultaba que, después de todo, era Virgo.
Pues no. Ella había estado más que dispuesta a entregarse a Leo pese a que a mí me estaba retorciendo el estómago de una forma que nunca había previsto que sucediese.
No era mi alma gemela, o eso me repetía mientras que pegaba una y otra vez el saco de boxeo.
—Te veo visceral. —dijo Taylor agarrándome la otra parte del saco que ya estaba haciendo que bailase de más de forma que era posible que se quebrase el techo. —¿Cuál es el problema? —interrogó queriendo hablar del tema que yo estaba evitando a toda costa y me daba igual con quién.
—No quiero hablar del tema. Fin. —respondí tajante.
—¿Hablamos? —preguntó Jana con su mejor sonrisa echando a Taylor.
Era la única amiga mujer que había tenido por cientos de años y aunque Leo me seguía mirando de vez en cuando de forma territorial para advertirme que era capaz de arrancarme las pelotas, no había nada más lejos que esta intención.
Pero ser partícipes de la situación de sufrimiento juntos nos había unido bastante.
—No voy a estar con alguien que estaba dispuesto a tener un bebé con otro. No creo que sea tan complicado de entender. —bufé de vuelta mientras ya me secaba el sudor. —Voy a salir por ahí por si veo algo que llame mi atención.
—Creo que se ha demostrado de sobra, y más con esta… Confusión sobre el signo, que quien tiene que ser para ti, lo es a cualquier precio. A lo mejor, contando con eso, tendríais que hacer un esfuerzo por acercaros. —dijo intentando ser conciliadora de alguna forma.
—¿Tendríais? —pregunté con cierta risa irónica asomando en mis labios.
—No veo a Tris por aquí intentando hablar de ello conmigo.
A lo mejor ni siquiera está interesada ya en ser madre, ni ilusión ni nada.
Es lo que tengo: Soy reflexivo y apagado, nada que ver con esa fogosidad Leo que tan bien parecía casar con parecerle guapo y buen tío hasta para no ser nada pero tener un hijo suyo.
—añadí en una retahíla de desahogo que no esperaba.
A lo mejor parte de lo que me ocurría era que, tras decir en alto que yo no sería la segunda opción de nadie, Tris no había tenido ni un mínimo de interés en dialogar sobre lo que había pasado o cómo pensábamos afrontar el supuesto bebé que teníamos que formar juntos.
—Ella es muy tranquila. No le gusta el conflicto. Y tu contestación al respecto fue bastante fea y tajante. —matizó.
—Perdona por no estar de acuerdo en ser ese con el que se queda porque no tiene más remedio. Habría tenido ese bebé Jana, y eso para mí es suficiente para saber que no soy eso para ella. —respondí con dolor pasando por mi garganta.
—Sabes que te presionarán con lo del bebé. —dijo torciendo el morro.
Me quedé ahí plantado, mirando a Jana tan feliz de tener a Leo y al bebé de ambos en su vida.
Había sido complicado y aún así, parecían estar plenos.
¿Por qué no habían podido encontrarse el uno al otro sin meter a Tris de por medio?
¿Por qué el universo la había marcado en un mes que no le correspondía si era para mí?
Lo había sentido al instante de verla. Su pelo negro liso y brillante enmarcaban sus facciones bonitas y su esbelto cuerpo llamaba la atención del mío de una forma inexplicable.
Olía a flores y a canela, o eso me parecía a mí.
Notaba su expresión de felicidad a kilómetros porque a ella todo le parecía bien.
Hablaba con todo el mundo y no ponía problema por nada.
¿Por qué entonces desde que había llegado nosotros no habíamos cruzado prácticamente palabra?
Porque de todos, el único que parecía caerle mal, era yo. Genial. El universo me tenía preparado un mes complicado en el que posiblemente marcaría la desgracia de mi futura vida. Maravilloso.
Como si no tuviesen intención alguna de darme una tregua, entró Gulliver. Entendía que era como mi padre, solo que en aquel tema, era ese sargento que tenía que recordarnos lo que teníamos que hacer más allá de mis sentimientos.
—Sube a la biblioteca Vic, tenemos que hablar.
—aseguró con el rostro tenso. Lo hice encontrando allí a Canek, que no era precisamente el más paciente de nosotros y a Shaun, que era un caso aparte.
Harold entró entonces con Tris. —Verás, el mes se está acabando y vosotros no habéis hecho ni un amago de acercaros.
—explicó como si no quisiera tener esa conversación.
—Yo he estado disponible en este cuartel todo el tiempo. —soltó Tris corta ni perezosa.
Se me podría haber caído la mandíbula de la impresión.
—¿Disponible? —pregunté tras una carcajada sonora. —¿Huyendo? ¿Escondiéndote de mí cambiando de estancia si entraba o salía? —interrogué sabiendo que no íbamos a tener esa conversación solos.
—No es que tú hayas pronunciado mi nombre en alto en ningún momento.
—respondió bien a la defensiva. —Pero vamos, que todos somos mayorcitos.
Mi postura sigue siendo la misma que cuando llegué.
Entiendo lo importante que es esto para nuestra raza y estoy dispuesta a que lo hagamos de la forma que sea. —añadió cruzándose de brazos.
—Bueno, esa es una gran actitud, no cabe duda. —afirmó Gulliver conciliador pero sin bajar la tensión.
Estábamos en tiempo de descuento. Solo quedaba una semana para el cambio de mes, para dar paso a Liam, con su sentido del equilibrio y la justicia representado a Libra.
—Los bebés estelares son fundamentales. —intervino Harold bien preocupado. —Sospecho que es una solución enviada por las estrellas para evitar que se rompa el círculo si llega a pasarle a algo a alguno de los doce. —continuó.
—¿Nuestros hijos son sucesores del signo como representantes? —preguntó Lena.
Enseguida se vio que todas las compañeras estaban ahí agazapadas escuchando.
—Pero yo soy hija y compañera al mismo tiempo. —soltó Rebeca con preocupación.
Su madre parecía también preocupada con el tema.
—Chicas, si nos disculpáis, es una conversación privada. —dijo Harold sabiendo que a las compañeras había que tratarlas de forma impecable si no quería que alguien le arrancase la cabeza.
El respeto estaba muy bien pero el instinto que te llevaba a proteger a tu compañera era algo superior a la lógica e incluso del deber.
—Nosotras sabemos lo que es pasar por eso. A lo mejor dejar pasar un ciclo a ver qué pasa si no lo tenéis claro. La marca podría volver a aparecer, o no. —sugirió Lena.
Absolutamente maravilloso. Todo el mundo parecía tener voz en esa disputa.
—Vic. —Mi nombre en sus labios sonaba a melodía embaucadora. Mi cuerpo respondía sin pretenderlo como si quisiera ir hacia ella de cualquier forma y manera. —Vamos. —dijo saliendo la primera de la sala.
Sabía que mi orgullo, del que solía tener para dar de comer a parte, no debería estar permitiéndome hacer eso. Seguirla. Pero lo hice. Llegamos a su habitación y me detuve en el marco de la puerta detenido por algo muy parecido al miedo.
—¿Qué quieres, Tris? —pregunté tragando saliva.
No había podido prever que se quitase la ropa delante de mí sin ningún tipo de pudor. Mi erección fue inmediata.
—¿Tanto quieres ese bebé? —pregunté con una contención casi imposible.
—Quiero que dejen de mirarme esperando que haga lo que tengo que hacer. ¿Prefieres hacerlo en un tubo y que salga mal solo porque no hemos sido capaz de hablar antes de hoy? —interrogó molesta.
—¿De eso tengo la culpa yo exactamente por qué?
Creo que soy la última persona de este maldito cuartel con el que habrías querido tener que hacer ese bebé.
Porque sí, llámame perceptivo, pero he notado que, desde el primer día, me has evitado a mí más que a ningún otro.
Siento no ser Leo, siento que no estés tan contenta y dispuesta como aquel día que llegaste aquí.
—solté mordiéndome más cosas porque notaba como subía la temperatura de la habitación.
—Tú. —murmuró acercándose. Sus manos rodearon mi cuello colocándose de puntillas. Sus pechos rozaron mis pectorales y tuve que contener esa especie de respiración. —No entiendes nada. —afirmó jadeando al acercarse a mi sexo.
Y joder. Era ella.
¿Qué podía hacer si no tomarla entre mis brazos y poseerla hasta dejar todo mi rastro en ella para que cualquier otro macho supiese que le iba a arrancar la cabeza?
Con bebé o sin él, si yo olía a otro macho simplemente intentando acercarse… Lo iba a matar.