CAPÍTULO 5
JANA
El bebé crecía sorprendentemente rápido. Leo decía que era normal porque el resto de bebés también había sido así pero desde mi perspectiva, de vampira temprana, bien podrían haber tardado nueve meses en gestarse como todos para que me diera tiempo a medio entender mi situación.
La gente se quedó boquiabierta y si bien oí en la distancia que Leo no era capaz de hacer nada sin provocar un fuego, no dije nada esperando a que alguien se dirigiese a la situación.
—¿Dos bebés para Leo entonces? —preguntó Harold al borde de un ataque de nervios.
—Es que tiene fuego para todas. —dije siseando sin poder evitarlo.
Leo puso cara de susto y tuve la tentación de reírme pero eso relajaría algo que de verdad me preocupaba.
Yo, al entender cómo funcionaba el emparejamiento de los vampiros, pues escuchaba a todo el que quisiera contarme algo al respecto, me había quedado enamorada del sistema. Sí, podía tardar miles de años en encontrar a mi compañero, pero sería para siempre.
Y cuando sentía eso… Las estrellas habían marcado a otra mujer también. Tris me caía bien pero… ¿Por qué no era para Vic que sentía eso por ella?
No quería la sensación de que él podía elegir porque eso destrozaba lo que me había prendado de esa forma de amar.
Y todo porque las estrellas no podían mandar bebés originales sin que algunos renegados actuasen.
Y eso que eran menos ya que después de Abigail se había instaurado un sistema para ayudar a los nuevos convertidos forzosos…
—¿En qué momento…? —Gulliver incluso tartamudeó cuando nadie lo había visto hacer eso antes. —Mira, da igual. Que salga sano y punto. —dijo quitándome cierta presión.
Aunque notaba las miradas…
Todo fue bien y rápido dando a luz a una fuerte bebé a la que llamamos Sena. Me centré en acunarla mientras que Leo iba y venía de la sala junto a otros muchos.
—¿Preocupada? —preguntó Tris acercándose a mí.
—Yo… No es por ti, es… —respondí poniéndome roja.
—No tengo ningún interés. —aclaró de nuevo mientras me cogía la mano.
—Lo sé. Pero que existas… —dije riéndome de pronto porque había sonado mal.
—Morirme no puedo. —replicó riéndose también.
—Hay algo mal en todo esto. —reflexioné mientras estudiaba una vez más la mirada que Leo me echaba al entrar y salir de la estancia. —Harold. —llamé al experto.
No me hubiera hecho ningún caso de normal pero al parecer, tener uno de los bebés originales en brazos, te daba cierto poder. Se acercó rápido para comprobar que no había salido nada mal.
—¿Es posible que Tris sea virgo? —pregunté de pronto.
Pensaba que estaba siendo sigilosa pero todo el mundo pareció congelarse de pronto escuchando lo que yo tenía que decir. Tris se puso roja como un tomate y a Vic se le cayó un vaso con hielo.
—No tenemos constancia de que la marca dure más de un signo si es a lo que te refieres. —respondió confuso.
—¿Y si hay algún error y ella no es de signo leo? De todas formas, a mí no me lo parece. —expliqué intentando aclarar las ideas que se habían formado en mi cabeza.
Vic estaba tenso, lo notaba. Y no le faltaba cierta razón al mirarme mal porque de alguna forma lo estaba dejando en evidencia. A él y a su situación complicada sentimental, pero alguien tenía que dar esa posibilidad.
¿Y si ellos probaban a tener un bebé?
—Tengo que retirarme. —soltó Tris tras volverme a felicitar por el bebé.
Leo volvió y besó mis labios con ternura empezando nuestro nuevo ciclo de padres con amor.
Sabía que iba a intentar emparejarse conmigo, pero no iba a pasar hasta que yo estuviese segura de que no iba a haber más bebés con otras; ni volvería a ser ese depredador de pasión.
Su boca caía en mí constantemente y en cuanto se durmió el bebé quiso reafirmar el placer que era capaz de darme.
—¿No te cansas? —pregunté.
—Claro que no. —respondió tocando todo mi ser. —Estaremos así toda la eternidad Jana. —murmuró mordiendo el lóbulo de mi oreja.
—Solos tú y yo. —prometió mientras sus incisivos salían un poco de él.
Mi cuerpo pedía que le dejase marcarme sin medida, pero mi corazón, aunque fuese uno sin latido humano, tenía miedo así que me replegué.
Él se introdujo aún más fiero dentro de mí mientras me besaba, la mía, y sus manos recorrían mis piernas.
—Pasará… —anunció queriendo que expusiese mi cuello para él.
—En algún momento. —respondí mordiendo su labio.
—Lo bueno de ser inmortales es que tengo toda la eternidad para que entiendas algo evidente… Eres mi fuego. —susurró abrazándome mientras yo temblaba bajo él.
Sena lloró en la alta cuna consiguiendo que tuviese que levantarme con la camiseta del leo tapando hasta mis rodillas para cogerla.
No había nada que me hiciese más feliz que estar los tres, así que…
Solo tenía que esperar esa eternidad de la que hablaba para entender por qué sí lo éramos todo…
Tuve una certeza entonces que no había sido capaz de aceptar: Mataría a toda hembra que quisiera acercarse a mi fuego.
Alguien tocó con grandes golpes la puerta de nuestra habitación cuando estábamos plácidamente dormidos. Leo se levantó interponiéndose de inmediato entre cualquier amenaza que pudiera cruzar esa puerta y la cuna donde yo ya estaba cogiendo a Sena.
Nadie podía entrar a la fortaleza de los doce, o casi siempre era así, pero un bebé estelar por lo visto era algo que no se sabía en sí pero de saberse sería buscado.
Harold llegaba con un montón de papeles en la mano y aspavientos para que saliésemos. En fin, no era la amenaza que esperaba al oír el aporreo, pero visto así medio dormida, parecía un loco.
Me alivió algo saber que no éramos los únicos a los que había sacado de la cama al ver que estaban otros ahí. Solo Vic y Tris en realidad, junto a lo que faltaba del trío calavera.
—Resulta que Jana tenía razón, o eso creo. Lo podremos comprobar en el cambio de luna pero tiene todo el sentido del mundo. —empezó a divagar Harold de un lado para otro.
Yo solo le miraba con los ojos muy abiertos pese a las ganas de descansar mientras me movía lenta detrás de mi macho.
—Suelo tenerla, pero sé más concreto. —solicité.
—Tenías razón cuando decías que algo no cuadraba…
Tris es del último día de Leo, debe estar mal datada su hora de nacimiento.
Pasado el día, pasado el signo. Es virgo.
—contestó tan rápido que sentí vértigo. —Lo que no puedo saber es por qué la luna decidió marcarla en ese mes. Quizá fue para salvarla. —añadió.
—No seré la segunda opción de nadie. —dijo Vic antes de largarse.
Miré a Leo y, aun sabiendo que se abría un escenario complicado en el cuartel y para Vic, que era mi amigo en particular, sonreí. Él era mío, siempre lo había sido.
—Ese momento ha llegado. —murmuré en su oído.
Él sabía exactamente a qué me refería así que dejó a los que quedaban allí directo para meternos en nuestra habitación, dejar a Sena en su cuna, y darme un pasional beso de fuego como inicio a nuestro emparejamiento.
Quizá, después de cinco signos emparejados y con sus bebés estelares en perfectas condiciones, no deberíamos seguir siendo tan reacios a creer que la luna sabía exactamente lo que hacía.
El fuego dentro de mí alcanzó su máxima expresión. Siempre habíamos sido, incluso antes de existir. Y siempre lo seríamos.